La Muralla » Casilda y Estrella

La Muralla

21 Noviembre 2005

Olfato de madre. Capítulo XX

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

Capítulo XIX en Mad
Capítulos XVIII y XVII en O Capitán

“Los lagartos de la añoranza, los más veloces y esquivos de todos los sentimientos, se le colaban ya por los miles de huecos del cuerpo”.

Estrella los sentía rondándole el corazón y, lo que era mucho peor, los notaba aposentados en su mente que sentía llena de olas, sirenas, caracolas y mar.
Siempre se preguntaba cómo era posible que alguien nacido tierra adentro pudiera sentir tanta añoranza del mar. Un mar que durante muchos años sólo disfrutaba durante unos pocos días de septiembre, y al que el resto del año tenía que suplir con el Padre Miño, con sus puentes y riberas.

-En qué pensas, Estrelliña?- graznó cariñosamente Maruxo.

-No mar.

-Bah… “El mar toca la playa cuando el mundo está inmóvil
la busca desde lejos/ por fin la encuentra a solas
la invade grano a grano y en su ritmo discreto
la riega despacito/ la abraza con sus olas.”

-Te gusta Benedetti. Eh, Maruxo.

-Suele gustarme lo que tú lees. Además Benedetti también le gustaba o Capitán- y había como un deje nostálgico en su graznido

-También echo de menos a Casilda y sus bichos.

-Casilda está bien acompañada y ni se acuerda de ti.

-Eso quiere decir que hay un hombre acompañándola y que tú sabes mucho más de lo que dices…

Maruxo se hizo el sordo y huyó por la ventana rumbo al viejo castaño.

Estrella se quedó pensando en su hija, y en quién podría ser el hombre que en tan poco tiempo podía robarle el corazón. Pero recordó que…

“…Para trabar amistades no hacen falta grandes cosas, lo mismo que para odiar; basta con unas razones muy pequeñas, lo mismo que para amar…”

Un estremecimiento la recorrió.

Siempre le pasaba cuando un hombre nuevo se acercaba a su hija.

Su alma de madre solía tener un sexto sentido para detectar cuando Casilda estaba a punto de equivocarse, y últimamente había tenido unos sueños extraños y esos sueños llenaban su cabeza de pensamientos turbadores e inquietantes, y ya se sabe…

“… contra los pensamientos no se puede hacer nada. Eso incluso el rey más cruel lo sabe. El pensamiento se encuentra dentro de la jaula de la cabeza y, aunque no salga de ahí, en el interior de su jaula es el pájaro más libre que existe, y ahí canta lo que quiere y cuando quiere…”

Por todo ello, en ese mismo instante, decidió que adelantaría sus vacaciones navideñas y bajaría al mar.

-Maruxiño, ¿Tienes idea de qué hora es?

-Si llevaras reloj, como hace todo el mundo, lo sabrías- respondió medio enfadado el cuervo, emprendiendo ya el camino de la torre de la iglesia para poder responderle.

Ja,ja,ja- rio alegremente Estrella- Eso me trae a la mente lo que le contesta la madre de Zeide, el protagonista de la preciosa novela que estoy leyendo, cuando él, de niño, le pide un reloj.

“No te hace falta ningún reloj, Zeide. Mira la cantidad de relojes que hay en el mundo.
Me mostró la sombra del eucalipto, que por medio de su gran tamaño, su orientación y su frescor marcaba las nueve de la mañana; los pétalos rojos del granado, que decían que estábamos a mediados de marzo; el diente que se me columpiaba en la boca indicaba mis seis años, y las pequeñas arrugas que bailoteaban alrededor de sus ojos, marcaban cuarenta.
¿Ves Zeide? Así estás dentro del tiempo. Si te compran un reloj sólo estarás a su lado.”

Estrella no esperó a Maruxo y comenzó a hacer la maleta…

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Capítulo XXI en Mad

Este capítulo está dedicado a Sole, gracias a la cual descubrí el hermoso libro, “Por amor a Judit” de Meir Shalev, y del que están extraídas las citas entrecomilladas, excepto naturalmente los versos sobre el mar, que son de Benedetti.

29 Octubre 2005

Tiempo de castañas. Cap. XV

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

Castaños en Ferrol

Maruxo dormitaba dejándose mecer por el rumor del río que se adivinaba cada vez más fuerte y caudaloso.
Llevaba unos días tranquilo y relajado dedicándose única y exclusivamente a la lectura y los castaños.
Tenía con ellos una especie de juego misterioso y secreto, en el que recorría sus huecos, se escondía y se encontraba.
De vez en cuando un hurra o una carcajada surgía de su pico mientras revoloteaba en torno a la fronda de sus ramas.

