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La Muralla

28 Julio 2005

Patiñas

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

Cap. VIII

Estrella contemplaba el atardecer sentada en la playa, cuando en un revuelo apareció Maruxo y se acomodó en su falda.

-Hoy hay luna llena, paisana, es una noche mágica, así que si apareces por el faro un poco antes de la madrugada, te presentaré a Mouriño, que le hablé de ti y quiere consultarte.

-¿Consultarme qué..?

-¡Y yo que sé! Le dije que eras medio meiga y me dijo: “Justamente lo que andaba buscando”

-No debías haberle mentido, meu corvo, pero allí estaré, para conocerlo y ayudarlo si puedo, aunque sólo sea una mortal normal y corriente…

-Sí, sí, totalmente normal y corriente…-y desapareció graznando con una sorna que a Estrella casi le produjo enfado.

Lo cierto es que la dejó picada por la curiosidad hasta tal punto que no disfrutó como acostumbraba de la belleza del ocaso.

Después de la cena subió a su cuarto y se dispuso a leer y escribir al pie de la ventana, esperando la hora de la cita con aquel personaje, con la misma ilusión e incertidumbre que debe producir eso que llaman “una cita a ciegas”

Cuando calculó que la madrugada estaba a punto de llegar, bajó al puerto, caminó por el borde del malecón y llegó al final, donde estaba el pequeño faro.

Se sentó en una de las piedras y se dispuso a esperar.

-¡Eh, eh, Meiga ! ¡ Estamos aquí…!

Reconoció el graznido del cuervo y lo vio posado detrás de una piedra que le tapaba de la luz del faro.

A su lado, un pequeño hombrecillo, de más o menos su tamaño, le miraba con sus grandes ojos de agua, el negro pelo recogido en una cola y el cuerpo embutido en un elegante frac.

Su tez, muy oscura, parecía claramente el origen de su nombre.

-Aquí tes a Mouriño, Estrella. E ti aquí tes á Meiga.

Mouriño, muy caballeroso le besó la mano con una graciosa reverencia. Era el enano más galante y educado que nunca conociera Estrella…

-Hola, señora. Tenía ganas de hablar con usted desde que Maruxo me explicó quién era- dijo con un dulce acento extranjero.

-Pues tú dirás, rapaz, pero no esperes mucho, aunque haré lo que pueda…

-Hace tiempo que no sé como solucionar el problema de un viejo amigo. Es un pez al que aprecio mucho y al que me duele verlo desde hace algún tiempo triste y abatido. Y a eso añádale todo el estrés que cuidar de él me produce…

-Pero enséñaselo, hombre- graznó un poco enfadado Maruxo, que a veces se cansaba de los circunloquios del amigo.

-Ven, Patiñas- dijo mientras tiraba de un fino hilo de plata que agarraba con su mano izquierda.

Ante ella apareció Patiñas, un diminuto pez azul, con cara de asombro que caminaba despacio y con un balanceo nada extraño a causa de sus patas.

Estrella disimuló su asombro, por no herir al pez, y esperó a que Mouriño continuara.

-Se enamoró de un lagarto que vive en la Creba cuando un día vislumbró sus colores y su larga lengua, y creyó que con unas patitas podría seguirlo peñas arriba, decirle palabras amorosas y conquistarlo, así que se fue a ver a Sabela, la sirena que habita la roca de Fisterra y le pidió el favor.

Sabela, que es un pedazo de pan, pero sólo puede conceder un deseo por ser vivo, después de asegurarse de que era eso lo que en verdad quería, le realizó el hechizo, y aquí tenemos a Patiñas, con patas para correr detrás del lagarto, pero sin pulmones para hacerlo fuera del agua, así que ya está el lío organizado.
Los primeros días todo su afán era escalar las piedras e ir en su búsqueda, y un día casi muere en el intento, pues subió tan entusiasmado y tan arriba que se olvidó de que fuera del agua no respiraba.
Gracias a que me avisó Maruxo y pude salvarlo, no sin esfuerzo, créame, y devolverlo al agua.

-No, si a aquest bon home, bojos per a omplir el manicomi de Conxo, no li faltarien pas, no…- advirtió Maruxo, al que oía hablar por primera vez en catalán.

Y ante su cara de sorpresa, añadió rápidamente:

-El catalán sólo lo entiendes tú. Para que luego digas que no soy discreto…

-Eres más sorprendente que discreto, pero me encantas, malandrín.

Estrella, tímidamente, se atrevió a preguntar:

-Pero, ¿consiguió lo que quería? ¿enamoró al lagarto?

-¿Lo que quería? ¿Usted qué cree? Se hartó de estudiar poemas de amor que le enseñó un poeta delfín que pasa muchas horas leyendo en la sumergida biblioteca de Alejandría, se quedó ronco recitándolos por todas las piedras de la Creba, gritó mi nombre, pidiendo auxilio, miles de veces y al final sólo consiguió que el colorido lagarto le largara un enorme lametón e intentara comérselo, ya no sé si porque tenía hambre o porque estaba hasta el sombrero de oírlo recitar todo el día, que ya sabe usted que lo poco falta, pero lo mucho llena…

-Meu pobriño- suspiró Estrella- No me extraña que se le quedara esa cariña.

