“descubierta” en barcelona una de las dos grandes colonias de golondrinas
(clica sobre la foto para verla en su página original, (c) Ferran Pestaña)
el periódico de catalunya, 24 de mayo de 2008
ANTONIO MADRIDEJOS, BARCELONA
Protegidos del sol gracias al alero de un tejado y con vistas a la Ronda de Dalt, nada menos que 38 nidos de avión común –la golondrina de pecho totalmente blanco–, decoran anónimamente una de las fachadas del colegio Sant Joan Bosco de Horta. Basta con visitar la escuela, un edificio de grandes dimensiones, para entender lo de anónimamente: “Nadie se había parado nunca a contarlas porque pasan inadvertidas y no ocasionan molestias”, resume Ramón Vera, responsable del centro salesiano. Son, en definitiva, unas grandes desconocidas para la mayoría de los alumnos y del personal del colegio. Sin embargo, un recuento efectuado por agentes forestales de la Generalitat y luego por este diario llegó a la conclusión de que la escuela, en competencia con el cuartel del Bruc (Pedralbes), tiene la mayor colonia de toda Barcelona.
Son exactamente 38 nidos apelotonados en la fachada del patio principal –aunque al menos dos de los nidos están rotos y otros dos los ocupan gorriones, como muy bien indicó Sergi Gutiérrez, un despierto alumno de sexto– y una docena más repartidos por otras paredes del centro. En total, medio centenar. El primer censo efectuado tres años atrás por el naturalista Sergi García, por encargo del ayuntamiento, concluyó que en Barcelona vivían 200 parejas, por lo que la catalogación de la nueva colonia aumenta los efectivos de la ciudad en al menos un 25%.
El ayuntamiento puso en marcha el Proyecto Golondrina para censar la especie y ayudar a su conservación. “Así podemos ayudar a los vecinos que tienen nidos en sus edificios y estimularlos para que los conserven –resume la concejala Imma Mayol, responsable municipal de Medio Ambiente– En el momento en que se hacen rehabilitaciones, a menudo son destrozados, y desde el ayuntamiento ayudamos técnicamente a que esto no suceda”.
HERENCIA RURAL
Las golondrinas, muy frecuentes en localidades de pequeño tamaño, son en Barcelona la herencia de un pasado rural prácticamente extinto. La escasez de insectos y de barro para construir los nidos, las superficies poco apetecibles de los edificios modernos –sin lugares apropiados para instalar un hogar–, la contaminación y otros factores típicamente urbanos las han arrinconado en los barrios más cercanos a terreno forestal. Uno de los ejemplos es Horta, donde están documentados al menos seis edificios con nidos, y un caso muy particular es el colegio Sant Joan Bosco.
“Como está al lado de Collserola –explica Sergi García–, lo tienen fácil para encontrar alimento. Y luego, además, el edificio es suficientemente elevado como para que los nidos están protegidos del ruido”. Dentro de la familia de las golondrinas, los aviones comunes son especialmente gregarios, es decir, tienden a crear sus nidos muy juntos. El pasado martes, cuando este diario intentó acercarse a ellos para fotografiarlos, unos 50 ejemplares al unísono emprendieron el vuelo. “No sabemos desde cuándo están aquí –concluye Vera–, pero posiblemente llegaron poco tiempo después de construirse el colegio”.
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