-¿Qué te pasa Maruxiño? ¿Con quién juegas y con quién hablas?

-Vaya, mucho presumir de meiga y aún no lo has adivinado…
¿Acaso no lo ves? Juego con las voces que habitan el castaño, les robo los susurros, los suspiros, las risas y las hadas. Las escondo, las acaricio y las retorno como en un bosque encantado.
Sigo la rueda de la vida que marca el otoño y sus castañas.
Algunas veces el río se conjura con ellos y me traiciona, tapa con sus ruídos de piedras y guijarros los rumores de besos y no recuerdo dónde los he dejado… entonces tengo que volver al rincón más oscuro del pasado, a sus huecos y encontrarlos, recogerlos con cariño, soplarlos, consolarlos y retornarlos al presente, para que mañana vuelvan a ser pasado.

-¿Y nunca pierdes nada? ¿ Siempre consigues restaurarlo todo?

-Ya salió la listilla…
Claro que algunas veces pierdo cosas, pero sólo hay que ir al porvenir para encontrarlas.
El otro día perdí el revoletear de una libélula sobre un recodo del río, y sólo tuve que esperar al día siguiente para encontrarlo resonando bajo el puente.
Es sólo cuestión de esperar…Todo acaba pasando por la orilla de la vida.
Todo recorre implacable su camino hacia la muerte.

-Caray, Maruxiño. Hoy estás muy filosófico.

-Non, rapaza. Hoxe estou coma sempre. Eres ti a que me ves con outros ollos…*
A mí me gustan los castaños y a ti te encanta el río. En el fondo nos complementamos. Yo busco la sabiduría encerrada en sus huecos milenarios, tan igual, tan eterna, tan pasado, presente y futuro.
A ti te gusta encontrarla en el fluir del agua, tan diferente en cada momento, en cada instante, que nunca es igual al anterior.

-Sí, tienes razón, me reconozco en las palabras de Gioconda Belli, en Waslala

Era una lástima que cuando se fuera no pudiese llevarse el río anudado a la garganta como una estola de agua.
Le era difícil imaginar la vida sin aquel caudal cuya tumultuosidad o mansedumbre marcaba las estaciones, el decurso del tiempo.
El río era su memoria. Le bastaba fijar los ojos en la corriente oscura que, atrapando el reflejo del sol, se lo llevaba y convertía en un líquido mercurial, para evocar la historia de cuanto la circundaba.
El río era reconfortante, un gran manso animal doméstico, pero también era su criatura mítica: la serpiente con alas verdes sobre cuyo lomo cabalgaría muy pronto cuando al fin saliera a descifrar los acertijos que la rodeaban desde la infancia. ¡Ah! Si tan sólo se dejara montar, ella le pondría bridas y juntos se abrirían paso hacia las tierras del interior.
Se imaginó a horcajadas. Imaginó la sensación de agua entre las piernas; el río sosteniéndola, llevándola; la brisa contra su cara…
El río me ha procurado los paisajes mas hermosos, las horas más reconfortantes, el reposo de la vista y del alma.

-En él duermen mis más tiernos y hermosos sueños de adolescente, mis miedos, mis ansias.
Mi vida transcurre a la orilla de sus meandros, dejándose retrasar por ellos, por su luz que sube y agoniza entre castaños.
Como ves Maruxiño, también en mi vida asoma siempre un castaño…

-Todos somos un poco tu río y mi castaño. Todos guardamos oquedades llenas de telerañas y heridas mal curadas.
Todos colgamos en algún momento de sus ramas como castañas generosas esperando servir de alimento a un cuervo, a una ardilla, a una corneja, a un ser humano y a veces acabamos en el suelo, desmembrados, empezando de nuevo el ciclo de la vida, dejando que sea la madre tierra que besa el agua, la que nos pudra y purifique de nuevo en forma de castaño.

-Pero no olvides, Estrella, que ese ciclo suele durar cientos de años…

-No lo olvido, Maruxiño, y menos hoy, en que me siento más vieja y hueca que el castaño…

-¿Sabes que O Capitán no tardará en venir a visitarnos? Ayer lo vi. Está por estas tierras y tiene cosas que explicarte…

A Estrella se le iluminó la cara…

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* No, rapaza. Hoy estoy como siempre. Eres tú la que me ves con otros ojos.

7 Octubre 2005

Soledad -Cap. XIV

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

Regalo de Mirada

Cap- XIV . Soledad

Estrella regresó a la aldea, pero no lo hizo sola. Maruxo, sin necesidad de pedírselo, quiso acompañarla.

