
Cap XI
El calor se había hecho notar a lo largo de todo el día.
El poniente lucía un rojo atardecer esplendoroso y la brisa fresca que subía del mar acariciaba el cuerpo y el alma.
Estrella disfrutaba plácidamente de todo ello mientras leía acomodada en la arena.
El vuelo cercano de Maruxo, al que ya reconocía incluso en plena oscuridad, le hizo levantar la cabeza y sonreir…
-Qué pasa, Maruxiño, ¿Por dónde andabas que no te he visto en todo el día?
- Haciendo de Quijote, como otras veces …
- Eso qué significa: ¿ viviendo quimeras o desfaciendo entuertos?
- Un poco de todo, mi buena señora, que como dice Casilda, quiere usted saberlo todo.
- Vaya, ya veo que la Nena se ha buscado un aliado…
- ¿Y no será … que ya la voy conociendo… a usted?
-Dejémoslo en empate, ¿Vale, Maruxo?
- Como quiera vuesa merded – graznó enfática e irónicamente.
- Por cierto. ¿Qué me querías contar de Mouriño?
- Yo nada. Eso él. Sólo sé que quiere verle lo antes posible. Así que le espera esta misma noche en el lugar de siempre: en el Faro.
- Está bien. Hasta allí iremos después de la cena…
En el puerto ya no quedaba ningún barco de pesca. Todos faenaban cerca de Finisterre, a la busca y captura de buenas sardinas, que en esta época están divinas.
(Esa había sido la información y opinión de Maruxo y Estrella se la agradeció a la par que le daba la razón en lo referente a la “divinidad” de las xoubiñas, sobre todo en empanada…se atrevió a añadir…)
Cuando llegaron al faro ya les esperaba Mouriño, vestido como la última vez y tan educado y caballeroso como siempre.
-Buenas noches, madame. Gracias por acudir a mi llamada…
-Entre amigos no hace falta agradecer, Mouriño.
Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
-En ver realizado un viejo sueño que ya creía irrealizable, mi señora.
-Nada me parece más hermoso que poder hacer realidad los sueños, querido, así que dime…
-Desde que apareció su bella hija con ese par de elefantes, no puedo dormir esperando el amanecer para contemplarlos paseando majestuosamente por la playa.
Los había visto en viejos libros que de vez en cuando mi amigo el delfín me trae prestados, y desde el primer momento me subyugaron…
No sé si fue su grandeza frente a mi pequeñez, su expresión bonachona y sabia, su piel, que me recuerda la vieja corteza de un árbol milenario o las bellas historias que leí sobre ellos, pero sí sé que muchas veces he soñado despierto que podía tocarlos, subirme a uno de ellos y cabalgarlo, dejándome mecer por ese movimiento balanceante de su caminar…
Mouriño se había parado emocionado, temblando de sólo pensarlo…
Estrella sonrió dulce y nostálgicamente…
-Casilda te entenderá perfectamente, Mouriño. Desde niña siempre fueron los elefantes sus animales más queridos, por eso no pudo resistirse a traer consigo a la grandota Paqui y su chiquita Marta.
-Eso está hecho, amigo- aseveró el cuervo- Vente con nosotros y mañana mismo te cumplimos el antojo.
Mouriño quedó tan sorprendido que no supo qué responder.
Estrella, sin pronunciar palabra, extendió su mano abierta hacia el enano y él se subió a ella sin dudarlo.
Desandando el camino formaban un trío mágico…
Ya en la habitación, la meiga, se apresuró a acomodarlo sobre el cojín de su mecedora.
-Tú duerme tranquilo, que ya te despertaré- se apresuró a aconsejar Maruxo…
-No creo que consiga hacerlo, señor cuervo. Es la primera noche que de mi cueva me ausento, y eso es duro, aunque sea para realizar un sueño…
-También es hermoso velar un sueño, Mouriño… Y usted, don Quijote, debe saberlo- se aprestó a ironizar Estrella.
- Entre todos danme tanto traballo que non me queda tempo para soñar -refunfuñó el cuervo.
-¡Pobriño, pobriño meu corvo queridiño!- se burló despiadada Estrella.
-Estasme buscando…-graznó por lo bajito mientras remontaba el vuelo.
Estrella regresó a la taberna. Tenía que explicarle a su hija el deseo de Mouriño y quería
rogarle a Paqui que colaborara en la realización de aquel sueño.
Cuando entró en la bodega, lo que vio le desbordó de ternura el corazón.
Paqui amamantaba a su pequeña, mientras le cantaba una nana…
Mi dulce elefanta
me encanta
Se duerme tranquila
en cualquier esquina
Su mamá elefanta
le canta
Se cierran los ojos
sin echar cerrojos
La trompa se alarga
y hace de bufanda
Se guardan colmillos
en par de bolsillos
Y se sueñan cuentos
de bellos momentos
Nubes de colores
y playas con flores.
Estrella decidió que mañana sería otro día…y que por hoy, se iba a dormir después de hablar con Casilda…
Cap XII en Sociedad Pajaril La Aurora