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	<title>La Muralla &#187; Casilda y Estrella</title>
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		<title>Máscaras</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Apr 2006 19:10:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Solté la máscara y me vi en el espejo&#8230;
Era el niño de hace tantos años&#8230;
No había cambiado nada&#8230;
Cerró el libro y entornó los ojos mientras se balenceaba suavemente en la mecedora, como si así se adueñara más si cabe de las palabras de Pessoa.
Sonrió mientras llamaba:
-Maruxo, Maruxiño&#8230;
El cuervo graznó indignado:
*-¿Qué pasa meiga? Casi pareces miña [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/hurzlmeierrudikraehe8600020.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Solté la máscara y me vi en el espejo&#8230;<br />
Era el niño de hace tantos años&#8230;<br />
No había cambiado nada&#8230;</em></p>
<p>Cerró el libro y entornó los ojos mientras se balenceaba suavemente en la mecedora, como si así se adueñara más si cabe de las palabras de <strong>Pessoa</strong>.</p>
<p>Sonrió mientras llamaba:</p>
<p>-Maruxo, Maruxiño&#8230;</p>
<p>El cuervo graznó indignado:</p>
<p>*-¿Qué pasa meiga? Casi pareces miña nai, querendo saber sempre o que fago&#8230;</p>
<p>-Perdona, corvo. No quiero inmiscuirme en tu vida, sólo gozar de tu sabiduría- ironizó Estrella.</p>
<p>-Bueno, bueno, ahora toca ponerse la máscara de la adulación ¿Eh, paisana?</p>
<p>-Pues mira, como siempre, adivino. Sobre máscaras estaba leyendo&#8230;</p>
<p>-Por encima de tu hombro lo vi, aunque tú me ignoraras.</p>
<p>-Dejémonos de trifulcas, Maruxiño, y conversemos plácidamente, como tú y yo sabemos hacerlo. ¿Tú crees que todos llevamos puesta una máscara? </p>
<p>-Al menos la mayoría de los humanos lleváis la de la educación tras la que ocultáis la verdad y la mentira, utilizando a gusto cada una de ellas según os convenga.<br />
Los cuervos no tenemos la desgracia de asistir a la escuela en la que esa educación se enseña. Lee, lee, sigue leyendo el poema&#8230;</p>
<p>Estrella le hizo caso.</p>
<p><em>Esa es la ventaja de saber quitarse la máscara.<br />
Se es siempre niño,<br />
El pasado que queda,<br />
El niño.</em></p>
<p>-El niño que desconoce la hipocresía, que ve la realidad y la describe. El niño que no engaña, el inocente, aquel ser libre como&#8230;un cuervo&#8230;</p>
<p>-No todo es bondad en esa inocencia, Maruxiño. La verdad, algunas veces, puede ser muy cruel&#8230;</p>
<p>-La crueldad la habéis inventado los hombres, meiga. Para nosotros sólo existe la ley de la supervivencia.</p>
<p>-Una ley con la que siempre gana el más fuerte, en la que no hay piedad para los débiles&#8230;</p>
<p>-Una ley que está hecha para que sobreviva la especie.</p>
<p>-Pero la bondad del ser humano está obligada a ir más lejos, a llenarse de piedad y proteger al débil. A utilizar la inteligencia para construir un mundo mejor.</p>
<p>-Pues menos mal que estáis en ello- graznó Maruxo socarronamente- Así, gracias a vosotros, decimos adiós cada día a un montón de especies.<br />
Por no saber no sabéis, ni siquiera, cuidar de los vuestros. Y ahora, yo te acabaré el poema.</p>
<p><em>Solté la máscara, y volví a ponérmela.<br />
Así es mejor.<br />
Así soy la máscara.<br />
Y vuelvo a la realidad como a una terminal de línea.</em></p>
<p>-Eso es lo que mejor sabéis hacer, colocaros la máscara y vivir con ella – gritó indignado, mientras desaparecía sobre el espejo de la ría.</p>
<p>A Estrella no le quedó más remedio que colocarse la máscara de la tristeza&#8230;</p>
<p>                                                                  &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>*-¿Qué pasa, meiga? Casi pareces mi madre, queriendo saber siempre lo que hago.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Cuento de Navidad</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2006/01/12/cuento-de-navidad-2/</link>
		<comments>http://sociedadpajaril.net/muralla/2006/01/12/cuento-de-navidad-2/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 12 Jan 2006 08:19:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[Dedicado con todo el afecto a TST, que fue el primero que lo recuperó y me lo envió tras el déjà vu que hemos vivido estos dos últimos días.
(Este cuento participa en el concurso “Cuentos de Navidad”, convocado por Isthar en su blog, por eso lo vuelvo a publicar ahora y dedicado). 
Estrella leía sentada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Dedicado con todo el afecto a<a href="http://talante-sin-talento.blogspot.com/"> TST</a>, que fue el primero que lo recuperó y me lo envió tras el <em>déjà vu </em>que hemos vivido estos dos últimos días.</strong></p>
<p><strong>(Este cuento participa en el concurso “Cuentos de Navidad”, convocado por <a href="http://reflexionesenblancoynegro.blogspot.com">Isthar</a> en su blog, por eso lo vuelvo a publicar ahora y dedicado). </strong></p>
<p>Estrella leía sentada en su mecedora muy cerca del fuego. </p>
<p>De vez en cuando su mirada se perdía con deleite en las mágicas figuras que diseñaban las llamas del viejo tronco de roble que se consumía en la lareira. </p>
<p>Maruxo dormitaba en su regazo dejándose mecer por el arrullo de aquella mano que acariciaba sus plumas.</p>
<p>Todo estaba en orden en aquella noche navideña, y todos dormían menos Estrella que disfrutaba del momento como si fuera el último de su vida.</p>
<p>Fuera el frío era intenso.<br />
Un gélido viento del norte deshacía las nubes y mostraba una noche tachonada de estrellas. </p>
<p>De pronto, un lejano y prolongado aullido atravesó la ría y despertó a Paloma que le respondió con fuertes ladridos.</p>
<p>También Maruxo voló precipitamente hacia la ventana y se quedó escuchando despavorido.</p>
<p>-¿Qué pasa, Maruxiño? No me digas que te asusta el aullido del lobo.</p>
<p>-Non meiga, non. Pero éste foi algo especial. Recordoume outro…(*)</p>
<p>-¿A cuál, si puede saberse?</p>
<p>-Al de la noche en la que el mundo estuvo a punto de perder las estrellas.</p>
<p>-Pero,¿ qué dices, Maruxiño y qué tiene que ver el lobo en todo eso?</p>
<p>No me digas que tú también eres de los que echas al lobo la culpa de todo…</p>
<p>-Non me ofendas, maestra, non me ofendas…(**)</p>
<p>-Perdona…</p>
<p>-Estás perdonada. Ya sé que amas a los lobos, pero lo que quizás no sepas es que ellos son los vigilantes de las estrellas, los que controlan su rumbo y dan la voz de alarma cuando se pierde una de ellas.</p>
<p>En cada punto estratégico del planeta hay una familia de lobos que mira al cielo y cuenta los luceros.</p>
<p>Estrella lo miró asombrada y el cuervo empezó a narrar…</p>
<p>Era yo muy pequeño…</p>
<p>El invierno era crudo y las noches registraban las temperaturas más bajas de los últimos siglos.</p>
<p>La tierra emanaba una espesa y helada niebla que ocultaba el más leve resplandor de cualquier estrella.<br />
Ningún animal osaba abandonar su refugio. </p>
<p>Las plantas sobrevivían buscando en sus raices el calor de la tierra y el mar se recogía en sus abismos más profundos mientras las piedras, desnudas, tiritaban de frío.</p>
<p>En lo alto del Louro, en una de las invisibles cuevas de las que dan cuenta las leyendas, una pareja de lobos grises yacían acurrucados prestándose calor.</p>
<p>El mar sonaba vacío de barcos y caracolas y hasta las playas habían desaparecido de la ría.</p>
