Felicidad
Quizás la felicidad es este mar plomizo…
quizás es vislumbrar la alegría que se avecina.
Presentir asomarse una sonrisa…
ver crecer el sol entre las nubes
y saber que la lluvia será de arcoiris.
Quizás la felicidad es este mar plomizo…
quizás es vislumbrar la alegría que se avecina.
Presentir asomarse una sonrisa…
ver crecer el sol entre las nubes
y saber que la lluvia será de arcoiris.
Currículum
” El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente
usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica
usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros
usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío
entonces
usted muere. “
Mario Benedetti
“La vida es asumir y renunciar. Sobre todo renunciar.
Es quedarte con las cuatro cosas esenciales “
Emma Vilarasau (actriz )
Es descubrir cada día como el primero y el último de nuestra vida, renunciando así al pasado y al futuro.
Es notar el peso de la vida como lo nota la espiga al dorarse, sabiendo que ese peso la llevará a ser harina…

Lo más preciado que podemos donar es nuestro contacto.
Dejar que sea nuestra propia piel la que conozca y transmita.
Por eso, algunas veces, nos cuesta tanto hacer esa donación de tocar y acariciar.
Llevamos demasiado tiempo contemplando imágenes de inmigrantes doloridos y dolorosos, asustados o muertos.
Tanto, que quizás nuestras retinas ya se han acostumbrado a ellas.
Algunas veces, pocas, se han colado imágenes de bañistas ayudando y consolando al que acaba de llegar agotado y vencido. Esa visión nos ha consolado, tal vez porque nos ha hecho sentir la piedad del hermano.
Esta foto, aparecida en la prensa en días pasados, me resulta diferente, especial.
Es la de una cooperante que despide a unos refugiados que son enviados a la Peninsula.
Les da el abrazo verdadero de alguien que conoce, ayuda y acompaña.
Despide y, en su despedida, parece dejar sobre el hombro amigo un conjuro bienhechor de felicidad y suerte, de amor y hermandad.
Ella ha entendido que no sólo de pan vive el hombre.
También necesita de la ternura.