Reservoir Dogs

31 Julio, 2006

Más especies en peligro

Archivado en: Hiriendo (in)sensibilidades, especies protegidas — mad @ 8:27 pm

Los anfibios entran en barrena: Un hongo tal vez salido de un laboratorio hace 70 años lleva al borde de la desaparición a un tercio de los batracios

Por RAFAEL MÉNDEZ, para El País

Los anfibios se mueren. Ranas, sapos y salamandras de todo el planeta viven desde hace 20 años una extinción masiva sin precedentes. Desde Panamá hasta Peñalara, desde Suráfrica hasta el Reino Unido, un hongo ha diezmado en 20 años todas las familias de anfibios. Sólo algunas zonas de Asia parecen librarse de la plaga. ¿Qué diablos está pasando?
Ante nuestros ojos está ocurriendo un fenómeno sin precedentes, algo único y terrible”, explica Ignacio de la Riva, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza revelan un panorama asombroso. Un tercio (el 32%) de las 5.743 especies conocidas de anfibios están amenazadas. Para hacerse una idea, sólo (no es poco) el 12% de las aves y el 23% de los mamíferos están amenazados. Un total de 165 especies de anfibios se han extinguido desde 1980 o al menos no ha habido rastro de ellas. El 43% de las especies están perdiendo ejemplares. Un holocausto anfibio. En 10 años, el número de especies en peligro se ha multiplicado por 10.

Desde que a mediados de los noventa los científicos notaron un ligero descenso de las poblaciones hasta ahora, los expertos no dejan de sorprenderse. Primero tardaron en notar la decadencia. Después pensaron que podía ser el cambio climático; en 1993 descubrieron un grupo de ranas muertas de forma extraña, y sólo en 1998 atribuyeron la causa de la extinción al hongo. “El Batrachochytrium dendrobatidis es la causa de la extinción. El hongo ataca la piel de los anfibios, se la agujerea y muy pocas especies sobreviven. Vive en el agua dulce”, explica por teléfono Simon N. Stuart, responsable de la organización conservacionista Conservation International. “Pero aparte del hongo sabemos poco”, añade. Stuart coordinó en 2004 la primera estimación mundial sobre las poblaciones de anfibios en la prestigiosa revista Science.

Todavía es un misterio de dónde salió el hongo. Todavía es un misterio cómo se propaga. Pero las teorías son tan sugerentes que merecen ser ciertas. “Un estudio de 2004 atribuyó la expansión del hongo a la rana Xenopus laevis”, explica De la Riva, que ha organizado expediciones a Suramérica para estudiar el fenómeno. El nombre de Xenopus laevis no dice nada. El nombre de la rana de uñas o rana africana, tampoco. Y sin embargo es muy famosa: durante décadas se utilizó con dudosa fiabilidad para predecir si la mujer estaba embarazada. La prueba consistía en inyectar una muestra de orina de mujer bajo la piel de una rana. Si la mujer estaba embarazada, las hormonas de su orina harían desovar a la rana en pocas horas.

La técnica, desarrollada en Suráfrica en los años treinta, tuvo gran éxito en todo el mundo. Ejemplares de esta rana comenzaron a viajar por laboratorios del mundo entero y los científicos empezaron a utilizarla para todo tipo de pruebas.

De la Riva explica que hay motivos para sospechar de la rana y de la prueba del embarazo. En primer lugar, que la rana sobrevive al hongo. Después, los científicos buscaron en colecciones antiguas por todos los museos para ver cuánto tiempo llevaba circulando el hongo. Y los primeros ejemplares infectados han aparecido en colecciones de Suráfrica de los años treinta, en la época y la zona en que surgió la prueba de la rana.

Tenemos la pistola humeante y una rana con un móvil. Y sin embargo faltan pruebas para condenarla y preguntas sin respuesta.

¿Por qué, si el hongo se extendió en los años treinta, no se ha visto la extinción hasta ahora?