<p>De pronto, en medio de aquel inquietante silencio, una estrella cayó del cielo, cruzó la boca de la cueva y en medio de un terrible estruendo se precipitó en el mar.</p>
<p>Luza, la joven hembra preñada, no pudo evitar temblar, y Obol, el gran macho, corrió a la boca de la cueva para desde allí lanzar su temible aullido y llorar.</p>
<p>Algo había fallado en el universo y aquella estrella equivocaba su hora y su lugar.</p>
<p>Desde lo más alto del monte el lobo guardián llamaba con sus aullidos a cielos, tierra y mar.</p>
<p>Durante segundos el mundo se paralizó y sobre el mar brillaron millones de luces que intentaban inútilmente flotar.</p>
<p>Luza bajó casi rodando y en un rincón de la playa descubrió la destrozada y bella estrella que se apagaba agonizando.</p>
<p>A la desesperada llamada de aquellos aullidos lastimeros acudieron cientos y cientos de animales.</p>
<p>Peces de todos los colores, delfines, pulpos, caracolas, nutrias y sirenas llenaron el mar hasta entonces desierto.</p>
<p>Caballos, gaviotas, lobos y cuervos poblaron las playas y sus peñas.</p>
<p>Luza, rebosante de amor maternal, se apresuró a consolarla y lamerla.</p>
<p>-¿Quién eres y qué te ha pasado?</p>
<p>-Soy la estrella de Navidad- respondió en un suspiro- Y no sé muy bien contra qué choqué, pero perdí mi rumbo y aquí estoy, apagándome en este lugar.<br />
Lo terrible es que si yo muero morirán conmigo todas las estrellas.</p>
<p>-Tranquila, Obol no dejará que eso suceda.</p>
<p>Efectivamente, el hermano lobo estaba ya al frente de todo aquel tumulto animal y discutía la manera de solucionar el problema.</p>
<p>-Si consiguieramos sacarla del agua, izarla y llevarla hasta Finisterre…</p>
<p>-Sacarla del agua está hecho- chilló el viejo delfín.</p>
<p>Y un círculo de seres marinos rodeó la estrella y la arrastró pesadamente hasta la playa que, generoso y colaborador, había cedido el mar.</p>
<p>Obol volvió a aullar y su aullido fue atendido por todo el mundo animal.</p>
<p>Los caballos salvajes del Barbanza acudieron en tropel acarreando en sus lomos miles de arañas que se dejaron caer suavemente sobre las heridas sin luz de la maltrecha estrella.</p>
<p>-Tejed y tejed. Cerrad esas heridas, antes de que sea demasiado tarde, hermanas- aulló Obol.</p>
<p>Y ellas tejieron. Sin descanso.</p>
<p>Tejieron sus redes más fuertes y espesas.</p>
<p>Eran tantas y trabajaron con tanto ahinco que en pocos minutos zurcieron el viejo lucero.</p>
<p>Habían cerrado las heridas, pero no habían repuesto sus luces…</p>
<p>De pronto, las laderas del Louro fueron un hervidero de lucecitas que se movían con rapidez en dirección al mar.</p>
<p>Los lobos, las mansas vacas, las resignadas ovejas, las locuelas gallinas…todas acudían portando las luciérnagas que habían conseguido despertar.</p>
<p>Con ellas fueron rellenando los zurcidos, abriendo luces donde antes había oscuridad.</p>
<p>Gaviotas, cormoranes, lechuzas y cuervos, con garras y picos, levantamos la estrella y en un esfuerzo sobreanimal conseguimos devolverla a su ruta ancestral.</p>
<p>La dejamos caer sobre el viejo mar de Finisterre, único lugar del mundo donde puede hundirse una estrella y volver a surgir al día siguiente.</p>
<p>El universo recobró su orden natural y un coro de voces animales se unió al canto del mar.</p>
<p>-Maruxiño, dime ¿esa historia es cierta?</p>
<p>Tan cierta como que, cuando mires al cielo y veas caer una estrella, no te lo creas, es sólo que la diosa celeste, como premio, siembra la tierra de luciérnagas, mientras en el aire vuelan las palabras del poeta:</p>
<p>Dainos, Señor,<br />
Un alpendre de sombras e de luar<br />
para cantar.<br />
E un carreiriño de vagalumes<br />
polas hortas vizosas do teu reino. (***)</p>
<p>La madrugada encontró a Maruxo y Estrella contemplando el cielo en busca de una siembra de luciérnagas…</p>
<p>********************************************************</p>
<p>(*)-No meiga, no. Pero éste fue algo especial y me recordó aquel otro.<br />
(**)- No me ofendas, maestra, no me ofendas.<br />
(***) Danos, Señor,<br />
un cobertizo de sombras y de luz de luna<br />
para cantar.<br />
Y un senderillo de luciérnagas<br />
por las huertas vigorosas de tu reino. </p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Cuento de Navidad</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/12/26/cuento-de-navidad/</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Dec 2005 23:24:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Estrella leía sentada en su mecedora muy cerca del fuego. 
De vez en cuando su mirada se perdía con deleite en las mágicas figuras que diseñaban las llamas del viejo tronco de roble que se consumía en la lareira. 
Maruxo  dormitaba en su regazo dejándose mecer por el arrullo de aquella mano que acariciaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/SantBoi011_03.jpg" alt="foto de Carmiña" /></p>
<p>Estrella leía sentada en su mecedora muy cerca del fuego. </p>
<p>De vez en cuando su mirada se perdía con deleite en las mágicas figuras que diseñaban las llamas del viejo tronco de roble que se consumía en la lareira. </p>
<p>Maruxo  dormitaba en su regazo dejándose mecer por el arrullo de aquella mano que acariciaba sus plumas.</p>
<p>Todo estaba en orden en aquella noche navideña, y todos dormían menos Estrella que disfrutaba del momento como si fuera el último de su vida.</p>
<p>Fuera el frío era intenso.</p>
<p>Un gélido viento del norte deshacía las nubes y mostraba una noche tachonada de estrellas. </p>
<p>De pronto, un lejano y prolongado aullido atravesó la ría y despertó a Paloma que le respondió con fuertes ladridos.</p>
<p>También Maruxo voló precipitamente hacia la ventana y se quedó escuchando despavorido.</p>
<p>-¿Qué pasa, Maruxiño? No me digas que te asusta el aullido del lobo.</p>
<p>-Non meiga, non. Pero éste foi algo especial. Recordoume outro&#8230;(*)</p>
<p>-¿A cuál, si puede saberse?</p>
<p>-Al de la  noche en la que el mundo estuvo a punto de perder las estrellas.</p>
<p>-Pero,¿ qué dices, Maruxiño y qué tiene que ver el lobo en todo eso?<br />
 No me digas que tú también eres de los que echas al lobo la culpa de todo&#8230;</p>
<p>-Non me ofendas, maestra, non me ofendas&#8230;(**)</p>
<p>-Perdona&#8230;</p>
<p>-Estás perdonada. Ya sé que amas a los lobos, pero lo que quizás no sepas es que ellos son los vigilantes de las estrellas, los que controlan su rumbo y dan la voz de alarma cuando se pierde una de ellas.<br />
En cada punto estratégico del planeta hay una familia de lobos que mira al cielo y cuenta los luceros.</p>
<p>Estrella lo miró asombrada y el cuervo empezó a narrar&#8230;</p>
<p>Era yo muy pequeño&#8230;</p>
<p>El invierno era crudo y las noches registraban las  temperaturas más bajas de los últimos siglos. </p>
<p>La tierra emanaba una espesa y helada niebla que ocultaba el más leve resplandor de cualquier estrella. </p>
<p>Ningún animal osaba abandonar su refugio. </p>
<p>Las plantas sobrevivían buscando en sus raices el calor de la tierra y el mar se recogía en sus abismos más profundos mientras las piedras, desnudas, tiritaban de frío.</p>
<p>En lo alto del Louro, en una de las invisibles cuevas de las que dan cuenta las leyendas, una pareja de lobos grises yacían acurrucados prestándose calor. </p>
<p>El mar sonaba vacío de barcos y caracolas y hasta las playas habían desaparecido de la ría.</p>
