
Todavía nuestros sentidos no olvidaron el efecto del fuego en esta querida Galicia.
Si es cierto que los sonidos nunca mueren, ya para siempre viven en las ondas los sordos lamentos de millones de árboles y los despavaridos quejidos de miles de animales huyendo del fuego o pereciendo en él.
Fueron días tristes para todo aquel que cumple ese mandamiento que, según Galeano, se le olvidó a Dios en su Decálogo: “Amarás a la Naturaleza de la que formas parte.”
Procuro dejar atrás el sentimiento de repulsa hacia los desequilibrados que, por el motivo que sea, pusieron fuego intencionado a tanto monte y provocaron tanta muerte, y a todo ese grupo de politícos que aprovecharon “el evento” para mostrar una vez más sus miserias.
Quiero volver a mirar esta tierra y recordar siempre las palabras de Pablo R. Oitabén, “O monte non é unha Barbie, é unha muller galega, é forte e sairá adiante.”
Según leo en La Voz de Galicia, Pablo sabe perfectamente de lo que habla, ya que él es el promotor de Ridimoas, una asociación cultural y ecologista que posee 300 hectáreas de arboleda autóctona situada en pleno corazón de O Ribeiro.
En 1976 el fuego arrasó esa zona, pero Pablo decidió ponerse manos a la obra y repobló con pinos un monte de su padre, arrastrando con él a algunos vecinos.
Diez años después esos pinos murieron por una plaga, pero el bosque de Ridimoas sobrevivió, porque durante ese decenio las especies autóctonas, como robles y castaños, nacieron espontáneamente.
Con el tiempo y el dinero de un premio, Pablo R. Oitabén, constituyó una asociación que hoy es la propietaria del bosque.
Pero no se limitó a eso, sino que adquirió un grupo de escuálidos y maltratados caballos, y los llevó a su bosque, donde hoy viven. Duermen en un cercado por la noche y por el día, tras ser adiestrados por Oitabén, se dedican a limpiar los montes, devorando la maleza cuando aún es tierna y verde, cuando no puede arder.
Sí, el monte gallego es como sus mujeres, fuerte, pero no inmortal…
Pero pienso en Lola, la mujer fuerte de O Ézaro, en su vitalidad y valentía, en su sonrisa serena y brava, en su monte, en su mar y entiendo que los dos se puedan comparar…
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