La Muralla » 2005 » Septiembre

La Muralla

19 Septiembre 2005

El tiempo, el implacable

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.


Dibujo de El Niño

Acabo de pasar por la blog de Odyseo y leer su post “El tiempo y las ausencias”.

Su lectura me trajo a la mente el artículo de Manuel Vicent, Territorio, que publica hoy El Pais, y que también habla del tiempo.

Creí que, su publicación, era la mejor manera de estrenar mi casa.

Él, como yo, está en el otoño de la vida, pero sus sabias y, como siempre, bien hilvanadas palabras, merecen ser meditadas a cualquier edad.

“El tiempo también es un territorio.

A cierta edad el tiempo que te quede por vivir será tu único patrimonio.

Mientras seas joven no pasa nada si ese patrimonio lo cedes de buen grado a otra persona, si lo malgastas o, incluso, si permites que cualquier idiota te lo arrebate.

La vida te dará todavía algunas oportunidades para recuperarlo.

Pero cuando el caudal empiece a agotarse no deberás permitir que nadie interfiera, fiscalice o coarte ese tiempo de tu exclusiva propiedad.

Cualquiera puede ser rey de ese territorio invisible, sólo que para llegar a dominarlo hay que dar un golpe de Estado: si pierdes esa batalla ya no serás nadie.

Un día, tal vez a causa de una depresión o porque el dedo de un ángel te haya tocado la frente, tendrás la evidencia del valor del tiempo que te queda antes de disolverte en el espacio.

Será lo más parecido a una revelación.

De pronto, descubrirás un hecho tan simple como éste: que la vida te pertenece a ti y a nadie más.

Debes saber que nadie te va a agradecer el haber cedido la soberanía si no fue por tu gusto y placer.

Habrás sido un esposo fiel, un padre ejemplar, una hormiga de oro para la empresa y un ciudadano honorable, pero no serás el tipo que un día decidió ser libre, ya que el tiempo también es la libertad.

A partir de una edad no intentes volar en un ala delta ni correr los cien metros lisos a menos que te pongan un féretro en la meta.

Hay retos más difíciles que uno debe afrontar cuando ya se divisa un gato negro en la línea del horizonte.

Dios creó el tiempo, pero dejó que nosotros hiciéramos las horas.

Ese pequeño territorio de cada día será imposible de gobernar si el tiempo no es tuyo y no eres tú quien marca las horas para regalarlas y compartirlas con esa clase de personas que te hacen crecer por dentro.

Esa dádiva también será tu salvación.

Estas cosas le decía el Maestro al discípulo mientras paseaban una noche muy oscura por una ciudad abandonada.

Al llegar a una plaza el discípulo creyó que había salido la luna llena sobre los tejados, pero sólo era la esfera iluminada del reloj de una torre, donde también había una veleta oxidada en forma de gallo.

En ese momento sonaron doce campanadas y el maestro le hizo observar al discípulo que aquel reloj no tenía agujas ni números. Su esfera parecía la córnea de un ojo que les miraba en la oscuridad.

El tiempo también es el silencio, de modo que a una edad lo más sabio a veces es callar, pero nunca obedecer, dijo el Maestro.

El gallo oxidado de la veleta cantó anunciando la madrugada.”

18 Septiembre 2005

Nueva casa

Publicado por muralla y archivado en: Sonrisas.

Estrenar una casa nueva es siempre como si la vida te diera otra oportunidad.

Me encanta.

Siempre me ha encantado y lo haría a menudo si pudiera…

Me gustaría recibiros en una de mis playas, frente al mar, rodeada de hortensias azules, cuervos y delfines…

Me gustaría tantas cosas…pero sólo os puedo dejar la misma flor que cierra mi anterior casa.

Es una flor bicolor que fotografié este verano en el puebliño.

Una flor silvestre, común, con toda la belleza de las cosas sencillas. La misma que desearía hacer llegar a todos vuestros corazones con mi bienvenida más sincera.

Y una foto…

Otra foto para que os sintáis relajados y desde esta casa nueva contempléis el mar, mi mar, nuestro querido mar…

16 Septiembre 2005

Sabiduría del pobre

Publicado por muralla y archivado en: Sonrisas.

Leyendo la noticia de la presentación del libro: “Díez-Alegría, un jesuita sin papeles” aparecida en El País de hoy, me llama la atención, una anécdota que destacó el presentador y que aparece en el libro.

Creo que encierra todo un mundo de sabiduría que sólo es fácil encontrar entre los “desheredados” de la Tierra.