<p>De pronto, en medio de aquel inquietante silencio, una estrella cayó del cielo, cruzó la boca de la cueva y en medio de un terrible estruendo se precipitó en el mar.</p>
<p>Luza, la joven hembra preñada, no pudo evitar temblar, y Obol, el gran macho, corrió a la boca de la cueva para desde allí  lanzar su temible aullido y llorar.</p>
<p>Algo había fallado en el universo y aquella estrella equivocaba su hora y su lugar.</p>
<p>Desde lo más alto del monte el lobo guardián llamaba con sus aullidos a cielos, tierra y mar.</p>
<p>Durante segundos el mundo se paralizó y sobre el mar brillaron millones de luces que intentaban inútilmente flotar.</p>
<p>Luza bajó casi rodando y en un rincón de la playa descubrió la destrozada y bella estrella  que se apagaba agonizando.</p>
<p>A la desesperada llamada de aquellos aullidos lastimeros acudieron cientos y cientos de animales.</p>
<p>Peces de todos los colores, delfines, pulpos, caracolas, nutrias y sirenas llenaron el mar hasta entonces desierto.</p>
<p>Caballos, gaviotas, lobos y cuervos poblaron las playas y sus peñas.</p>
<p>Luza, rebosante de amor maternal, se apresuró a consolarla y lamerla.</p>
<p>-¿Quién eres y qué te ha pasado?</p>
<p>-Soy la estrella de Navidad- respondió en un suspiro- Y no sé muy bien contra qué choqué, pero perdí mi rumbo y aquí estoy, apagándome en este lugar.<br />
Lo terrible es que  si yo muero morirán conmigo todas las estrellas.</p>
<p>-Tranquila, Obol no dejará que eso suceda.</p>
<p>Efectivamente, el hermano lobo estaba ya al frente de todo aquel tumulto animal y discutía la manera de solucionar el problema.</p>
<p>-Si consiguieramos sacarla del agua, izarla y llevarla hasta Finisterre&#8230;</p>
<p>-Sacarla del agua está hecho- chilló el viejo delfín.</p>
<p>Y un círculo de seres marinos rodeó la estrella y la arrastró pesadamente hasta la playa que, generoso y colaborador, había cedido el mar.</p>
<p>Obol  volvió a aullar y su aullido fue atendido por todo el mundo animal.</p>
<p>Los caballos salvajes del Barbanza acudieron en tropel acarreando en sus lomos miles de arañas que se dejaron caer suavemente sobre las heridas sin luz de la maltrecha estrella.</p>
<p>-Tejed y tejed. Cerrad esas heridas, antes de que sea demasiado tarde, hermanas- aulló  Obol.</p>
<p>Y ellas tejieron. Sin descanso.<br />
Tejieron sus redes más fuertes y espesas. </p>
<p>Eran tantas y trabajaron con tanto ahinco que en pocos minutos zurcieron el viejo lucero.</p>
<p>Habían cerrado las heridas, pero no habían repuesto sus luces&#8230;</p>
<p>De pronto, las laderas del Louro fueron un hervidero de lucecitas que se movían con rapidez en dirección al mar.</p>
<p>Los lobos, las mansas vacas, las resignadas ovejas, las locuelas gallinas&#8230;todas acudían portando las luciérnagas que habían conseguido despertar.</p>
<p>Con ellas fueron rellenando los zurcidos, abriendo luces donde antes había oscuridad.</p>
<p>Gaviotas, cormoranes, lechuzas y cuervos, con garras y picos, levantamos la estrella y en un esfuerzo sobreanimal conseguimos devolverla a su ruta ancestral.</p>
<p>La dejamos caer sobre el viejo mar de Finisterre, único lugar del mundo donde puede hundirse una estrella y volver a surgir al día siguiente.</p>
<p>El universo recobró su orden natural y un coro de voces animales se unió al canto del mar.</p>
<p>-Maruxiño, dime ¿esa historia es cierta?</p>
<p>Tan cierta como que, cuando mires al cielo y veas caer una estrella, no te lo creas, es sólo que la diosa celeste, como premio, siembra la tierra de luciérnagas, mientras en el aire vuelan las palabras del poeta:</p>
<p><strong><em>Dainos, Señor,<br />
Un alpendre de sombras e de luar<br />
para cantar.<br />
E un carreiriño de vagalumes<br />
polas hortas vizosas do teu reino.</em></strong> (***)</p>
<p>La madrugada encontró a Maruxo y Estrella contemplando el cielo en busca de una siembra de luciérnagas&#8230;</p>
<p>********************************************************</p>
<p>(*)-No meiga, no.  Pero éste fue algo especial y me recordó aquel otro.</p>
<p>(**)- No me ofendas, maestra, no me ofendas.</p>
<p>(***)  Danos, Señor,<br />
            un cobertizo de sombras y de luz de luna<br />
            para cantar.<br />
            Y un senderillo de luciérnagas<br />
            por las huertas vigorosas de tu reino.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Sonrisas.  Capítulo XXII</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/11/27/sonrisas-capitulo-xxii/</link>
		<comments>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/11/27/sonrisas-capitulo-xxii/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 27 Nov 2005 18:14:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
( Cap. XXI en Mad)
-Hola, Casilda- gritó alegremente Estrella, con el cuervo posado en su hombro y la pequeña maleta a sus pies, mientras asomaba la cabeza por la puerta entreabierta de la Taberna.
No siguió hablando. Las luces de decenas de velas bailaban sombras alegres y se mezclaban con las ya atenuadas de la lareira.
Pudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/288cr_01.jpg " alt="playa Portosín-Carmiña" /></p>
<p>( Cap. XXI en <a href="http://www.sociedadpajaril.net/aurora/">Mad</a>)</p>
<p>-Hola, Casilda- gritó alegremente Estrella, con el cuervo posado en su hombro y la pequeña maleta a sus pies, mientras asomaba la cabeza por la puerta entreabierta de la Taberna.</p>
<p>No siguió hablando. Las luces de decenas de velas bailaban sombras alegres y se mezclaban con las ya atenuadas de la lareira.</p>
<p>Pudo vislumbrar en el suelo las figuras de Casilda y un hombre que dormían desnudos y satisfechos después de poseerse y ser poseídos.</p>
<p>-¡Leñe! ¡Chegache tarde, raíña!- graznó asustado Maruxo.</p>
<p>Estrella se apresuró a cerrarle el pico con sus dedos, mientras rápidamente cogía su maleta y se colaba escaleras arriba hacia su habitación.</p>
<p>-¿Por qué tarde, corviño? Una entrega amorosa puede ser el comienzo de algo o de nada.</p>
<p>-Xa. Olvidaba que los humanos no sabéis ser fieles a una pareja como lo somos los cuervos, por algo los egipcios nos adoptaron como símbolo de la vida conyugal.<br />
¿Y ahora qué harás, meiga?</p>
<p>-Nada, Maruxiño. ¿Qué quieres que haga? Cuando dos cuerpos se conocen y se rozan hay que esperar a saber si también se reconoció el alma y eso lleva su tiempo. Hay que dejar que los días entierren y desentierren los sentimientos&#8230;</p>
<p>El cuervo huyó por la ventana entreabierta graznando indignado “No, si a la vejez, viruelas”</p>
<p>Estrella se tendió sobre su cama y se dispuso a esperar la llegada del alba. Pero el sueño le era esquivo y los recuerdos que brotaron de la imagen contemplada hacía unos instantes, como de un fresco manantial, ponían en su boca una nostálgica sonrisa y en sus ojos brillantes  estrellas que parecieron  acudir al conjuro de su nombre.</p>
<p>Era finales de septiembre y el agua helada del mar aún conservaba la templanza fría del verano&#8230;</p>
<p>A ella le encantaba bañarse al atardecer en aquella larga playa solitaria, sin más compañía que las gaviotas que picoteaban y chillaban en las lejanas peñas.</p>
<p>Hacía días que Leo estaba fuera y no sabía cuándo regresaría.</p>
<p>Lo echaba de menos, como siempre. Como nunca.</p>
<p>Aquel hombre, su hombre, llenaba sus días y sus noches. Sentían su ausencia todos los poros de su piel.</p>
<p>Acurrucada en la arena se envolvió en la toalla para protegerse de la brisa que erizaba todo el vello de su cuerpo.</p>
