Reservoir Dogs

16 Febrero, 2007

Lila

Archivado en: Amores perros, las criaturas de la Aurora — mad @ 12:02 am

Lila

Has tingut una bona vida, una vida feliç sempre al costat de qui més estimaves, de qui més t’ha estimat. No vaig arribar a conèixer-te, em va mancar l’oportunitat. Però sabia de tu, sempre en parlàvem, com no fer-ho, Lila? I l’última vegada, estaves bé… Ara també n’has d’estar, ben segur, petitona bonica…
Només et demano dues coses: que li facis una llepada ben llarga al Drac i que li trobis les millors musaranyes al nostre Errant favorit…
Adéu, fins sempre!

Has tenido una buena vida, una vida feliz siempre junto a quien más querías, junto a quien más te ha querido. No llegué a conocerte, me faltó la oportunidad. Pero sabía de ti, siempre hablábamos de ti, ¿cómo no hacerlo, Lila? Y la última vez estabas bien… Ahora también lo estarás, seguro, pequeña bonita…
Sólo te pido dos cosas: que le des un largo lametón a mi Drac y que le encuentres las mejores musarañas a nuestro Errante favorito…

¡Adiós, hasta siempre!

10 Enero, 2007

Carlos

Archivado en: Amores perros, las criaturas de la Aurora — mad @ 10:48 pm

Ahí están, por orden de aparición: Drac, Luna, Marmota y Napoleón. Todas y cada una de esas cuatro criaturas son parte esencial de mi vida. Y lo son gracias a Carlos, nuestro veterinario, el suyo y el mío. Dos estaban desahuciados cuando los vió por primera vez, una era un cachorro malsano con varios virus de difícil curación y el otro un vejete abandonado y artrítico. Y a los cuatro, a cada uno de ellos, Carlos les cambió la vida. Y a mí y a los míos, que nos permitió poder seguir disfrutando de esos peludos deliciosos…

Carlos tuvo un infarto el sábado pasado. Sigue hospitalizado, le siguen haciendo pruebas. Es joven, es listo, es sabio. Sólo espero que él tenga la misma suerte que nosotros y dé con alguien que sepa, que quiera, que pueda cambiarle la vida. Que la suya vale mucho…

Collons, Carlos, posa’t bé!

31 Diciembre, 2006

2007

Archivado en: las criaturas de la Aurora — mad @ 11:28 am

marmota y napoleón

Con nuestros mejores deseos para tod@s,

Las Criaturas de la Sociedad Pajaril La Aurora

28 Mayo, 2006

Mi querido Napoleón

Archivado en: las criaturas de la Aurora — mad @ 12:06 pm

Napoleón

Mi querido Napoleón,

Dos años ya. Cómo pasa el tiempo, gordo. ¿Recuerdas el día que nos conocimos? Nunca olvidaré tu cara en aquella jaula. Llevabas allí metido casi veinticuatro horas. Habías salido de Segovia hacia Madrid por la tarde y no llegaste a Barcelona hasta la mañana siguiente. ¿Qué debiste pensar en todo ese tiempo? ¿qué debiste sentir? Tenía que compensarte por todos los años perdidos, por todos los abandonos, por toda la soledad, la tristeza y el miedo. Tenía que estar a la altura.
Metimos la jaula en el portal y seguías quieto, al fondo, hecho una bola de incomprensión. En tus ojos sólo había cansancio, un cansancio antiguo. Los bípedos no habíamos dulcificado demasiado tu existencia y en aquel portal desconocido yo pronunciaba tu nombre como una letanía. Saliste de la jaula sin convencimiento ninguno, pero no dejabas de mirarme. Me escrutabas con tu trufa reseca, que ni fuerzas te quedaban para resistirte. Tu cola rota estaba más triste que tú y tus patas delanteras acusaban el encierro dándote el paso más desgarbado del mundo.
Con toda la ternura de que era capaz pese a mis temblores, te puse la cadena. Firmé el recibo al transportista y le rogué que se fuera. Nos quedamos así unos pocos minutos, solos, quietos, sin saber. Abrí la puerta y salimos a mi Barcelona.
A tus nueve años, por primera vez, ibas atado. Tus pasos por el duro cemento erraban de izquierda a derecha. Todo lo olías y nada parecías conocer. En el callejón, esperamos, había que presentarte a Marmota y a tu otro amo (Amo, que palabra tan violada con vosotros). La negra, nuestra negra querida y dulce no entendía qué hacía yo contigo y aún no sospechaba que se avecinaba su destronamiento. Y luego subimos a casa, y localizaste las camas y el sofá. Conociste a los emplumados del zoo y te asomaste al vértigo de los balcones. Y le ofreciste la pata a mi padre y un largo suspiro a mi madre. Y se te presentó a los vecinos y a los amigos. Y poco a poco, tu pelo, tu precioso pelo, perdió sus nudos y tu sonrisa brilló, tus ojos dejaron de llorar y tu cola empezó a señalar el cielo.
Sí, Napoleón, así fueron las cosas aquel día hace dos años. Nunca te he mentido, ¿por qué pareces no creerme hoy?
Ya sé, ya sé. Queda todo tan lejano cuando te sientes el rey, para qué vamos a engañarnos si te lo has ganado cada día, cada mañana, cada despertar. Lecciones que hemos aprendido sin darnos apenas cuenta al verte agradecer cada aurora. Has santificado cada día como merece, agradeciendo al divino cada caricia, cada paseo, cada baño, cada siesta, cada desayuno y cada cena, cada juego, cada te quiero susurrado al oído.
Y ahora vamos a celebrarlo, que Barcelona está preciosa en primavera.
Pero antes, espera Napoleón, acércate. Más, acércate más que quiero darte un mordisco.
Gracias, cosa dulce, me gusta que tú también me digas que me quieres.

25 Febrero, 2006

El escondite

Archivado en: las criaturas de la Aurora — mad @ 8:50 pm

No te veo, no me ves,  (c) Max Billder

Llevo toda la semana oyéndolos, de nuevo. Los busco en las antenas y no los veo, pero están porque los oigo. Juegan al escondite conmigo…
La mirla ha vuelto, claro. Hace tres días que lo sé.

*

Fotografía de Max Billder

Siguiente página »