“Ése es el problema”, replica Stuart. “No sabemos bien por qué, aunque hay que matizar. Ahora estamos viendo un declive que comenzó hace más de 20 años. No sabemos cómo se ha extendido tanto”.

Lo cierto es que el hongo vive en el agua dulce y hay múltiples teorías sobre si lo transmiten las personas o los animales en sus viajes o algunos ejemplares de anfibios sanos. Sea como sea, el hongo pasó de África a Norteamérica y de allí a Suramérica. En 1997 aparecieron centenares de ejemplares de sapo partero muertos en Peñalara (Madrid). En 1999 se vio que la causa era el hongo y que éste es el primer punto de entrada en Europa.

¿Y por qué no antes? “Porque puede que el cambio climático haga más vulnerables a estas especies y más letal al hongo, y por eso ahora se han disparado las extinciones”, añade Stuart. Hasta hace poco, este tipo de hongos, llamados quítridos, sólo se conocían como parásitos de plantas, algas e invertebrados. Los científicos no descartan que el hongo siempre haya estado en contacto con los anfibios y que, sólo recientemente, las poblaciones se encuentren inmunodeprimidas y, por tanto, sean más sensibles al patógeno.

Puede que la desaparición de las ranas parezca un asunto menor. Mucha gente lleva sin ver ranas bastantes años y no le afecta. Aparentemente. Como resume Stuart, “la desaparición de los anfibios muestra la enfermedad del ecosistema y su fragilidad”. Además, el declive masivo de los anfibios puede tener muchas otras implicaciones. Los insectos pueden verse favorecidos o el hueco de las ranas lo pueden ocupar otros grupos.

Los científicos andan preocupados. Unos 50 expertos han pedido en Science que se cree un fondo de 400 millones de dólares para paliar la pérdida de biodiversidad. “No sabemos si estamos a tiempo, pero sabemos que si no hacemos nada, es probable que perdamos centenares de especies. Y luego vendrán otras”, señala Stuart.

El actual ritmo de pérdida de especies en el planeta sólo es comparable al de la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Los anfibios van por delante. Pero no son los únicos. El resto estamos a la cola.

EL SAPO PARTERO (Alytes obstetricans) no canta en Peñalara. La laguna de la sierra de Madrid, que hasta hace 10 años estaba llena de estos sapos, se encuentra hoy casi vacía, explica Jaime Bosch, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC. Bosch explica que ahora sólo quedan en cuatro sitios y que se reproducen de forma residual. “El patrón se repite en todo el mundo. Quedan los más resistentes”. Lo mismo ocurre en otras lagunas de la sierra del Guadarrama, del Pirineo y Asturias, todas zonas altas de montaña.

Peñalara fue el primer caso conocido en Europa en el que entró. “En 1997 comenzaron a morirse, pero hasta 1999 no sabíamos qué era”. “Se puede hacer muy poco. Se les puede tratar en cautividad. El problema es que no hay nada que hacer. En Peñalara trabajamos desde entonces para favorecer la reproducción con medios artificiales”, añade Bosch. Los científicos van a abrir un centro de cría en cautividad de las especies en peligro. Para que no calle Peñalara.

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Más de 180 especies vegetales exóticas amenazan los espacios naturales de Andalucía

Las especies invasoras se han convertido en elementos capaces de causar graves perjuicios ambientales y económicos, por lo que la atención a este fenómeno no ha dejado de crecer en los últimos años. En Andalucía, la presencia de animales o vegetales exóticos, procedentes de ecosistemas ajenos al territorio regional, ha obligado al establecimiento de diferentes estrategias de lucha que permitan reducir el impacto de esta invasión, acotar su extensión y prevenir futuras introducciones. En este empeño participan la Consejería de Medio Ambiente, universidades y centros de investigación, así como diferentes organizaciones no gubernamentales.
Por lo que se refiere al capítulo botánico, los muestreos realizados por los especialistas de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (RENPA) cifran en más de 180 las especies vegetales invasoras localizadas en territorios particularmente sensibles. Allí pueden alterar la composición de la flora autóctona, o bien causar evidentes alteraciones de tipo económico (afectando, como malas hierbas, a ciertos cultivos) o social (modificando, por ejemplo, la percepción de ciertos paisajes).

