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La Muralla

16 Agosto 2005

El Mundo

Publicado por muralla y archivado en: Sonrisas.

Siempre he admirado las letras de E. Galeano, por eso, releyéndolo sonrío y quiero compartir con vosotr@s mi sonrisa…

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia,pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

- El mundo es eso . reveló -. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales.

Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

E. Galeano (El Libro de los Abrazos)

11 Agosto 2005

Recuerdos

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.


Dedicado a mi madre, a mis hermanas Mary e Iris y a mi hija Mad: Todas ellas “mi casa”


Capítulo X

Cuando Estrella desaparece, Maruxo siempre sabe encontrarla…

La vio partir muy de mañana, sin sonreir, con huellas de lágrimas en la cara.

Esperó unas horas. El sabe mucho de los desahogos del alma humana.

Cree que ya es hora de rescatarla de la tristeza y la añoranza…

De un rápido vuelo se planta sobre uno de los árboles que dan sombra al viejo puente, y tal como esperaba, allí está Estrella.

Sentada a la orilla del río, con los pies sumergidos en sus aguas claras…

Baja a su hombro y lee en su cuaderno los tristes versos que esperaba:

Una espesa niebla cubre el mar…
Borra su humedad sueños y esperanzas.
Hoy no alcanza la magia…
Solo trae recuerdos, añoranzas,
rastros perdidos, pero no olvidados.
Trozos de vida para siempre enterrados.

Una espesa niebla cubre el mar…
Araña la tierra y agita las calmas.
Hoy no alcanza la magia…
Vuelven a sangrar viejas heridas,
siempre abiertas, jamás curadas.
Rasga el velo que las cubría
y pudre el musgo que las tapaba.

Una espesa niebla borra el mar…
Y se van con él ansias de bonanza,
claridades nuevas en oscuras playas.
Azules hortensias pudren ya sus aguas.
Vuelan las gaviotas sus nubes amargas
y la vida huye en un mar sin calma.

-Hola, Maruxiño. Gracias por venir. Te necesitaba.

-Ya lo sabía, miña meiga, por eso estoy aquí, para llevarte a casa.

-A casa…qué lejos en el tiempo y en el espacio está ya la casa…

-¿Por qué cando che ven a tristura buscas sempre esta ponte?

-Porque en ella y en sus fotos, estuvo por última vez a “miña casa”

Porque aquí encuentro la sombra que me envuelve y que me abraza.

Porque fue aquí donde juntas sonreímos y nos sentimos, como siempre, hermanas…

Porque aquí aún puedo recordar nuestras risas y no nuestras lágrimas…

Aquí vuelvo a sentir la belleza de recuerdos que nutren mi alma…

-Pues ya está bien. Recoge el alma, que Casilda y sus bichos te reclaman…¿No escuchas acaso el griterío de las gaviotas que huyen espantadas ante los “monstruos” que se pasean por la playa?

-Caray, Maruxo, pero si casi hablas en verso…

-Si no lo hago es porque no quiero. No lo dudes, rapaza.

-Rapaza…¡Quién lo fuera un poco más y retornara a otros tiempos, no mejores, pero si llorados…!- rio Estrella ante la “humildad” de Maruxo.

-Por cierto- graznó Maruxo, mientras retornaban- Creo que Mouriño quiere verte de nuevo…

-Lo veré encantada….

7 Agosto 2005

Encuentro

Publicado por muralla y archivado en: Sonrisas.

El viento había soplado toda la noche cálido y fuerte, pero el amanecer lo había calmado y la mañana se adivinaba calurosa y clara.

El mar, tranquilo y quieto, ni suspiraba…

En el bar de siempre, periódicos, libreta y cámara, me acompañaban.

De fondo, un murmullo de conversaciones con acento gallego me arrullaban.

De pronto, al pasar la vista por los hombres que se apoyaban en la barra, descubrí un rostro que, aunque nunca visto, me resultó conocido, familiar.

Fue como si se realizara un sueño esperado.

Hacía muy pocos días que Rafael, un poeta, un amigo de la red, había publicado una foto suya.

Y allí estaba.

Sólo cuando ya se iba me atreví a salir tras él y preguntarle:

-¿Eres Rafael?

-Sí.

-Yo soy Carmiña.

Nos abrazamos, nos sonreímos, nos sentamos, conversamos… como lo hacen nuevos pero ya viejos amigos que antes que el físico se han descubierto el alma.

Rafael es un hombre guapo y fuerte, moreno y atractivo donde los haya, pero para mí es por encima de todo, una tierna sonrisa y una ligera timidez que encierra un mundo de sensibilidad y de ternura.

La misma que aflora en sus poemas.

Descansa en un puebliño cercano al mío. Sobrevuela la ría siempre que puede y ama sus playas como nadie…

Fue corto el tiempo que nos dedicamos, pero la calidez del encuentro lo cubrió todo como un abrazo.

Ojalá que volvamos a encontrarnos.

Seguí leyendo y encontré un pequeño artículo en El Correo Gallego, escrito por Carmen Farreras, a propósito de un amigo poeta, que me pareció escrito para él:

“… Aun pisando con los pies en el suelo, mi amigo vive en lo alto, cerca de la transparencia y de la luz. Vive donde habitan los poetas, vive donde sólo pueden vivir algunos pájaros, alguna estrella vecina de las luciérnagas…”

“…me dejo mecer por sus versos que son olas que van a parar a mi corazón.”

“…ahora lo conozco mejor. Es un alma buena, sensible, libre, enamorada de la vida y del amor…”

“…Me gustaría ser la destinataria de tanto amor, de tanta pasión, de tanta vida…”

“…Siempre he soñado un amor así, tan entregado, tan hermoso, tan real y tan irreal a la vez.

Los poetas son de todos y de nadie, espíritus libres, y cuando deciden entregar a manos llenas el amor, lo hacen para siempre.”

Una niebla espesa fue cubriendo el mar y bañándolo todo.

El día quedó convertido en un tiempo fresco y relajante, mágico y hermoso como un poema.

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