“Una catequista de mujeres adultas en Andalucía se topó con una joven muy pobre, casada y con hijos, que se había ido a vivir con un viejo.

-Mujer, tienes que volver, no puedes seguir con el viejo.

-Pues claro que sí, señorita.Pero es que el viejo se va a morir en seguida, y me voy a quedar con una casica muy apañada, me traigo a mi marido y a mis hijos, y problema resuelto.

-Pero, mujer, es que eso es contra la ley de Dios.

La mujercita, con convicción:

-No, señorita, si yo con el Señor no tengo dificultad. Yo le digo al Señor: Señor, tú me perdonas a mí y yo te perdono a tí, por tenerme tan pobre, y estamos en paz”

******************************************************

Libros - Díez-Alegría. Un Jesuita sin papeles

Autor: Pedro Miguel Lamet
Colección: Biografias y memorias
Páginas: 300
Formato: 155 x 235

Sinopsis:
Díez-Alegría narra la fascinante vida del jesuita que fue expulsado de su orden por pensar diferente, por criticar algunos de los dogmas eclesiásticos y por ir contra los sectores más conservadores de la Iglesia.

Teólogo y escritor, hace treinta años abandonó ”a la fuerza” la Compañía de Jesús y se trasladó a una chabola en un barrio marginal de Madrid donde empezó su lucha a favor de los más necesitados.

Pedro Miguel Lamet nos descubre a este religioso combativo y sin pelos en la lengua que nunca traicionó sus principios.

“Lleno de vitalidad a sus 94 años de edad, el teólogo José María Díez-Alegría sigue siendo un auténtico revolucionario de la palabra y el pensamiento. Uno de esos personajes que van por delante de su tiempo, un católico reformista, amigo de lo políticamente incorrecto, que en otra época probablemente hubiera sido quemado por hereje.

Sus opiniones críticas sobre algunos de los grandes tabúes de la Iglesia —los temas candentes de la moral sexual, la propiedad privada, la infalibilidad, el marxismo, la Teología de la Liberación, entre otros—, manifestadas con candorosa sencillez, han levantado ampollas.

Todo ello, muy a su pesar, ha hecho de él un fustigador del catolicismo oficialista y uno de los artífices más valientes de la renovación que promulgó el Concilio Vaticano II.
El relato de su peripecia humana —llena de conflictos— es un acicate de libertad y optimismo”.

13 Septiembre 2005

Galeano, otra vez

Publicado por muralla y archivado en: A recordar.


En el diario El Mundo de hoy, aparece esta colaboración:

Las guerras mienten

Eduardo Galeano

Pero el motivo…indagó el señor Duval-. Un hombre no mata por nada.

-¿El motivo? –contestó Ellery, encogiéndose de hombros-.

Usted ya conoce el motivo. (Ellery Queen, Aventura en la Mansión de las Tinieblas).

Las guerras dicen que ocurren por nobles razones: la seguridad internacional, la dignidad nacional, la democracia, la libertad, el orden, el mandato de la civilización o la voluntad de Dios.

Ninguna tiene la honestidad de confesar: “Yo mato para robar”.

No menos de tres millones de civiles murieron en el Congo a lo largo de la guerra de cuatro años que está en suspenso desde fines de 2002.

Murieron por el coltán, pero ni ellos lo sabían.

El coltán es un mineral raro, y su raro nombre designa la mezcla de dos raros minerales llamados columbita y tantalita. Poco o nada valía el coltán, hasta que se descubrió que era imprescindible para la fabricación de teléfonos celulares, naves espaciales, computadoras y misiles; y entonces pasó a ser más caro que el oro.

Casi todas las reservas conocidas de coltán están en las arenas del Congo.

Hace más de 40 años, Patricio Lumumba fue sacrificado en un altar de oro y diamantes. Su país vuelve a matarlo cada día.

El Congo, país paupérrimo, es riquísimo en minerales, y ese regalo de la naturaleza se sigue convirtiendo en maldición de la Historia.

Los africanos llaman al petróleo mierda del Diablo.

En 1978, se descubrió petróleo en el sur de Sudán. Siete años después, se sabe que las reservas llegan a más del doble, y la mayor cantidad yace al oeste del país, en la región de Darfur.

Allí ha ocurrido recientemente, y sigue ocurriendo, otra matanza.

Muchos campesinos negros, dos millones, según algunas estimaciones, han huído o han sucumbido, por bala, cuchillo o hambre, al paso de las milicias árabes que el Gobierno respalda con tanques y helicópteros.

