Olfato de madre. Capítulo XX

Capítulo XIX en Mad
Capítulos XVIII y XVII en O Capitán
“Los lagartos de la añoranza, los más veloces y esquivos de todos los sentimientos, se le colaban ya por los miles de huecos del cuerpo”.
Estrella los sentía rondándole el corazón y, lo que era mucho peor, los notaba aposentados en su mente que sentía llena de olas, sirenas, caracolas y mar.
Siempre se preguntaba cómo era posible que alguien nacido tierra adentro pudiera sentir tanta añoranza del mar. Un mar que durante muchos años sólo disfrutaba durante unos pocos días de septiembre, y al que el resto del año tenía que suplir con el Padre Miño, con sus puentes y riberas.
-En qué pensas, Estrelliña?- graznó cariñosamente Maruxo.
-No mar.
-Bah… “El mar toca la playa cuando el mundo está inmóvil
la busca desde lejos/ por fin la encuentra a solas
la invade grano a grano y en su ritmo discreto
la riega despacito/ la abraza con sus olas.”
-Te gusta Benedetti. Eh, Maruxo.
-Suele gustarme lo que tú lees. Además Benedetti también le gustaba o Capitán- y había como un deje nostálgico en su graznido
-También echo de menos a Casilda y sus bichos.
-Casilda está bien acompañada y ni se acuerda de ti.
-Eso quiere decir que hay un hombre acompañándola y que tú sabes mucho más de lo que dices…
Maruxo se hizo el sordo y huyó por la ventana rumbo al viejo castaño.
Estrella se quedó pensando en su hija, y en quién podría ser el hombre que en tan poco tiempo podía robarle el corazón. Pero recordó que…
“…Para trabar amistades no hacen falta grandes cosas, lo mismo que para odiar; basta con unas razones muy pequeñas, lo mismo que para amar…”
Un estremecimiento la recorrió.
Siempre le pasaba cuando un hombre nuevo se acercaba a su hija.
Su alma de madre solía tener un sexto sentido para detectar cuando Casilda estaba a punto de equivocarse, y últimamente había tenido unos sueños extraños y esos sueños llenaban su cabeza de pensamientos turbadores e inquietantes, y ya se sabe…
“… contra los pensamientos no se puede hacer nada. Eso incluso el rey más cruel lo sabe. El pensamiento se encuentra dentro de la jaula de la cabeza y, aunque no salga de ahí, en el interior de su jaula es el pájaro más libre que existe, y ahí canta lo que quiere y cuando quiere…”
Por todo ello, en ese mismo instante, decidió que adelantaría sus vacaciones navideñas y bajaría al mar.
-Maruxiño, ¿Tienes idea de qué hora es?
-Si llevaras reloj, como hace todo el mundo, lo sabrías- respondió medio enfadado el cuervo, emprendiendo ya el camino de la torre de la iglesia para poder responderle.
Ja,ja,ja- rio alegremente Estrella- Eso me trae a la mente lo que le contesta la madre de Zeide, el protagonista de la preciosa novela que estoy leyendo, cuando él, de niño, le pide un reloj.
“No te hace falta ningún reloj, Zeide. Mira la cantidad de relojes que hay en el mundo.
Me mostró la sombra del eucalipto, que por medio de su gran tamaño, su orientación y su frescor marcaba las nueve de la mañana; los pétalos rojos del granado, que decían que estábamos a mediados de marzo; el diente que se me columpiaba en la boca indicaba mis seis años, y las pequeñas arrugas que bailoteaban alrededor de sus ojos, marcaban cuarenta.
¿Ves Zeide? Así estás dentro del tiempo. Si te compran un reloj sólo estarás a su lado.”
Estrella no esperó a Maruxo y comenzó a hacer la maleta…
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Capítulo XXI en Mad
Este capítulo está dedicado a Sole, gracias a la cual descubrí el hermoso libro, “Por amor a Judit” de Meir Shalev, y del que están extraídas las citas entrecomilladas, excepto naturalmente los versos sobre el mar, que son de Benedetti.