Por el camino le explicó que “él non se casaba con naide”, que no era definitivo su apareamiento.
Simplemente creía que ella, en aquel momento, lo necesitaba más que O Capitán.

El cuervo, siempre intuitivo, la comprendía como nadie y supo que su huída (eso había sido su marcha), necesitaba una compañía como la suya: negra, huídiza, estando, pero desapareciendo.

Y allí estaban. Hacía ya muchos días. Desde la fiesta que Casilda organizó en la playa.

Aquella misma noche supo que tendría que elegir, una vez más, entre Leo y su libertad.

Una libertad que fue demasiado duro conquistar, para perderla ahora cegada por los recuerdos dulces de una gran pasión.

Prefería prescindir del rosal que dejarse el alma en sus espinas.

Existían otras flores.

Sabía lo mucho que Casilda adoraba a su padre y la inmensa alegría que la invadía cada vez que los veía juntos.

Pero aprender a vivir sin ella también formó parte de la adquisición de su libertad.

Sentada bajo el castaño rebosante de erizos a punto de eclosionar ,y oyendo muy de tarde en tarde los “ Collons!!!” de Maruxo al pincharse con sus púas intentando robarles una castaña, recordaba la fiesta.

El desboque de su corazón cuando vio a Leo, el hombre de su vida.

La marea de recuerdos que lo invadió todo y estuvo a punto de inundar su corazón con algas de ternura y espuma de deseos.

Sentada sobre Paqui se creyó la reina de un mundo en el que todo era perfecto. Un reino con rey y con princesa.

Pero fue al día siguiente cuando recobró el sentido y confirmó que, si quería seguir siendo la reina de su vida, tenía que continuar su camino en soledad.

-Maruxo!- gritó al notar el golpe de una castaña en su frente.

-¿Qué pasa, paisana, non che gustan as castañas? *

-Me encantan, pero comerlas, no que me muelan a palos…-sonrió con un punto de tristeza.

-¡Qué delicada la señora! -graznó enfadado- Con lo bien que podías estar escuchando:

“…o teu pelo, a tua cara debuxada en dous ollos verdes, os teus labios amplos como un horizonte na outonía de Fisterra, a tua voz que non existe, o teu silencio, as mans que te buscan desesperadas para encontrar nada, o cero, a sensación de ser o que sempre fun: un perdedor, un maldito perdedor, unha gota de chuvia alimentando o teu corpo lindo, grácil, exhuberante como unha noite de viño e bolero…” **

-¿De dónde sacaste esas palabras, Maruxo? - interrogó Estrella, con temblores en la voz y en el cuerpo.

-No es tan fiero el león como lo pintan, ¿eh, amiga? -ironizó triste el cuervo.

-Son del libro de Xosé Carlos Caneiro que estás leyendo. No de Leo, como hubieras deseado que fueran -y los graznidos sonaron casi tiernos.

Estrella se giró en su lecho otoñal y recordó aquellas palabras de Girondo:

“Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada”, pero también aquellas otras:

“Hay noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las cosas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.”

Y soñó…con su primer beso, con sus manos como mariposas revoleteando en sus pechos.

Con aquel contacto caliente del primer encuentro. La espera. La sonrisa. La sangre transportando aliento y vida…

Con sus besos húmedos y tibios oliendo al placer que se adivina.

Con el bajito, casi insonoro, te quiero.

Con los susurros y suspiros desatados en la amorosa contienda.

Con el sentir que el universo ha hecho de dos uno y que el goce es eterno…

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*-¿Qué pasa paisana, no te gustan las castañas?

**-Tu pelo, tu cara dibujada en dos ojos verdes, tus labios amplios como un horizonte contemplado desde Finisterra, tu voz que no existe, tu silencio, las manos que te buscan desesperadas para encontrar la nada, el cero, la sensación de ser lo que siempre fui: un perdedor, un maldito perdedor, una gota de lluvia alimentando tu cuerpo lindo, grácil, exhuberante como una noche de vino y bolero…

18 Agosto 2005

Un sueño

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.


Cap XI

El calor se había hecho notar a lo largo de todo el día.

El poniente lucía un rojo atardecer esplendoroso y la brisa fresca que subía del mar acariciaba el cuerpo y el alma.

Estrella disfrutaba plácidamente de todo ello mientras leía acomodada en la arena.

El vuelo cercano de Maruxo, al que ya reconocía incluso en plena oscuridad, le hizo levantar la cabeza y sonreir…

-Qué pasa, Maruxiño, ¿Por dónde andabas que no te he visto en todo el día?

