Leyendo la noticia de la presentación del libro: “Díez-Alegría, un jesuita sin papeles” aparecida en El País de hoy, me llama la atención, una anécdota que destacó el presentador y que aparece en el libro.
Creo que encierra todo un mundo de sabiduría que sólo es fácil encontrar entre los “desheredados” de la Tierra.
“Una catequista de mujeres adultas en Andalucía se topó con una joven muy pobre, casada y con hijos, que se había ido a vivir con un viejo.
-Mujer, tienes que volver, no puedes seguir con el viejo.
-Pues claro que sí, señorita.Pero es que el viejo se va a morir en seguida, y me voy a quedar con una casica muy apañada, me traigo a mi marido y a mis hijos, y problema resuelto.
-Pero, mujer, es que eso es contra la ley de Dios.
La mujercita, con convicción:
-No, señorita, si yo con el Señor no tengo dificultad. Yo le digo al Señor: Señor, tú me perdonas a mí y yo te perdono a tí, por tenerme tan pobre, y estamos en paz”
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Libros – Díez-Alegría. Un Jesuita sin papeles
Autor: Pedro Miguel Lamet
Colección: Biografias y memorias
Páginas: 300
Formato: 155 x 235
Sinopsis:
Díez-Alegría narra la fascinante vida del jesuita que fue expulsado de su orden por pensar diferente, por criticar algunos de los dogmas eclesiásticos y por ir contra los sectores más conservadores de la Iglesia.
Teólogo y escritor, hace treinta años abandonó ”a la fuerza” la Compañía de Jesús y se trasladó a una chabola en un barrio marginal de Madrid donde empezó su lucha a favor de los más necesitados.
Pedro Miguel Lamet nos descubre a este religioso combativo y sin pelos en la lengua que nunca traicionó sus principios.
“Lleno de vitalidad a sus 94 años de edad, el teólogo José María Díez-Alegría sigue siendo un auténtico revolucionario de la palabra y el pensamiento. Uno de esos personajes que van por delante de su tiempo, un católico reformista, amigo de lo políticamente incorrecto, que en otra época probablemente hubiera sido quemado por hereje.
Sus opiniones críticas sobre algunos de los grandes tabúes de la Iglesia —los temas candentes de la moral sexual, la propiedad privada, la infalibilidad, el marxismo, la Teología de la Liberación, entre otros—, manifestadas con candorosa sencillez, han levantado ampollas.
Todo ello, muy a su pesar, ha hecho de él un fustigador del catolicismo oficialista y uno de los artífices más valientes de la renovación que promulgó el Concilio Vaticano II.
El relato de su peripecia humana —llena de conflictos— es un acicate de libertad y optimismo”.