Pingüinos

He descubierto la noticia en Sin Brújula, el blog de Patus. Apenas he encontrado más información. Esta reseña en Inforegión:
Unos 50 pingüinos recuperados volvieron al mar
Luego de un arduo trabajo de especialistas y colaboradores un grupo de aves fueron devueltas a su hábitat natural. Los animales habían aparecido empetrolados en la Reserva de Cabo Vírgenes el pasado 2 de mayo. Falta liberar a 174, que todavía no están en condiciones de sobrevivir de manera autónoma.
Las 224 aves afectadas por el combustible fueron trasladadas por un avión Hércules de la Fuerza Aérea con destino a Mar del Plata. Y de allí arribaron por vía terrestre al centro de rehabilitación de Mundo Marino, en la ciudad de San Clemente del Tuyú, adonde completaron el proceso de rehabilitación hasta su reciente liberación en la costa bonaerense.
En tanto, falta liberar a 174, que todavía no están en condiciones de sobrevivir de manera autónoma. Una vez que completen la rehabilitación y se alimenten por sí mismos, también serán liberados.
En la ciudad de San Clemente del Tuyú las aves concluyeron la última etapa de rehabilitación, que consiste en la ejercitación e impermeabilidad, decisiva para que regresen a su hábitat.
Cabe destacar que en su gran mayoría, las personas que trabajaron en la recuperación de los pingüinos realizaron un curso de capacitación hace más de un año, dictado por la Fundación Patagonia Natural en la Prefectura, propiciado por el área Ambiental del Municipio.
Y ésta por el Nuevo Herald de Miami.
Además, en estos días sigue La noticia de los pingüinos varados en Río de Janeiro, hoy en El País:
Debilitados, con hipotermia y encima, fuente de polémica. Los más de cien de pingüinos que están llegando desde junio a las playas de Río de Janeiro han desatado la polémica en la ciudad brasileña. ¿Rescatarlos o dejarlos a su suerte? Y, si se opta por el rescate, ¿compensan tantos esfuerzos y costes el salvarlos y llevarlos en avión hasta la Patagonia, su lugar de origen?
En el invierno de Río, todos los años solía llegar hasta sus famosas playas de Copacabana, Ipanema o Leblón algún pingüino despistado desde el Estrecho de Magallanes. Eran pocos y constituían un acontecimiento. Los cariocas bautizaban a cada uno con nombres de famosos y algunos se los llevaban a casa. Pero este año, desde junio han llegado 129, decenas más de lo habitual, y 70 han muerto ya.
Ante la avalancha de pingüinos, a los que recogen los bomberos para trasladarlos al zoológico de Niteroi, las autoridades polemizan sobre si el cuerpo de bomberos debe rescatarlos o abandonarlos a su suerte. La mayoría de las autoridades del Estado de Río optó por el rescate. Y los pingüinos están siendo tratados como reyes por especialistas, que los colocan junto a estufas para calentarlos, y no en hielo como hace la gente que se los lleva a sus casas. Los cuidan y medican veterinarios especializados. El 20% del presupuesto del zoo de Niteroi está destinado a salvarlos.
Los expertos no se ponen de acuerdo acerca de los motivos que impulsan a estos pingüinos, generalmente jóvenes -de un año de edad- hasta las costas de Brasil. Según la zoóloga Dee Boersma, catedrática de la Universidad de Washington, la causa es el calentamiento global del planeta. “Los pingüinos nos están mandando una señal de que el clima de la tierra está cambiado”, ha afirmado Boersma después de destacar que las aguas del mar de Río se han enfriado un grado en 30 años. Para el biólogo Sandro Araujo, la causa es la pesca sin control que les deja sin alimento y les obliga a buscarlo en la costa, como hacen tiburones o ballenas.
Estos pingüinos irán primero al Centro de Rehabilitación de Animales Marinos en Río Grande do Sur y de allí serán trasladados, dentro de un mes, en avión hasta la Patagonia. El biólogo Marcelo Azipilman se ha preguntado, levantando una polémica en un país con tanta hambre como Brasil, si es justo gastar tanto para cuidar y llevar en avión hasta la Patagonia a un puñado de pingüinos. La gente de la calle, con fuerte sentido ecológico, los defiende: son muy fofos (tiernos) y tienen derecho a vivir.