<p>De pronto, algo destapó sus pechos y dejó caer sobre ellos ligeros roces como suaves besos.</p>
<p>Se miró asombrada y los descubrió tapados por pétalos de rosas amarillas que caían de una mano de hombre mil veces añorada.  </p>
<p>No pudo gritar jubilosa su nombre, porque una boca madura y sabrosa como nunca tapó la suya y se apoderó de su voz.</p>
<p>Era un beso ansiado y enloquecido que reconocería entre todos los besos de la tierra.</p>
<p>Un cuerpo desnudo de hombre la tapó toda y una voz ronca susurró en su oído: “Estás helada, mi amor. Necesitas imperiosamente mi calor”</p>
<p>Ella sólo pudo suspirar un sí que se adivinó en medio de roces y caricias, de fuego y posesión.</p>
<p>Supo que un solo hombre puede trasladarte al mismo cielo y dejar que lo toques y poseas. </p>
<p>Supo que una mujer puede enloquecer a un hombre y hacerlo sentir dueño del universo.</p>
<p>Supo, porque una  meiga suele saberlo, que acababan de engendrar un hijo, un hijo fruto del amor y la locura, de las rosas y el viento, del sol que ya se había ido y de la luna llena que acababa de surgir en el cielo, de las algas que había traído la marea y del mar que los acariciaba y envolvía para llevarse en su recuerdo todo el temblor de aquel orgasmo compartido&#8230;</p>
<p>Sí, en aquel hermoso atardecer engendraron a Casilda, el regalo más hermoso y dulce de su vida&#8230;</p>
<p>Esperaba y pedía que el amor tuviera para con su hija un presente tan hermoso como el que tuvo con ella&#8230;</p>
<p>Cuando Maruxo volvió, ya de madrugada, de la boca de Estrella aún no se había borrado la sonrisa que surgía cada vez que soñaba con un nieto&#8230;</p>
<p>Estas nais xa non son o que eran- graznó enfadadísimo Maruxo.</p>
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		<title>Olfato de madre. Capítulo XX</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/11/21/olfato-de-madre-capitulo-xx/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2005 12:17:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Capítulo XIX en Mad
Capítulos XVIII y XVII en O Capitán
“Los lagartos de la añoranza, los más veloces y esquivos de todos los sentimientos, se le colaban ya por los miles de huecos del cuerpo”.
Estrella los sentía  rondándole el corazón y, lo que era mucho peor, los notaba aposentados en su mente que sentía  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/selvaggia2.jpg" alt=""/></p>
<p>Capítulo XIX en <a href="http://sociedadpajaril.net/aurora">Mad</a><br />
Capítulos XVIII y XVII en <a href="http://cronicaspiratas.blogspot.com/">O Capitán</a></p>
<p><em>“Los lagartos de la añoranza, los más veloces y esquivos de todos los sentimientos, se le colaban ya por los miles de huecos del cuerpo”.</em></p>
<p>Estrella los sentía  rondándole el corazón y, lo que era mucho peor, los notaba aposentados en su mente que sentía  llena de olas, sirenas, caracolas  y mar.<br />
Siempre se preguntaba cómo era posible que alguien nacido tierra adentro pudiera sentir tanta añoranza del mar. Un mar que durante muchos años sólo disfrutaba durante unos pocos días de septiembre, y al que el resto del año tenía que suplir con el Padre Miño, con sus puentes y riberas.</p>
<p>-En qué pensas, Estrelliña?- graznó cariñosamente Maruxo.</p>
<p>-No mar.</p>
<p>-Bah&#8230;  <em>&#8220;El mar toca la playa cuando el mundo está inmóvil<br />
la busca desde lejos/ por fin la encuentra a solas<br />
la invade grano a grano y en su ritmo discreto<br />
la riega despacito/ la abraza con sus olas.&#8221;</em></p>
<p>-Te gusta Benedetti. Eh, Maruxo.</p>
<p>-Suele gustarme lo que tú lees. Además Benedetti también le gustaba o Capitán- y había como un deje nostálgico en su graznido</p>
<p>-También echo de menos a Casilda y sus bichos.</p>
<p>-Casilda está bien acompañada y ni se acuerda de ti.</p>
<p>-Eso quiere decir que hay un hombre acompañándola y que tú sabes mucho más de lo que dices&#8230;</p>
<p>Maruxo se hizo el sordo y huyó por la ventana rumbo al viejo castaño.</p>
<p>Estrella se quedó pensando en su hija, y en quién podría ser el hombre que en tan poco tiempo podía robarle el corazón. Pero recordó que&#8230;</p>
<p><em>&#8220;&#8230;Para trabar amistades no hacen falta grandes cosas, lo mismo que para odiar; basta con unas  razones muy pequeñas, lo mismo que para amar&#8230;&#8221;</em></p>
<p>Un estremecimiento la recorrió. </p>
<p>Siempre le pasaba cuando un hombre nuevo se acercaba a su hija. </p>
<p>Su alma de madre solía tener un sexto sentido para detectar cuando Casilda estaba a punto de equivocarse, y últimamente había tenido unos sueños extraños y esos sueños llenaban su cabeza de pensamientos turbadores e inquietantes, y ya se sabe&#8230;</p>
<p><em>&#8220;&#8230; contra los pensamientos no se puede hacer nada. Eso incluso el rey más cruel lo sabe. El pensamiento se encuentra dentro de la jaula de la cabeza y, aunque no salga de ahí, en el interior de su jaula es el pájaro más libre que existe, y ahí canta lo que quiere y cuando quiere&#8230;&#8221;</em></p>
<p>Por todo ello, en ese mismo instante, decidió que adelantaría sus vacaciones  navideñas y bajaría al mar.</p>
<p>-Maruxiño, ¿Tienes idea de qué hora es?</p>
<p>-Si llevaras reloj, como hace todo el mundo, lo sabrías- respondió medio enfadado el cuervo, emprendiendo ya el camino de la torre de la iglesia para poder responderle.</p>
<p>Ja,ja,ja- rio alegremente Estrella- Eso me trae a la mente lo que le contesta la madre de Zeide, el protagonista de la preciosa novela que estoy leyendo, cuando él, de niño, le pide un reloj.</p>
<p><em>&#8220;No te hace falta ningún reloj, Zeide. Mira la cantidad de relojes que hay en el mundo.<br />
Me mostró la sombra del eucalipto, que por medio de su gran tamaño, su orientación y su frescor marcaba las nueve de la mañana; los pétalos rojos del granado, que decían que estábamos a mediados de marzo; el diente que se me columpiaba en la boca indicaba mis seis años, y las pequeñas arrugas que bailoteaban alrededor de sus ojos, marcaban cuarenta.<br />
¿Ves Zeide? Así estás dentro del tiempo. Si te compran un reloj sólo estarás a su lado.&#8221;</em></p>
<p>Estrella no esperó a Maruxo y comenzó a hacer la maleta&#8230;</p>
<p>       ***********************************************************</p>
<p>Capítulo XXI en <a href="http://sociedadpajaril.net/aurora">Mad</a></p>
<p>Este capítulo está dedicado a <a href="http://www.soledadfelloza.com/bitacora/"><strong>Sole</strong></a>, gracias a la cual descubrí el hermoso libro, <strong>&#8220;Por amor a Judit&#8221; </strong>de <em><strong>Meir Shalev</strong></em>, y del que están extraídas las citas entrecomilladas, excepto naturalmente los versos sobre el mar, que son de <strong><em>Benedetti</em></strong>.</p>
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		<title>Tiempo de castañas.  Cap. XV</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/10/29/tiempo-de-castanas-cap-xv/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2005 06:51:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Maruxo dormitaba dejándose mecer por el rumor del río que se adivinaba cada vez más fuerte y caudaloso.
Llevaba unos días tranquilo y relajado dedicándose única y exclusivamente a la lectura y los castaños.
Tenía con ellos una especie de juego misterioso y secreto, en el que recorría sus huecos, se escondía y se encontraba.
