La Muralla » 2006 » Octubre

La Muralla

31 Octubre 2006

Hola, otoño

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.

foto Carmiña

El otoño trajo sus colores cálidos y calienta el corazón preparado ya para el frío del invierno.

Ascienden los amarillos y tiñen las hojas para que reposen en el color de la tierra sin herirla.

Avanza inexorable la muerte en el tiempo de la vida entonando una canción de adioses.

Encierro en mi alma todas las hojas que van cayendo inexorables mientras conservo su tacto suave en la palma de mi mano y aspiro el suave olor que aún conserva su tez marchita.

Quiero sentirme de nuevo niña y pasearme por la seguridad que me daba su antigua primavera.

Consigo dormirme unos minutos cogida de su mano y trasciendo el tiempo y el espacio acunando recuerdos en su alfombra roja que nutrirá la tierra.

Poco a poco pongo bajo llave su gama de colores y dibujo un corazón sembrado de romero para que sea su guardián y marque mi tiempo de espera.

8 Octubre 2006

El abrazo

Publicado por muralla y archivado en: A recordar.

Lo más preciado que podemos donar es nuestro contacto.

Dejar que sea nuestra propia piel la que conozca y transmita.

Por eso, algunas veces, nos cuesta tanto hacer esa donación de tocar y acariciar.

Llevamos demasiado tiempo contemplando imágenes de inmigrantes doloridos y dolorosos, asustados o muertos.

Tanto, que quizás nuestras retinas ya se han acostumbrado a ellas.

Algunas veces, pocas, se han colado imágenes de bañistas ayudando y consolando al que acaba de llegar agotado y vencido. Esa visión nos ha consolado, tal vez porque nos ha hecho sentir la piedad del hermano.

Esta foto, aparecida en la prensa en días pasados, me resulta diferente, especial.

Es la de una cooperante que despide a unos refugiados que son enviados a la Peninsula.

Les da el abrazo verdadero de alguien que conoce, ayuda y acompaña.

Despide y, en su despedida, parece dejar sobre el hombro amigo un conjuro bienhechor de felicidad y suerte, de amor y hermandad.

Ella ha entendido que no sólo de pan vive el hombre.

También necesita de la ternura.