- Haciendo de Quijote, como otras veces …

- Eso qué significa: ¿ viviendo quimeras o desfaciendo entuertos?

- Un poco de todo, mi buena señora, que como dice Casilda, quiere usted saberlo todo.

- Vaya, ya veo que la Nena se ha buscado un aliado…

- ¿Y no será … que ya la voy conociendo… a usted?

-Dejémoslo en empate, ¿Vale, Maruxo?

- Como quiera vuesa merded – graznó enfática e irónicamente.

- Por cierto. ¿Qué me querías contar de Mouriño?

- Yo nada. Eso él. Sólo sé que quiere verle lo antes posible. Así que le espera esta misma noche en el lugar de siempre: en el Faro.

- Está bien. Hasta allí iremos después de la cena…

En el puerto ya no quedaba ningún barco de pesca. Todos faenaban cerca de Finisterre, a la busca y captura de buenas sardinas, que en esta época están divinas.

(Esa había sido la información y opinión de Maruxo y Estrella se la agradeció a la par que le daba la razón en lo referente a la “divinidad” de las xoubiñas, sobre todo en empanada…se atrevió a añadir…)

Cuando llegaron al faro ya les esperaba Mouriño, vestido como la última vez y tan educado y caballeroso como siempre.

-Buenas noches, madame. Gracias por acudir a mi llamada…

-Entre amigos no hace falta agradecer, Mouriño.
Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

-En ver realizado un viejo sueño que ya creía irrealizable, mi señora.

-Nada me parece más hermoso que poder hacer realidad los sueños, querido, así que dime…

-Desde que apareció su bella hija con ese par de elefantes, no puedo dormir esperando el amanecer para contemplarlos paseando majestuosamente por la playa.

Los había visto en viejos libros que de vez en cuando mi amigo el delfín me trae prestados, y desde el primer momento me subyugaron…

No sé si fue su grandeza frente a mi pequeñez, su expresión bonachona y sabia, su piel, que me recuerda la vieja corteza de un árbol milenario o las bellas historias que leí sobre ellos, pero sí sé que muchas veces he soñado despierto que podía tocarlos, subirme a uno de ellos y cabalgarlo, dejándome mecer por ese movimiento balanceante de su caminar…

Mouriño se había parado emocionado, temblando de sólo pensarlo…

Estrella sonrió dulce y nostálgicamente…

-Casilda te entenderá perfectamente, Mouriño. Desde niña siempre fueron los elefantes sus animales más queridos, por eso no pudo resistirse a traer consigo a la grandota Paqui y su chiquita Marta.

-Eso está hecho, amigo- aseveró el cuervo- Vente con nosotros y mañana mismo te cumplimos el antojo.

Mouriño quedó tan sorprendido que no supo qué responder.

Estrella, sin pronunciar palabra, extendió su mano abierta hacia el enano y él se subió a ella sin dudarlo.

Desandando el camino formaban un trío mágico…

Ya en la habitación, la meiga, se apresuró a acomodarlo sobre el cojín de su mecedora.

-Tú duerme tranquilo, que ya te despertaré- se apresuró a aconsejar Maruxo…

-No creo que consiga hacerlo, señor cuervo. Es la primera noche que de mi cueva me ausento, y eso es duro, aunque sea para realizar un sueño…

-También es hermoso velar un sueño, Mouriño… Y usted, don Quijote, debe saberlo- se aprestó a ironizar Estrella.

- Entre todos danme tanto traballo que non me queda tempo para soñar -refunfuñó el cuervo.

-¡Pobriño, pobriño meu corvo queridiño!- se burló despiadada Estrella.

-Estasme buscando…-graznó por lo bajito mientras remontaba el vuelo.

Estrella regresó a la taberna. Tenía que explicarle a su hija el deseo de Mouriño y quería

rogarle a Paqui que colaborara en la realización de aquel sueño.

Cuando entró en la bodega, lo que vio le desbordó de ternura el corazón.

Paqui amamantaba a su pequeña, mientras le cantaba una nana…

Mi dulce elefanta

me encanta

Se duerme tranquila

en cualquier esquina

Su mamá elefanta

le canta

Se cierran los ojos

sin echar cerrojos

La trompa se alarga

y hace de bufanda

Se guardan colmillos

en par de bolsillos

Y se sueñan cuentos

de bellos momentos

Nubes de colores

y playas con flores.

Estrella decidió que mañana sería otro día…y que por hoy, se iba a dormir después de hablar con Casilda…

Cap XII en Sociedad Pajaril La Aurora

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