En una región tan humanizada como Andalucía, señalan los expertos, este tipo de colonización suele concentrarse en áreas muy humanizadas y también en las seminaturales, convirtiéndose en un problema añadido al de la degradación del territorio, la pérdida de hábitats y la desaparición de la cobertura vegetal silvestre.

En algunas zonas andaluzas ya degradadas, precisa un reciente informe de la RENPA, “se ha constatado que de cada 100 especies vegetales registradas 12 no corresponden al territorio, y en ciertas épocas del año estas especies exóticas pueden registrar valores de cobertura cercanos al 100%”. Es decir, en momentos de máximo desarrollo las invasoras pueden desplazar, casi por completo, a las nativas.

La distribución espacial de este problema muestra una clara concentración en las áreas litorales, ya que Málaga, Almería y Granada concentran un buen número de vegetales exóticos. En este caso, estiman los botánicos, el clima actúa como una limitante menos severa para el asentamiento de organismos foráneos, lo que indica, al mismo tiempo, que estos territorios, costeros y cálidos, están más expuestos a futuras invasiones.

Desde el punto de vista ambiental, las especies invasoras que más preocupan son aquellas capaces de inhibir el crecimiento de las nativas en su entorno, al modificar el hábitat o dificultar la regeneración espontánea de la vegetación autóctona. A este grupo pertenecen la mimosa, el ailanto, el diente de león o el eucalipto rojo.

Con respecto al impacto económico, las especies exóticas más peligrosas son aquellas que, consideradas como malas hierbas, merman la rentabilidad de los cultivos. Algunas de las más comunes son el bledo, la vinagrera, el matacavero o la soja americana.

Las vías por las que estos vegetales han podido llegar a Andalucía desde ecosistemas remotos son muy variadas y, en algunos casos, operan desde hace siglos. Los jardines botánicos, sobre todo a partir del siglo XVIII, constituyeron una puerta de entrada, al igual que las semillas usadas para la producción de forraje o la cubierta de taludes e, incluso, las malas hierbas llegadas con ciertos cultivos.

Jardines originales

Las zonas ajardinadas, ya sean públicas o privadas, están experimentado un crecimiento vertiginoso en toda la región, asociadas a la expansión urbanística en zonas residenciales y de recreo, y al incremento de viviendas unifamiliares que suelen disponer de algún terreno libre.

Estas zonas verdes constituyen un perfecto caldo de cultivo para un buen número de especies exóticas que se ofertan, sin control alguno, en viveros comerciales. En definitiva, lo que pretenden muchos ciudadanos es lograr la máxima originalidad en sus jardines, sin saber las consecuencias que esto acarrea cuando se recurre a vegetales foráneos.

Los especialistas aseguran que la importancia de esta vía de introducción será cada vez mayor y que, incluso, puede originar situaciones delicadas si se recurre a especies que puedan adaptarse fácilmente a las condiciones ambientales que reinan en el sur de España. El auge de la xerojardinería, en la que priman aquellas variedades que requieren poca agua y un bajo mantenimiento, trae consigo el uso de especies exóticas capaces de sobrevivir a la acusada sequía estival en mejores condiciones que las especies nativas. Así ocurre, por ejemplo, con algunas acacias foráneas, como la de hoja azul, o con las pitas y chumberas de origen americano.

Al margen de diseñar campañas informativas en las que se desaconseje el uso ornamental de especies invasoras, la Consejería de Medio Ambiente estudia la posibilidad de prohibir este tipo de plantaciones en enclaves frágiles y en los espacios naturales protegidos.

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Lista de las especies vegetales exóticas invosoras, por el Ministerio de Ciencia y Tecnología aquí

Imagen obtenida aquí