De vez en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/Ferrol036.jpg" alt="Castaños en Ferrol" /></p>
<p>Maruxo dormitaba dejándose mecer por el rumor del río que se adivinaba cada vez más fuerte y caudaloso.<br />
Llevaba unos días tranquilo y relajado dedicándose única y exclusivamente a la lectura y los castaños.<br />
Tenía con ellos una especie de juego misterioso y secreto, en el que recorría sus huecos, se escondía y se encontraba.<br />
De vez en cuando un hurra o una carcajada surgía de su pico mientras revoloteaba en torno a la fronda de sus ramas.</p>
<p>-¿Qué te pasa Maruxiño? ¿Con quién juegas y con quién hablas?</p>
<p>-Vaya, mucho presumir de meiga y aún no lo has adivinado&#8230;<br />
¿Acaso no lo ves? Juego con las voces que habitan el castaño, les robo los susurros, los suspiros, las risas y las hadas. Las escondo, las acaricio y las retorno como en un bosque encantado.<br />
Sigo la rueda de la vida que marca el otoño y sus castañas.<br />
Algunas veces el río se conjura con ellos y me traiciona, tapa con sus ruídos de piedras y guijarros los rumores de besos y no recuerdo dónde los he dejado&#8230; entonces tengo que volver al rincón más oscuro del pasado, a sus huecos y encontrarlos, recogerlos con cariño, soplarlos, consolarlos y retornarlos al presente, para que mañana vuelvan a ser pasado.</p>
<p>-¿Y nunca pierdes nada? ¿ Siempre consigues restaurarlo todo?</p>
<p>-Ya salió la listilla&#8230;<br />
Claro que algunas veces pierdo cosas, pero sólo hay que ir al porvenir para encontrarlas.<br />
El otro día perdí el revoletear de una libélula sobre un recodo del río, y sólo tuve que esperar al día siguiente para encontrarlo resonando  bajo el puente.<br />
Es sólo cuestión de esperar&#8230;Todo acaba pasando por la orilla de la vida.<br />
Todo recorre implacable su camino hacia la muerte.</p>
<p>-Caray, Maruxiño. Hoy estás muy filosófico.</p>
<p>-Non, rapaza. Hoxe estou coma sempre. Eres ti a que me ves con outros ollos&#8230;*<br />
A mí me gustan los castaños y a ti te encanta el río. En el fondo nos complementamos. Yo busco la sabiduría encerrada en sus huecos milenarios, tan igual, tan eterna, tan pasado, presente y futuro.<br />
A ti te gusta encontrarla en el fluir del agua, tan diferente en cada momento, en cada instante, que nunca es igual al anterior.</p>
<p>-Sí, tienes razón, me reconozco en las palabras de <strong>Gioconda Belli</strong>, en <em>Waslala</em></p>
<p><em>Era una lástima que cuando se fuera no pudiese llevarse el río anudado a la garganta como una estola de agua.<br />
 Le era difícil imaginar la vida sin aquel caudal cuya tumultuosidad o mansedumbre marcaba las estaciones, el decurso del tiempo.<br />
El río era su memoria. Le bastaba fijar los ojos en la corriente oscura que, atrapando el reflejo del sol, se lo llevaba y convertía en un líquido mercurial, para evocar la historia de cuanto la circundaba.<br />
  El río era reconfortante, un gran manso animal doméstico, pero también era su criatura mítica: la serpiente con alas verdes sobre cuyo lomo cabalgaría muy pronto cuando al fin saliera a descifrar los acertijos que la rodeaban desde la infancia. ¡Ah! Si tan sólo se dejara montar, ella le pondría bridas y juntos se abrirían paso hacia las tierras del interior.<br />
Se imaginó a horcajadas. Imaginó la sensación de agua entre las piernas; el río sosteniéndola, llevándola; la brisa contra su cara&#8230;<br />
El río me ha  procurado  los paisajes mas hermosos, las horas más reconfortantes, el reposo de la vista y del alma.</em></p>
<p>-En él duermen mis más tiernos y hermosos sueños de adolescente, mis miedos, mis ansias.<br />
Mi vida transcurre a la orilla de sus meandros, dejándose retrasar por ellos, por su luz que sube y agoniza entre castaños.<br />
Como ves Maruxiño, también en mi vida asoma siempre un castaño&#8230;</p>
<p>-Todos somos un poco tu río y mi castaño. Todos guardamos oquedades llenas de telerañas y heridas mal curadas.<br />
Todos colgamos en algún momento de sus ramas como castañas generosas esperando servir de alimento a un cuervo, a una ardilla, a una corneja, a un ser humano y a veces acabamos en el suelo, desmembrados, empezando de nuevo el ciclo de la vida, dejando que sea  la madre tierra que besa el agua, la que nos pudra y purifique de nuevo en forma de castaño.</p>
<p>-Pero no olvides, Estrella, que ese ciclo suele durar cientos de años&#8230;</p>
<p>-No lo olvido, Maruxiño, y menos hoy, en que me siento más vieja y hueca que el castaño&#8230;</p>
<p>-¿Sabes que O Capitán no tardará en venir a visitarnos? Ayer lo vi. Está por estas tierras y tiene cosas que explicarte&#8230;</p>
<p>A Estrella se le iluminó la cara&#8230;</p>
<p>***************************************************<br />
* No, rapaza. Hoy estoy como siempre. Eres tú la que me ves con otros ojos.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Soledad -Cap. XIV</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/10/07/soledad-cap-xiv/</link>
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		<pubDate>Fri, 07 Oct 2005 09:38:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Cap- XIV . Soledad
Estrella regresó a la aldea, pero no lo hizo sola. Maruxo, sin necesidad de pedírselo, quiso acompañarla. 
Por el camino le explicó que “él non se casaba con naide”, que no era definitivo su apareamiento.
Simplemente creía que ella, en aquel momento, lo necesitaba más que O Capitán.
