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La Muralla

24 Septiembre 2006

La imagen de un lugar

Publicado por muralla y archivado en: Disfrutes.

foto de Carmiña

Lo que más me reconcilia con mi propia muerte es la imagen de un lugar: un lugar en el que tus huesos y los míos sean sepultados, tirados, desenterrados juntos. Allí estarán desperdigados en confuso desorden. Una de tus costillas reposa contra mi cráneo. Un metacarpio de mi mano izquierda yace dentro de tu pelvis. (Como una flor, recostado en mis costillas rotas, tu pecho.) Los cientos de huesos de nuestros pies, esparcidos como la grava. No deja de ser extraño que esta imagen de nuestra proximidad, que no representa sino mero fosfato de calcio, me confiera un sentimiento de paz. Pero así es. Contigo puedo imaginar un lugar en donde ser fosfato de calcio es suficiente.

Sólo alguien como John Berger puede escribir algo tan bello

18 Septiembre 2006

La vuelta

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.

foto de Carmiña

“Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana: el ansia insaciable e innúmera de ser siempre el mismo y otro.”
(Fernando Pessoa)

Eso mismo ocurre al final del verano.

El viaje de vuelta se convierte en un desear quedarse y un anhelo de marchar.

Es el juego del tiempo, un juego finito dentro de su infinitud.

Cerré la ventana al mar y dije adiós a la querida sierra del Barbanza donde este verano no vi yeguas con potrillos.

Mandé un abrazo a la pareja de nutrias que vinieron de noche a verme pescar y me despedí sonriendo del trío de cuervos que me decían adiós con su graznar.

Vislumbré la figura gris de la garza real en el lodazal de la ría y emprendí un camino bordeado de negros y tristes cementerios de bosques quemados.

Fue la primera vez en muchos años que dije adiós sin llorar.

Hay muchas cosas que no entiendo o quizás no quiero entender… porque me duelen demasiado.

Es largo el viaje.

Barcelona está lejos, pero ya se acerca.

Millones de luces me reciben y un húmedo calor me apresa.

Lametones caninos me acarician y alejan de mi recuerdo aullidos de dolor.

Un abrazo joven y una sonrisa vieja me acunan y me dicen que sigo siendo otra y la misma a la vez.