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La Muralla

9 Febrero 2006

Lilas

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.

foto de Carmiña

La lila es, tal vez, la flor con mayor abundancia de asociaciones femeninas. Viene del este de Europa y fue implantada en el oeste en el siglo XVI. Una flor eslava.

    Quizás por eso tienen ese color claro, suave, desvaído, de luz acariciante que desea llegar suavemente, sin hacerse notar, pero sí sentir…

Una vez me dijiste que el aroma de las lilas no distaba mucho del olor de las vacas en el establo. Ambos huelen a paz e indecisión.

    Vacas, ojos grandes llenos de mansedumbre y nostalgia, dejándose acariciar por el verde del prado y el agua que cae mansamente.
    Olores a casa, a origen y fin de los días, a niebla y a heno.

    Lilas, racimos de ojos luminosos que robaron color al sol.

    Me gusta que el poeta os haya emparejado, vacas y lilas, porque hacéis la más hermosa pareja que se pueda componer.

    Una sonrisa me recorre acariciante sólo con imaginarte, hermana vaca, adornada con un collar de lilas…

Los días se van haciendo más largos, y por la tarde me siento a leer en la cocina sin necesidad de encender la luz. En el alféizar de la ventana hay una jarra con un ramo de lilas que corté en el jardín de un amigo. Tienen un color pálido; el color de una camiseta azul marino desteñida por muchos lavados…

    Sí, los días se van haciendo más largos.

    No tengo en mi ventana un ramo de lilas y sin embargo añoro su color en aquella nube lejana que perdió su azul en el mar.

    Y añoro la lluvia que quedó prendida de sus flores con el aroma dulzón de los recuerdos.

Cuando levanté la vista hace un momento, a la luz ya débil del atardecer, el ramo de lilas parecía una colina cuyos árboles en flor se fundieran en el crepúsculo. Estaban desapareciendo.

    Al igual que desaparecían de mi vista las verdes cotorras que hacían su última parada en las ramas desnudas de los árboles.

    Y el Tibidabo comenzaba a iluminarse…

    Y el corazón a llenarse de nostalgias mientras intenta empujar los días para que así llegue antes el tiempo
    de las lilas…

El texto en cursiva es un fragmento de John Berger

6 Febrero 2006

Conto

Publicado por muralla y archivado en: Historias.

En una tarde de frío y nostalgias, hojeo un viejo regalo.

Es el número 71 de la Revista Nós, datada en Ourense, o 15 de Outono de 1929.

En ella se da cuenta de la muerte del galleguista Antón Lousada Diéguez y se publican algunas de sus páginas inéditas.

Una de ellas es ésta, que lleva por título,

Un conto.

  • Boteime a camiñar pol-o ceo, brincando d’estrela en estrela, correndo pol-as estradas d’a lúa e dos ensoños.

    Respiraba n’o aire da Terra. Un amigo díxome qu’estaba cabeza a abaixo c’un pé n’ó Pegaso y-outro no Cisne e c’os beizos y-os ollos n’un anaco d’Europa.

    Seguín brincando d’estrela en estrela. Caín n’un cometa que me serviu de skis por algún tempo.

    Sentinme liberado. Cheguei a comprender que o mais grande movimento é a profunda e infinida quietude.

    Os meus pés foron trazando a mais longa estrada qu’un xenial inxenieiro pudo maxinar. Mais eu seguía respirando o aire da Terra, y-os meus ollos aínda vían a nosa paisaxe y -as mulleres y –as nosas miserias…

    Aínda oía falar ós faladores e sentía nos beizos o aire das cidades… Petaba o meu alento na miseria.

    Bulín moito mais, fixen c’o meu camiñar unha infinita órbita, brinquei por riba da Águia e de Sirio… Cheguei a cansar… Tiña razón o meu amigo.

    A miña cabeza estaba na Terra, sempre na Terra, y–era o inconmovibel centro d’a órbita qu’eu fixera.

    Eu era un home e nin as estrelas, nin os cometas podían arrincar a miña testa da Terra pra leval-a ó Ceo. Para bicar ó Ceo e respirar no cumio era preciso que os meus pés se asentasen na Terra e que camiñase moito pol-o mundo.

    1. Me eché a andar por el cielo, brincando de estrella en estrella, corriendo por las carreteras de la luna y de los ensueños.

      Respiraba en el aire de la Tierra. Un amigo me dijo que estaba cabeza abajo con un pie en Pegaso y el otro en Cisne y con los labios y los ojos en un rincón de Europa.

      Seguí brincando de estrella en estrella. Caí en un cometa que me sirvió de skis por algún tiempo.

      Me sentí liberado. Llegué a comprender que el mayor movimiento es la profunda e infinita quietud.

      Mis pies fueron trazando la más larga carretera que un genial ingeniero pudo imaginar.

      Pero yo seguía respirando el aire de la Tierra, mis ojos aún veían nuestro paisaje, sus mujeres y nuestras miserias… Todavía oía hablar a los charlatanes y sentía en los labios el aire de las ciudades… Chocaba mi aliento en la miseria.

      Me moví mucho más, tracé con mi caminar una órbita infinita, brinqué por encima de Águila y Sirio… Me cansé… Tenía razón mi amigo.

      Mi cabeza estaba en la Tierra, siempre en la Tierra, y era el inconmovible centro de la órbita descrita.

      Yo era un hombre y ni las estrellas, ni los cometas podían arrancar mi cabeza de la Tierra para llevarla al Cielo.

      Para besar el Cielo y respirar en la cumbre era preciso que mis pies se asentasen en la Tierra y que caminase mucho por el mundo.

    1 Febrero 2006

    Huertos urbanos (2)

    Publicado por muralla y archivado en: Disfrutes.

    En pleno barrio del Raval se mantiene en pie este hermoso monasterio románico fundado antes del 911 por el conde Guifré II

    Sant Pau

    Destruido por Almanzor en el 985, fue restaurado por la comunidad entre los siglos XI y XII.

    En 1835 se convirtió en parroquia y sus dependencias albergaron primero una escuela y más tarde un cuartel.

    Fue declarado monumento histórico-artístico de Cataluña en 1879.

    Además de la última restauración, iniciada en el 2002, ya había sido restaurado entre 1896 y 1907.

    Sant Pau del Camp debe su nombre a la zona en la que estaba situado, ocupada por huertos.

    El monasterio consta de iglesia de planta griega y de un claustro

    Claustro Sant Pau

    de pequeñas dimensiones de planta cuadrada que data del siglo XIII.

    La fachada tiene una portalada enmarcada por una columna a cada lado con capiteles de mármol visigodos y un relieve de Cristo Majestad.

    fachada

    En noviembre del 2004 escribí Huertos urbanos (1).

    Hoy, leo en El Periódico, que el distrito del Raval ha concedido 9 parcelas de 10 por 4 metros a otros nueve jubilados que pasarán a engrosar los 172 que trabajan en huertos municipales de Barcelona.

    Esta vez, los huertos y sus labriegos, tendrán el privilegio de estar a la sombra de ese viejo y hermoso monasterio.

    Uno de ellos ya compró 150 lechugas, 500 cebollas y 150 coles, y se apresuró a aclarar: Me las arreglaré para que quepa todo.

    Será hermoso contemplar de nuevo huertos y monasterio.

    Descubrir que los unos y el otro se complementan.

    Que Sant Pau mantiene la hermosura y explendor de siglos y los huertos la ganan por el amor que en ellos pondrán unos ancianos.

    Estos huertos serán los primeros que florecerán en el corazón de la ciudad, ahí, a un paso de las Ramblas…

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