El cuervo, siempre intuitivo, la comprendía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/maruxio_05.jpg " alt="Regalo de Mirada" /></p>
<p>Cap- XIV . Soledad</p>
<p>Estrella regresó a la aldea, pero no lo hizo sola. Maruxo, sin necesidad de pedírselo, quiso acompañarla. </p>
<p>Por el camino le explicó que “él non se casaba con naide”, que no era definitivo su apareamiento.<br />
Simplemente creía que ella, en aquel momento, lo necesitaba más que O Capitán.</p>
<p>El cuervo, siempre intuitivo, la comprendía como nadie y supo que su huída  (eso había sido su marcha), necesitaba una compañía como la suya: negra, huídiza, estando, pero desapareciendo.</p>
<p>Y allí estaban. Hacía ya muchos días. Desde la fiesta que Casilda organizó en la playa.</p>
<p>Aquella misma noche supo que tendría que elegir, una vez más, entre Leo y su libertad.</p>
<p>Una libertad que fue demasiado duro conquistar, para perderla ahora cegada por los recuerdos dulces de una gran pasión. </p>
<p>Prefería prescindir del rosal que dejarse el alma en sus espinas.</p>
<p>Existían otras flores.</p>
<p>Sabía lo mucho que Casilda adoraba a su padre  y la inmensa alegría que la invadía cada vez que los veía juntos.</p>
<p> Pero aprender a vivir sin ella también formó parte de la adquisición de su libertad.</p>
<p>Sentada bajo el castaño rebosante de erizos a punto de eclosionar ,y  oyendo muy de tarde en tarde los “ Collons!!!” de Maruxo al pincharse con sus púas intentando robarles una castaña, recordaba la fiesta. </p>
<p>El desboque de su corazón cuando vio a Leo, el hombre de su vida. </p>
<p>La marea de recuerdos que lo invadió todo y estuvo a punto de inundar su corazón con algas de ternura y espuma de deseos. </p>
<p>Sentada sobre Paqui se creyó la reina de un mundo en el que todo era perfecto. Un reino con rey y con princesa. </p>
<p>Pero fue al día siguiente cuando recobró el sentido y confirmó que, si quería seguir siendo la reina de su vida, tenía que continuar su camino en soledad.</p>
<p>-Maruxo!- gritó al notar el golpe de una castaña en su frente.</p>
<p>-¿Qué pasa, paisana, non che gustan as castañas? *</p>
<p>-Me encantan, pero comerlas, no que me muelan a palos&#8230;-sonrió con un punto de tristeza.</p>
<p>-¡Qué delicada la señora! -graznó enfadado- Con lo bien que podías estar escuchando:</p>
<p><em>“&#8230;o teu pelo, a tua cara debuxada en dous ollos verdes, os teus labios amplos como un horizonte na outonía de Fisterra, a tua voz que non existe, o teu silencio, as mans que te buscan desesperadas para encontrar nada, o cero, a sensación de ser o que sempre fun: un perdedor, un maldito perdedor, unha gota de chuvia alimentando o teu corpo lindo, grácil, exhuberante como unha noite de viño e bolero&#8230;” </em>**</p>
<p>-¿De dónde sacaste esas palabras, Maruxo? &#8211; interrogó Estrella, con temblores en la voz y en  el cuerpo.</p>
<p>-No es tan fiero el león como lo pintan, ¿eh, amiga? -ironizó triste el cuervo.</p>
<p>-Son del libro de <strong>Xosé Carlos Caneiro</strong> que estás leyendo. No de Leo, como hubieras deseado que fueran -y los graznidos sonaron casi tiernos.</p>
<p>Estrella se giró en su lecho otoñal y recordó aquellas palabras de <strong>Girondo</strong>:<em></p>
<p> “Sólo después de arrojarlo todo por la borda somos capaces de ascender hacia nuestra propia nada”, </em>pero también aquellas otras: </p>
<p><em>“Hay noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las cosas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad   de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.”</em></p>
<p>Y soñó&#8230;con su primer beso, con sus manos como mariposas revoleteando en sus pechos.</p>
<p>Con aquel contacto caliente del primer encuentro. La espera. La sonrisa. La sangre transportando aliento y vida&#8230;</p>
<p>Con sus besos húmedos y tibios oliendo al placer que se adivina.</p>
<p>Con el bajito, casi insonoro, te quiero.</p>
<p>Con los susurros y suspiros desatados en la amorosa contienda.</p>
<p>Con el sentir que el universo ha hecho de dos uno y que el goce es eterno&#8230;</p>
<p>******************************************************</p>
<p><em>*-¿Qué pasa paisana, no te gustan las castañas?</p>
<p>**-Tu pelo, tu cara dibujada en dos ojos verdes, tus labios amplios como un horizonte contemplado desde Finisterra, tu voz que no existe, tu silencio, las manos que te buscan desesperadas para encontrar la nada, el cero, la sensación de ser lo que siempre fui: un perdedor, un maldito perdedor, una gota de lluvia alimentando tu cuerpo lindo, grácil, exhuberante como una noche de vino y bolero&#8230;</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un sueño</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/08/18/un-sueno/</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2005 04:19:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Cap XI
El calor se había hecho notar a lo largo de todo el día. 
El poniente lucía un rojo atardecer esplendoroso y la brisa fresca que subía del mar acariciaba el cuerpo y el alma.
Estrella disfrutaba plácidamente de todo ello mientras leía acomodada en la arena.
El vuelo cercano de Maruxo, al que ya reconocía incluso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/flors010.jpg " alt="" /><br />
Cap XI</p>
<p>El calor se había hecho notar a lo largo de todo el día. </p>
<p>El poniente lucía un rojo atardecer esplendoroso y la brisa fresca que subía del mar acariciaba el cuerpo y el alma.</p>
<p>Estrella disfrutaba plácidamente de todo ello mientras leía acomodada en la arena.</p>
<p>El vuelo cercano de Maruxo, al que ya reconocía incluso en plena oscuridad, le hizo levantar la cabeza y sonreir&#8230;</p>
<p>-Qué pasa, Maruxiño, ¿Por dónde andabas que no te he visto en todo el día?</p>
<p>- Haciendo de Quijote, como otras veces &#8230;</p>
<p>- Eso qué significa: ¿ viviendo quimeras o desfaciendo entuertos?</p>
<p>- Un poco de todo, mi buena señora, que como dice Casilda, quiere usted  saberlo todo.</p>
<p>- Vaya, ya veo que la Nena se ha buscado un aliado&#8230;</p>
<p>- ¿Y no será &#8230; que ya la voy conociendo&#8230; a usted?</p>
<p>-Dejémoslo en empate, ¿Vale, Maruxo?</p>
<p>- Como quiera vuesa merded – graznó enfática e irónicamente.</p>
<p>- Por cierto. ¿Qué me querías contar de Mouriño?</p>
<p>- Yo nada. Eso él. Sólo sé que quiere verle lo antes posible. Así que le espera esta misma noche en el lugar de siempre: en el Faro.</p>
<p>- Está bien. Hasta allí iremos después de la cena&#8230;</p>
<p>En el puerto ya no quedaba ningún barco de pesca. Todos  faenaban cerca de Finisterre, a la busca y captura de buenas sardinas, que en esta época están divinas.</p>
<p>(Esa había sido la información y opinión de Maruxo y Estrella se la agradeció a la par que le daba la razón en lo referente a la “divinidad” de las xoubiñas, sobre todo en empanada&#8230;se atrevió a añadir&#8230;)</p>
<p>Cuando llegaron al faro ya les esperaba Mouriño, vestido como la última vez y tan educado y caballeroso como siempre.</p>
<p>-Buenas noches, madame. Gracias por acudir a mi llamada&#8230;</p>
<p>-Entre amigos no hace falta agradecer, Mouriño.<br />
 Dime, ¿en qué puedo ayudarte?</p>
<p>-En ver realizado un viejo sueño que ya creía irrealizable, mi señora.</p>
<p>-Nada me parece más hermoso que poder hacer realidad los sueños, querido, así que dime&#8230;</p>
<p>-Desde que apareció su bella hija con ese par de elefantes, no puedo dormir esperando el amanecer para contemplarlos paseando majestuosamente por la playa.</p>
<p>Los había visto en viejos libros que de vez en cuando mi amigo el delfín me trae prestados, y desde el primer momento me subyugaron&#8230; </p>
<p>No sé si fue su grandeza frente a mi pequeñez, su expresión bonachona y sabia, su piel, que me recuerda la vieja corteza de un árbol milenario o las bellas historias que leí sobre ellos, pero sí sé que muchas veces he soñado despierto que podía tocarlos, subirme a uno de ellos y cabalgarlo, dejándome mecer por ese movimiento balanceante de su caminar&#8230;</p>
<p>Mouriño se había parado emocionado, temblando de sólo pensarlo&#8230;</p>
<p>Estrella sonrió dulce y nostálgicamente&#8230;</p>
<p>-Casilda te entenderá perfectamente, Mouriño. Desde niña siempre fueron los elefantes sus animales más queridos, por eso no pudo resistirse a traer consigo a la grandota Paqui y su chiquita Marta.</p>
<p>-Eso está hecho, amigo- aseveró el cuervo- Vente con nosotros y mañana mismo te cumplimos el antojo.</p>
<p>Mouriño quedó tan sorprendido que no supo qué responder.</p>
<p>Estrella, sin pronunciar palabra, extendió su mano abierta hacia el enano y él se subió a ella sin dudarlo.</p>
<p>Desandando el camino formaban un trío mágico&#8230; </p>
<p>Ya en la habitación, la meiga,  se apresuró a acomodarlo sobre el cojín de su mecedora.</p>
<p>-Tú duerme tranquilo, que ya te despertaré- se apresuró a aconsejar Maruxo&#8230;</p>
<p>-No creo que consiga hacerlo, señor cuervo. Es la primera noche que de mi cueva me ausento, y eso es duro, aunque sea para realizar un sueño&#8230;</p>
<p>-También es hermoso velar un sueño, Mouriño&#8230; Y usted, don Quijote, debe saberlo- se aprestó a ironizar Estrella.</p>
<p>- Entre todos danme tanto traballo que non me queda tempo para soñar -refunfuñó el cuervo.</p>
<p>-¡Pobriño, pobriño meu corvo queridiño!- se burló despiadada Estrella.</p>
<p>-Estasme buscando&#8230;-graznó por lo bajito mientras remontaba el vuelo.</p>
<p>Estrella regresó a la taberna. Tenía que explicarle a su hija el deseo de Mouriño y quería</p>
<p>rogarle a Paqui que colaborara en la realización de aquel sueño.</p>
<p>Cuando entró en la bodega, lo que vio le desbordó de ternura el corazón.</p>
<p>Paqui amamantaba a su pequeña, mientras le cantaba una nana&#8230;</p>
<p>Mi dulce elefanta</p>
<p>me encanta</p>
<p>Se duerme tranquila</p>
<p>en cualquier esquina</p>
<p>Su mamá elefanta</p>
<p>le canta</p>
<p>Se cierran los ojos</p>
<p>sin echar cerrojos</p>
<p>La trompa se alarga</p>
<p>y hace de bufanda</p>
<p>Se guardan colmillos</p>
<p>en par de bolsillos</p>
<p>Y se sueñan cuentos </p>
<p>de bellos momentos</p>
<p>Nubes de colores</p>
<p>y  playas con flores.</p>
<p>Estrella decidió que mañana sería otro día&#8230;y que por hoy, se iba a dormir después de hablar con Casilda&#8230;</p>
<p>Cap XII en <a href="http://sociedadpajaril.net/">Sociedad Pajaril La Aurora</a></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Recuerdos</title>
		<link>http://sociedadpajaril.net/muralla/2005/08/11/recuerdos/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2005 10:25:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Dedicado a mi madre, a mis hermanas Mary e Iris y a mi hija Mad: Todas ellas &#8220;mi casa&#8221;

Capítulo X

Cuando Estrella desaparece, Maruxo siempre sabe encontrarla&#8230;
La vio partir muy de mañana, sin sonreir, con huellas de lágrimas en la cara.