Esta guerra se disfraza de conflicto étnico y religioso entre los pastores árabes, islámicos, y los labriegos negros, cristianos y animistas.

Pero ocurre que las aldeas incendiadas y los cultivos arrasados estaban donde ahora empiezan a estar las torres petroleras que perforan la tierra.

La negación de la evidencia, injustamente atribuida a los borrachos, es la más notoria costumbre del presidente del planeta, que gracias a Dios no bebe una gota.

Él sigue afirmando, un día sí y otro también, que su Guerra de Irak no tiene nada que ver con el petróleo.

Nos han engañado ocultando información sistemáticamente”, escribía desde Irak, allá por 1920, un tal Lawrence de Arabia: “El pueblo de Inglaterra ha sido llevado a Mesopotamia para caer en una trampa de la que será difícil salir con dignidad y con honor”.

Yo sé que la Historia no se repite; pero a veces dudo.

¿Y la obsesión contra Chávez?

¿Nada tiene que ver con el petróleo de Venezuela esta frenética campaña que amenaza matar, en nombre de la democracia, al dictador que ha ganado nueve elecciones limpias?

Y los continuos gritos de alarma por el peligro nuclear iraní, ¿nada tienen que ver con el hecho de que Irán contenga una de las reservas de gas más ricas del mundo?

Y si no, ¿cómo se explica eso del peligro nuclear? ¿Fue Irán el país que descargó las bombas nucleares sobre la población de Hiroshima y Nagasaki?

La empresa Bechtel, con sede en California, había recibido en concensión, por 40 años, el agua de Cochabamba (Bolivia). Toda el agua, incluyendo el agua de las lluvias.

No bien se instaló, triplicó las tarifas. Una pueblada estalló, y la empresa tuvo que irse de Bolivia.

El presidente Bush se apiadó de la expulsada, y la consoló otorgándole el agua de Irak.

Muy generoso de su parte. Irak no sólo es digno de aniquilación por su fabulosa riqueza petrolera: este país, regado por el Tigris y el Eufrates, también merece lo peor porque es la más rica fuente de agua dulce de todo el Próximo Oriente.

El mundo está sediento. Los venenos químicos pudren los ríos y las sequías los exterminan, la sociedad de consumo consume cada vez más agua, el agua es cada vez más escasa.

Todos lo dicen, todos lo saben: las guerras del petróleo serán, mañana, guerras de agua. En realidad, las guerras del agua ya están ocurriendo.

Son guerras de conquista, pero los invasores no echan bombas ni desembarcan tropas. Viajan vestidos de civil estos tecnócratas internacionales que someten a los países pobres a estado de sitio y exigen privatización o muerte.

Sus armas, mortíferos instrumentos de extorsión y de castigo, no hacen bulto ni meten ruído.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dos dientes de la misma pinza, impusieron, en estos últimos años, la privatización del agua en 16 países pobres. Entre ellos, algunos de los más pobres del mundo, como Benín, Níger, Mozambique, Ruanda, Yemen, Tanzania, Camerún, Honduras, Nicaragua…

El argumento era irrefutable: o entregan el agua o no habrá clemencia con la deuda ni préstamos nuevos.

Los expertos también tuvieron la paciencia de explicar que no hacían eso por desmantelar soberanías, sino por ayudar a la modernización de los países hundidos en el atraso por la ineficacia el Estado.

Y si las cuentas del agua privatizada resultaban impagables para la mayoría de la población, tanto mejor: a ver si así se despertaba por fin su dormida voluntad de trabajo y de superación personal.

En la democracia, ¿quién manda? ¿Los funcionarios internacionales de las altas finanzas, votados por nadie?

A fines de octubre del año pasado, un plebiscito decidió el destino del agua en Uruguay.

La gran mayoría de la población votó, por abrumadora mayoría, confirmando que el agua es un servicio público y un derecho de todos.

Fue una victoria de la democracia contra la tradición de impotencia, que nos enseña que somos incapaces de gestionar el agua ni nada; y contra la mala fama de propiedad pública, desprestigiada por los políticos que la han usado y maltratado como si lo que es de todos fuera de nadie.

El plebiscito de Uruguay no tuvo ninguna repercusión internacional.

Los grandes medios de comunicación no se enteraron de esta batalla de la guerra del agua, perdida por los que siempre ganan; y el ejemplo no contagió a ningún país del mundo.

Éste fue el primer plebiscito del agua y hasta ahora, que se sepa, fue también el último.

La foto es un regalo de O Capitán

« Previous PageNext Page »