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La Muralla

17 Diciembre 2005

Préstamo

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos, Haikus.

HAIKUS

dame cobijo
con toda la ternura
que te he prestado

Mario Benedetti

Guayasamín

No te olvides de mí, no me abandones, no llenes tu corazón de piedras que tapen tus retinas y oscurezcan mis noches.

Busca en tu memoria el eco de aquellas sonrisas que te di, el punto de apoyo de mi hombro, que aún conserva tus lágrimas, y notarás el calor de mis sábanas, las que te cubrieron en tus noches de amor.

Deja fluir la fuente de tus sentimientos y no te conviertas en roca dura y estéril.

Araña tu vieja tierra mojada y lábrala dulcemente para que vuelvan a brotar esas raices que duermen olvidadas en la profunda cueva de la comprensión y el perdón.

A fin de cuentas, sólo te pido un poco de todo lo que te he prestado…

23 Octubre 2005

La culpa

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

vento mareiro- Castelao
“Desde todos los puntos cardinales
llega la culpa como un aleluya”

Desde el norte de la infancia, cuando los sueños aún adormecidos empiezan a florecer y a pedir espacios de jardines verdes, húmedos, sin límites ni cielos.

Desde el sur de la adolescencia, cuando abruman las quimeras y se apoderan del alma sin reservas.
Cuando sentimos que podemos cambiar el universo con sólo desearlo, casi sin quererlo.

Desde el este de la madurez, cuando las lágrimas han marchitado ya algún recodo del camino y la realidad ha sembrado de huesos los recuerdos.

Desde el oeste de la vejez, cuando el sol se ocultó y la penumbra ilumina una vida sin vuelta atrás y sin retorno. Cuando caen las sombras sobre los sueños ya sin comienzo y sin final.

“Se nos cuelga del alma y la aceptamos
como un interrogante de la noche”

¿Se nos cuelga del alma y la aceptamos o nos la clavaron a sangre y fuego sin que podamos devolverla?

Nos la fueron incrustando con palabras que cierran el alma en una cueva. Nos fueron lacerando poco a poco hasta que la culpa fue su carcelera, y hasta tal punto fue cerrando puertas y ventanas que ni la misma muerte nos libra de esa pena.

” y ella se queda pálida, extenuada
la compañera culpa sin raíces”

Nos abraza en su última agonía. Quiere asfixiarnos y llevarnos con ella, arrastrarnos a ese mar que puebla y que domina. Se nutre de nosotros y en nosotros se enreda. Somos la rueda de molino en la que echa anclas y se asienta.
Somos el árbol por el que sube extenuada a contemplar un cielo que le permita sentirse viva y requerida.

” ansiosa de que al fin la consolemos
y compartamos su última vergüenza”

Y al final nos pide caridad, lástima, consuelo.
Al final nos invade, nos marchita.
Cual anaconda pretende estrangularnos para que no odiemos su maldad y su miseria…

Desvaríos al poema La culpa, de M. Benedetti

9 Junio 2005

Vivir

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

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“La alquimia de la felicidad depende de la justa mezcla de olvidos”
(Luís Sepúlveda)

Olvidar, recordar.
Sembrar horas dulces,
en tierras amargas…
Barreras de flores
en vientos sin calma.
Preciosas sonrisas
en campos de lágrimas.
Recuerdos y olvidos…
dulces de la infancia.
Mocedad perdida,
dicha recobrada.
Madurez en sombra,
vejez soterrada.
Labrar manantiales
en desiertas almas.
Borrar de la noche
inquietos fantasmas.
Llenar con estrellas
las oscuras albas.
Enterrar los muertos,
ver volar las águilas,
derrotar al miedo
cortando sus alas.
Coser corazones
con hilos de magia.
Amar soledades,
bordar sinsabores.
Cerrar los recuerdos,
abrir los olvidos
y plantar un árbol
al pie de un camino
en el que florezcan
recuerdos y olvidos

Carmiña

31 Marzo 2005

Obsesión

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

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Tenía una pequeña mancha en la frente. No recordaba desde cuando ni cómo había aparecido. La descubrió una mañana al contemplarse en el espejo. Era una pequeña mancha marrón en forma de estrella.
La tenía intrigada. No sabría decir si con el paso de los días se había hecho más grande o más pequeña, pero sí sabía que su forma había cambiado. Al principio tenía cinco puntas y ahora ya eran siete.
Notaba que, inconscientemente, su mano se levantaba a tocarla, a acariciarla, a seguir su dibujo con la yema de sus dedos. Era como si un destino desconocido le impeliese a cuidar de ella, a no ignorarla durante mucho tiempo.
Las primeras semanas fueron tranquilas, apacibles, transcurrieron en absoluta y total normalidad, pero al cabo de unos días este hecho empezó a interferir en su vida y la obligó a abandonar el trabajo y a los suyos. Empezó a vagabundear.
Recorría las calles con la mirada perdida, la mano en su estrella y la mente divagando al azar.
Ya no llamaban su atención las nubes, los vientos, las lluvias ni los amaneceres. Ya sólo esperaba el ocaso, la noche, el silencio total.
Era entonces cuando sentía más fuertemente su influjo, cuando al acariciarla, notaba lejanos rumores que la obligaban a cerrar los ojos, a concentrarse y escuchar.
Sólo oía, de procedencia lejana, un silbido del viento del norte rebotando en el mar, y las palabras perdían su aliento entre graznidos de cuervos y olas al chocar.
De fondo, oscuridad total.
Día a día se acercaba más a aquel lugar. Allí se quedaba y allí permanecía, hasta que la noche la envolvía como en una eternidad. Entonces, palpaba su mancha, abría sus ojos, y mirando al cielo quería adivinar el pasado, el presente, el futuro, todo el devenir de aquella vida que la tenía encerrada del principio al final.
Una noche, escudriñando el cielo, la sintió escapar de su frente y la vio recorrer luminosa el firmamento hasta hundirse en el mar.
Un desgarrador grito escapó de su boca, mientras sus brazos rodeaban el vacío intentando no dejarla escapar.
Notó el contacto del agua al mismo tiempo que el fuego del astro al golpearle la frente en el fondo del mar.
Y supo, entonces supo, del por qué de su estrella, del por qué de su vida y comprendió, para siempre, sólo entonces, cual era su destino final.

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