Esperó unas horas. El sabe mucho de los desahogos del alma humana.
Cree que ya es hora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/ponte031.jpg " alt="" /><br />
Dedicado a mi madre, a mis hermanas Mary e Iris y a mi hija Mad: Todas ellas &#8220;mi casa&#8221;</p>
<p><strong>
<div align=center>Capítulo X</div>
<p></strong></p>
<p>Cuando Estrella desaparece, Maruxo siempre sabe encontrarla&#8230;</p>
<p>La vio partir muy de mañana, sin sonreir, con huellas de lágrimas en la cara.</p>
<p>Esperó unas horas. El sabe mucho de los desahogos del alma humana.</p>
<p>Cree que ya es hora de rescatarla de la tristeza y la añoranza&#8230;</p>
<p>De un rápido vuelo se planta sobre uno de los árboles que dan sombra al viejo puente, y tal como esperaba, allí está Estrella.</p>
<p>Sentada a la orilla del río, con los pies sumergidos en sus aguas claras&#8230;</p>
<p>Baja a su hombro y lee en su cuaderno los tristes versos que esperaba:</p>
<p><strong>Una espesa niebla cubre el mar&#8230;<br />
Borra su humedad sueños y esperanzas.<br />
Hoy no alcanza la magia&#8230;<br />
Solo trae recuerdos, añoranzas,<br />
rastros perdidos, pero no olvidados.<br />
Trozos de vida para siempre enterrados.</p>
<p>Una espesa niebla cubre el mar&#8230;<br />
Araña la tierra y agita las calmas.<br />
Hoy no alcanza la magia&#8230;<br />
Vuelven a sangrar viejas heridas,<br />
siempre abiertas, jamás curadas.<br />
Rasga  el velo que las cubría<br />
y pudre el musgo que las tapaba.</p>
<p>Una espesa niebla borra el mar&#8230;<br />
Y se van con él ansias de bonanza,<br />
claridades nuevas en oscuras playas.<br />
Azules hortensias pudren ya sus aguas.<br />
Vuelan las gaviotas sus nubes amargas<br />
y la vida huye en un mar sin calma.</strong></p>
<p>-Hola, Maruxiño. Gracias por venir. Te necesitaba.</p>
<p>-Ya lo sabía, miña meiga, por eso estoy aquí, para llevarte a casa.</p>
<p>-A casa&#8230;qué lejos en el tiempo y en el espacio está ya la casa&#8230;</p>
<p>-¿Por qué cando che ven a tristura buscas sempre esta ponte?</p>
<p><strong>-Porque en ella y en sus fotos, estuvo por última vez a “miña casa”</p>
<p>Porque aquí encuentro la sombra que me envuelve y que me abraza. </p>
<p>Porque fue aquí donde juntas sonreímos y nos sentimos, como siempre,  hermanas&#8230;</p>
<p>Porque aquí aún puedo recordar nuestras risas y no nuestras lágrimas&#8230;</p>
<p>Aquí  vuelvo a sentir la belleza de recuerdos que nutren mi alma&#8230;</strong></p>
<p>-Pues ya está bien. Recoge el alma, que Casilda y sus bichos te reclaman&#8230;¿No escuchas acaso el griterío de las gaviotas que huyen espantadas ante los “monstruos” que se pasean por la playa?</p>
<p>-Caray, Maruxo, pero si casi hablas en verso&#8230;</p>
<p>-Si no lo hago es porque no quiero. No lo dudes, rapaza.</p>
<p>-Rapaza&#8230;¡Quién lo fuera un poco más y retornara a otros tiempos, no mejores, pero si llorados&#8230;!- rio Estrella ante la “humildad” de Maruxo.</p>
<p>-Por cierto- graznó Maruxo, mientras retornaban- Creo que Mouriño quiere verte de nuevo&#8230;</p>
<p>-Lo veré encantada&#8230;.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Patiñas</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2005 04:01:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>muralla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Casilda y Estrella]]></category>

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		<description><![CDATA[
Cap. VIII
Estrella contemplaba el atardecer sentada en la playa, cuando en un revuelo apareció Maruxo y se acomodó en su falda.
-Hoy hay luna llena, paisana, es una noche mágica, así que si apareces por el faro un poco antes de la madrugada, te presentaré a Mouriño, que le hablé de ti y quiere consultarte.
-¿Consultarme qué..?
