El viento había soplado toda la noche cálido y fuerte, pero el amanecer lo había calmado y la mañana se adivinaba calurosa y clara.
El mar, tranquilo y quieto, ni suspiraba…
En el bar de siempre, periódicos, libreta y cámara, me acompañaban.
De fondo, un murmullo de conversaciones con acento gallego me arrullaban.
De pronto, al pasar la vista por los hombres que se apoyaban en la barra, descubrí un rostro que, aunque nunca visto, me resultó conocido, familiar.
Fue como si se realizara un sueño esperado.
Hacía muy pocos días que Rafael, un poeta, un amigo de la red, había publicado una foto suya.
Y allí estaba.
Sólo cuando ya se iba me atreví a salir tras él y preguntarle:
-¿Eres Rafael?
-Sí.
-Yo soy Carmiña.
Nos abrazamos, nos sonreímos, nos sentamos, conversamos… como lo hacen nuevos pero ya viejos amigos que antes que el físico se han descubierto el alma.
Rafael es un hombre guapo y fuerte, moreno y atractivo donde los haya, pero para mí es por encima de todo, una tierna sonrisa y una ligera timidez que encierra un mundo de sensibilidad y de ternura.
La misma que aflora en sus poemas.
Descansa en un puebliño cercano al mío. Sobrevuela la ría siempre que puede y ama sus playas como nadie…
Fue corto el tiempo que nos dedicamos, pero la calidez del encuentro lo cubrió todo como un abrazo.
Ojalá que volvamos a encontrarnos.
Seguí leyendo y encontré un pequeño artículo en El Correo Gallego, escrito por Carmen Farreras, a propósito de un amigo poeta, que me pareció escrito para él:
“… Aun pisando con los pies en el suelo, mi amigo vive en lo alto, cerca de la transparencia y de la luz. Vive donde habitan los poetas, vive donde sólo pueden vivir algunos pájaros, alguna estrella vecina de las luciérnagas…”
“…me dejo mecer por sus versos que son olas que van a parar a mi corazón.”
“…ahora lo conozco mejor. Es un alma buena, sensible, libre, enamorada de la vida y del amor…”
“…Me gustaría ser la destinataria de tanto amor, de tanta pasión, de tanta vida…”
“…Siempre he soñado un amor así, tan entregado, tan hermoso, tan real y tan irreal a la vez.
Los poetas son de todos y de nadie, espíritus libres, y cuando deciden entregar a manos llenas el amor, lo hacen para siempre.”
Una niebla espesa fue cubriendo el mar y bañándolo todo.
El día quedó convertido en un tiempo fresco y relajante, mágico y hermoso como un poema.