Esencias de mujer que…
Había recorrido tantos y tantos caminos, atravesado tantos bosques y cruzado tantas montañas, que notaba como en sus huesos empezaban ya a germinar robles y castaños, zarzas y helechos, hortensias y rododendros, tomillo y romero. ..
Sentía que en su vientre crecían decenas de variadas hierbas el poder de las cuales solamente conocía la abuela.
Bueno, la abuela y ella, porque desde muy chiquita fueron, inseparablemente, alumna y maestra.
La abuela, una maestra cariñosa y pertinaz que tenía prisa en que ella aprendiera, la nieta, una alumna juguetona y distraída porque ni conocía ni medía el valor del tiempo. Aún así, a sus quince años, era ya la heredera de un reino de bondad y sabiduría del que la abuela era soberana: la Gran Meiga.
Como en las viejas tribus, todo era trasmitido de boca a boca, de corazón a corazón.
Todo estaba escrito en los genes y se recibía al nacer, como una bendición.
Se llamaba Eva, porque la abuela lo había querido así, porque decía que ella sería como la mujer nueva que alumbraría un mundo mejor.
Pero una noche de luna llena un hermoso rayo de luz penetró en el bosque y buscó a la abuela.
Ella estaba preparada: su cabello gris trenzado, su pañuelo anudado y su mejor toquilla cubriéndole los hombros.
Antes que el rayo la tocase, agarró fuertemente la mano de Eva y en un susurro hecho beso le musitó: Cumple tu cometido y cuídate de tu sombra.
Después de aquello no pudo hacer más que enterrarla bajo el viejo castaño al que, al nacer ella, ya la abuela había regalado el precioso y querido cuerpo de su madre.
Sus más sabias, más tiernas y más misteriosas conversaciones, habían tenido lugar bajo la sombra de aquel árbol milenario…
Sonrío con nostalgia al recordar que algunas veces, la Meiga, se volvía hacia el árbol y le interrogaba: ¿Verdad que estás de acuerdo con lo que enseño a la niña, Uxía?
Uxía… fue el nombre de su madre y el que a ella le habría gustado llevar, no el de Eva, el de la mujer a la que el mundo achacaba todos los males…
Pero como Eva, allí estaba, al pie de aquel mar que tanto amaba, con todos los años del mundo sobre sus hombros, con aquella caja de castaño en sus manos y notando que aquel rayo que se llevó a la abuela no tardaría en llegar…
Había cumplido su cometido y había cuidado de su sombra.
Primero, esperó algún tiempo, a que madre y abuela, fundidas en la sabia del castaño, subieran por él hasta la rama más alta.
A que floreciera y brotaran las primeras castañas.
A saborearlas notando que al comerlas llevaba en su sangre y para siempre, un pedacito de ambas.
Pero no hizo sólo eso… cortó una rama de aquel hermano árbol y construyó su caja, aquella en la que tendría que ir guardando a lo largo de su vida todas las esencias de mujer que fuera encontrando….
Y buscó en los libros el poder de su sombra y la manera de cuidarla.
Y descubrió muchas cosas que la advirtieron, pero no la asustaron…
Descubrió “que cada cultura y cada época le han atribuido un simbolismo específico, hasta acabar por ser el símbolo mismo de la fantasía”
“ Que algunas veces la sombra, desligada del cuerpo, sobrevive a la muerte del individuo”
“ Que otras desaparece temporal o definitivamente aún en vida de su dueño”
“ Que algunas veces son independientes los comportamientos de sombra y dueño”
Y todavía recordaba aquel encuentro con Cunqueiro, en la vieja taberna de Santiago, en el que, entre cientos de historias y recuerdos de su ilimitada fantasía, le contó lo siguiente:
“Si se retenía la sombra de una persona enferma, como la sombra tiene la misma enfermedad y en la misma parte, curando la sombra, en la que se operaba con mayor libertad, se cosía, se limpiaba, incluso con esmeril y jabón de palosanto, quedaba curado el cuerpo”
Cuidó pues de su sombra con esmero y la protegió con toda la magia heredada de la abuela.
No se acercó a ningún estanque a la hora en que el sol la proyectase sobre el agua, ni se acercó a ningún féretro a la hora de cerrarlo, para evitar así que la sombra pudiera quedar atrapada.
La ató fuerte a su cuerpo cuando bordeó precipicios, para asegurarse de no perderla…
Y allí estaba, con ella, en el Fin de la Tierra, para, a la hora del ocaso. cumplir el ritual: abrir la caja y arrojar al mar “aquellas esencias de mujer” recogidas en su errante travesía. Esencias diferentes en cada cultura. Esencias que en ocasiones convierten en tirana a la mujer, y otras en esclava., pero que en ningún caso ayudan a que el mundo sea mejor ni más igualitario…
A partir de ahora, sonrió, se borraría para siempre la diferencia entre hombre y mujer y una sola clase de ser humano poblaría la Tierra.
Vio venir del océano aquel rayo verde, el que muy pocos tienen ocasión de contemplar, y supo que venía a por ella, y que Eva, caja y sombra, reposarían para siempre en el fondo del mar y no bajo el castaño de la abuela..
Abrió la caja, tomó impulso para levantarse y, en medio de su debilidad, notó que algo fuerte la empujaba al tiempo que arrancaba de sus manos el tesoro de su caja.
Mientras caía, aún pudo vislumbrar a su sombra , sobrevolando O Pindo, el Olimpo celta, y escuchar su voz que gritaba: NO PUEDO RENUNCIAR A LA MATERNIDAD !!!!!!!!!!!!!
Tenía razón la abuela, nunca debió fiarse de su sombra…porque…recordó:
” En la sombra de un hombre que camina hay más enigmas que en todas las religiones del mundo“( Vita Sackville-West)
Este reto partió de Master Dustwalker, que se lo hizo a Fenrirel, de Fenrirel pasó a Raistlin, de Raistlin a Fairywindy, de Fairywindy a Jibril, de Jibril a Xana, de Xana a bruja de Abril, de bruja de Abril a Hormigo, de Hormigo a Juan, de Juan, a Inma, de Inma a Dolo, de Dolo a Manios, de Manios a Milva, de Milva a Chocoadicta, de Chocoadicta a Desparafusado , de Desparafusado a El niño , de El niño a MaM-oNa, de MaM-oNa a Rosi , de Rosi a Marc , de Marc a Marta, de Marta a Dugongo , de Dugongo a Mirada y ella me pasó el reto a mí. Es muy entretenida esta iniciativa y espero que nuestra queridísima Mad se anime a recoger el testigo, y podría comenzar con la frase “Aún noto la caricia de tus manos” ¿Os parece?
Todos los textos están siendo recogidos por Fairywindy en su blog CUENTOS QUE CUENTAN.