-¡Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sociedadpajaril.net/muralla/wp-content/imagenes/Patias_02.jpg " alt="" /></p>
<p>Cap. VIII</p>
<p>Estrella contemplaba el atardecer sentada en la playa, cuando en un revuelo apareció Maruxo y se acomodó en su falda.</p>
<p>-Hoy hay luna llena, paisana, es una noche mágica, así que si apareces por el faro un poco antes de la madrugada, te presentaré a Mouriño, que le hablé de ti y quiere consultarte.</p>
<p>-¿Consultarme qué..?</p>
<p>-¡Y yo que sé! Le dije que eras medio meiga y me dijo: “Justamente lo que andaba buscando”</p>
<p>-No debías haberle mentido, meu corvo, pero allí estaré, para conocerlo y ayudarlo si puedo, aunque sólo sea una mortal normal y corriente&#8230;</p>
<p>-Sí, sí, totalmente normal y corriente&#8230;-y desapareció graznando con una sorna que a Estrella casi le produjo enfado.</p>
<p>Lo cierto es que la dejó picada por la curiosidad  hasta tal punto que no disfrutó como acostumbraba de la belleza del ocaso.</p>
<p>Después de la cena subió a su cuarto y se dispuso a leer y escribir al pie de la ventana, esperando la hora de la cita con aquel personaje, con la misma ilusión e incertidumbre que debe producir eso que llaman “una cita a ciegas”</p>
<p>Cuando calculó que la madrugada estaba a punto de llegar, bajó al puerto, caminó por el borde del malecón y llegó al final, donde estaba el pequeño faro.</p>
<p>Se sentó en una de las piedras y se dispuso a esperar.</p>
<p>-¡Eh, eh, Meiga ! ¡ Estamos aquí…!</p>
<p>Reconoció el graznido del cuervo y lo vio posado detrás de una piedra que le tapaba de la luz del faro.</p>
<p>A su lado, un pequeño hombrecillo, de más o menos su tamaño, le miraba con sus grandes ojos de agua, el negro pelo recogido en una cola y el cuerpo embutido en un elegante frac.</p>
<p>Su tez, muy oscura, parecía claramente el origen de su nombre.</p>
<p>-Aquí tes a Mouriño, Estrella. E ti aquí tes á Meiga.</p>
<p>Mouriño, muy caballeroso le besó la mano con una graciosa reverencia. Era el enano más galante y educado que nunca conociera Estrella&#8230;</p>
<p>-Hola, señora. Tenía ganas de hablar con usted desde que Maruxo me explicó quién era- dijo con un dulce acento extranjero.</p>
<p>-Pues tú dirás, rapaz, pero no esperes mucho, aunque haré lo que pueda&#8230;</p>
<p>-Hace tiempo que no sé como solucionar el problema de un viejo amigo. Es un  pez al que aprecio mucho y al que me duele verlo desde hace algún tiempo triste y abatido. Y a eso añádale todo el estrés que cuidar de él me produce&#8230;</p>
<p>-Pero enséñaselo, hombre- graznó un poco enfadado Maruxo, que a veces se cansaba de los circunloquios del amigo.</p>
<p>-Ven, Patiñas- dijo mientras tiraba de un fino hilo de plata que agarraba con su mano izquierda.</p>
<p>Ante ella apareció Patiñas, un diminuto pez azul, con cara de asombro que caminaba despacio y con un balanceo nada extraño a causa de sus patas.</p>
<p>Estrella disimuló su asombro, por no herir al pez, y esperó a que Mouriño continuara.</p>
<p>-Se enamoró de un lagarto que vive en la Creba cuando un día vislumbró sus colores y  su larga lengua, y creyó que con unas patitas podría seguirlo peñas arriba, decirle palabras amorosas y conquistarlo, así que se fue a ver a Sabela, la sirena que habita la roca de Fisterra y le pidió el favor. </p>
<p>Sabela, que es un pedazo de pan, pero sólo puede conceder un deseo por ser vivo, después de asegurarse de que era eso lo que en verdad quería, le realizó el hechizo, y aquí tenemos a Patiñas, con patas para correr detrás del lagarto, pero sin pulmones para hacerlo fuera del agua, así que ya está el lío organizado.<br />
Los primeros días todo su afán era escalar las piedras e ir en su búsqueda, y un día casi muere en el intento, pues subió tan entusiasmado y tan arriba que se olvidó de que fuera del agua no respiraba.<br />
Gracias a que me avisó Maruxo y pude salvarlo, no sin esfuerzo, créame, y devolverlo al agua.</p>
<p>-No, si a aquest  bon home, bojos per a omplir el manicomi de Conxo, no li faltarien pas, no&#8230;- advirtió Maruxo, al que oía hablar por primera vez en catalán.</p>
<p>Y ante su cara de sorpresa, añadió rápidamente:  </p>
<p>-El catalán sólo lo entiendes tú. Para que luego digas que no soy discreto&#8230;</p>
<p>-Eres más sorprendente que discreto, pero me encantas, malandrín.</p>
<p>Estrella, tímidamente, se atrevió a preguntar:</p>
<p>-Pero, ¿consiguió lo que quería? ¿enamoró al lagarto?</p>
<p>-¿Lo que quería? ¿Usted qué cree? Se hartó de estudiar poemas de amor que le enseñó un poeta delfín que pasa muchas horas leyendo en la sumergida biblioteca de Alejandría, se quedó ronco recitándolos por todas las piedras de la Creba, gritó mi nombre, pidiendo auxilio, miles de veces y al final sólo consiguió que el colorido lagarto le largara un enorme lametón e intentara comérselo, ya no sé si porque tenía hambre o porque estaba hasta el sombrero de oírlo  recitar todo el día, que ya sabe usted que lo poco falta, pero lo mucho llena&#8230;</p>
<p>-Meu pobriño- suspiró Estrella- No me extraña que se le quedara esa cariña.</p>
<p>-Esa cariña, sí, porque el pobre está desesperado, ya que después del desengaño, descubrió que las patiñas, dentro del mar, sólo son un estorbo y todo su afán es escapar  a la piedra más alta y esperar allí la hora funesta.<br />
Por eso lo llevo atado, para que no se me vaya en busca de la muerte, que ya no del lagarto&#8230;</p>
<p>-Si fuera cosa o enfermedad de animales haría venir a Casilda que es una entendida  veterinaria, y que sabe más por lo que los ama y ellos le cuentan, que por todo lo estudiado, pero siendo cosa de hechizos, habrá que meditarlo.</p>
<p>-¿Por qué crees que te dije que tenía que ser hoy, que es luna llena, la primera del verano?- Se quejó Maruxo.</p>
<p>Se produjo un tenso silencio dónde sólo se oían los hondos y quejosos suspiros de Patiñas, mezclados con el leve susurro del calmado mar entre las peñas.</p>
<p>Estrella recorría los más lejanos recodos de su memoría, e incluso logró penetrar en la de su abuela, una afamada meiga conocedora de todos los secretos. Y allí en el desván  del alma añorada, encontró al fin lo que creía podría ser la solución buscada.</p>
<p>-Ya lo tengo, pero será imprescindible tu colaboración, Maruxo.</p>
<p>-Aquí estou, pro que faga falta- se aprestó a decir el cuervo.</p>
<p>-Has de ir río Tambre arriba y hablar con Teodora, la bella sirena de río que habita el viejo molino de Ponte Maceira. Tengo oído a mi abuela que el hechizo de una sirena sólo puede romperlo otra sirena que habite y reine en otras aguas. Ella me conoce y es la que tenemos más cerca. Así que vete de mi parte, explícale el caso y dile que tenga a bien escribirte las palabras que rompen el hechizo y me conceda a mí, Estrella, el don de pronunciarlas.</p>
<p>La marcha de Maruxo fue tan rápida que podía parecer que no había escuchado las últimas palabras.</p>
<p>Mouriño, Patiñas y Estrella quedaron a la espera. El tiempo se les hacía eterno conscientes como eran de que el alba se acercaba y con su llegada desaparecería el hechizo de la luna llena.</p>
<p>Estaba a punto de clarear cuando apareció el cuervo con una hoja de castaño en la boca.<br />
La Meiga la cogió rápidamente y leyó en voz alta las palabras que Teodora había escrito en ella con una varita de junco florido: </p>
<p><em>Pies del aire que no sirven para cruzar el mar<br />
Iros por dónde habéis venido que o peixe é para navegar.</em></p>
<p>En el mismo momento, Patiñas volvió a ser un pez, recobró su sonrisa, miró a Mouriño que ya lo había liberado de su atadura de plata, y guiñándole un ojo y haciéndonos a todos una reverencia, saltó al agua gritando:</p>
<p>-¡Gracias, muchas gracias y hasta la próxima!!!<img alt="Meigas2_3_6" title="Meigas2_3_6" src="http://muralla.blogs.com/photos/uncategorized/meigas2_3_6.jpg" border="0" style="float: right; margin: 0px 0px 5px 5px;" /></p>
<p>-¡Pues de la próxima te va a librar tu padre, tarambana!- le contestó Maruxo.</p>
<p>Mouriño besó la mano de Estrella, y le dijo con una amplia sonrisa:</p>
<p>-Tenía razón Maruxo, es usted una sabia meiga. Muchas gracias.</p>
<p>-Ay, Mouriño, ni soy sabia ni soy meiga, soy simplemente un poco vieja&#8230;</p>
<p>Pero, el enano, con un simple ¡hasta la vista!, había desaparecido cabalgando la luz del faro como un místico corcel.</p>
<p>El cuervo se posó en el hombro de Estrella y los dos se dispusieron a despedir juntos la luminosa y redonda luna llena&#8230;</p>
<p>Dedicado a<a href="http://peonza.bitacoras.com/"> El Niño</a>, autor de los preciosos dibujos.</p>
<p>Cap. IX en <a href="http://sociedad_pajaril_la_aurora.blogs.com/la_aurora/">Sociedad Pajaril La Aurora</a></p>
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