-Esa cariña, sí, porque el pobre está desesperado, ya que después del desengaño, descubrió que las patiñas, dentro del mar, sólo son un estorbo y todo su afán es escapar a la piedra más alta y esperar allí la hora funesta.
Por eso lo llevo atado, para que no se me vaya en busca de la muerte, que ya no del lagarto…

-Si fuera cosa o enfermedad de animales haría venir a Casilda que es una entendida veterinaria, y que sabe más por lo que los ama y ellos le cuentan, que por todo lo estudiado, pero siendo cosa de hechizos, habrá que meditarlo.

-¿Por qué crees que te dije que tenía que ser hoy, que es luna llena, la primera del verano?- Se quejó Maruxo.

Se produjo un tenso silencio dónde sólo se oían los hondos y quejosos suspiros de Patiñas, mezclados con el leve susurro del calmado mar entre las peñas.

Estrella recorría los más lejanos recodos de su memoría, e incluso logró penetrar en la de su abuela, una afamada meiga conocedora de todos los secretos. Y allí en el desván del alma añorada, encontró al fin lo que creía podría ser la solución buscada.

-Ya lo tengo, pero será imprescindible tu colaboración, Maruxo.

-Aquí estou, pro que faga falta- se aprestó a decir el cuervo.

-Has de ir río Tambre arriba y hablar con Teodora, la bella sirena de río que habita el viejo molino de Ponte Maceira. Tengo oído a mi abuela que el hechizo de una sirena sólo puede romperlo otra sirena que habite y reine en otras aguas. Ella me conoce y es la que tenemos más cerca. Así que vete de mi parte, explícale el caso y dile que tenga a bien escribirte las palabras que rompen el hechizo y me conceda a mí, Estrella, el don de pronunciarlas.

La marcha de Maruxo fue tan rápida que podía parecer que no había escuchado las últimas palabras.

Mouriño, Patiñas y Estrella quedaron a la espera. El tiempo se les hacía eterno conscientes como eran de que el alba se acercaba y con su llegada desaparecería el hechizo de la luna llena.

Estaba a punto de clarear cuando apareció el cuervo con una hoja de castaño en la boca.
La Meiga la cogió rápidamente y leyó en voz alta las palabras que Teodora había escrito en ella con una varita de junco florido:

Pies del aire que no sirven para cruzar el mar
Iros por dónde habéis venido que o peixe é para navegar.

En el mismo momento, Patiñas volvió a ser un pez, recobró su sonrisa, miró a Mouriño que ya lo había liberado de su atadura de plata, y guiñándole un ojo y haciéndonos a todos una reverencia, saltó al agua gritando:

-¡Gracias, muchas gracias y hasta la próxima!!!Meigas2_3_6

-¡Pues de la próxima te va a librar tu padre, tarambana!- le contestó Maruxo.

Mouriño besó la mano de Estrella, y le dijo con una amplia sonrisa:

-Tenía razón Maruxo, es usted una sabia meiga. Muchas gracias.

-Ay, Mouriño, ni soy sabia ni soy meiga, soy simplemente un poco vieja…

Pero, el enano, con un simple ¡hasta la vista!, había desaparecido cabalgando la luz del faro como un místico corcel.

El cuervo se posó en el hombro de Estrella y los dos se dispusieron a despedir juntos la luminosa y redonda luna llena…

Dedicado a El Niño, autor de los preciosos dibujos.

Cap. IX en Sociedad Pajaril La Aurora

22 Julio 2005

Africa

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

Capítulo VI ( en Sociedad Pajaril la Aurora)

Capítulo VIIMeigas2_3_5

Estrella y Casilda desayunaban con calma. Saboreaban el café al que eran adictas y callaban. De pronto las dos se miraron y no pudieron reprimir las ganas de reír a carcajadas.

-Cada día estamos más locas, madre.

-Si hija, si, pero no olvides nunca que para muchas tribus indias los locos eran considerados los elegidos de los dioses.
Claro que cuando nos vean paseando por Coira con un cuervo al hombro, dos perros y dos elefantes, no sé si lo seremos tanto…

Volvieron a reír y se abrazaron.

Maruxo tenía suficiente con la ración extra de galletas con la que había sido mimado.

-Hola Capitán- saludó en un graznido que sonó atragantado.

-Hola a todos- respondió él acariciando a los perros que para saludarle se habían levantado.

Besó a las dos mujeres y él mismo se sirvió un tazón de aquel café negro y amargo.

-Creo que fue este aroma el que me atrajo- exclamó sonriente y adormilado.

-Ya sería eso y algo más, pillabán- río Estrella mientras los miraba.

El Capitán centró en el mar su mirada. Como había dicho Maruxo, se notaba que lo añoraba.

-Hoy he soñado con África .

-Y ¿con elefantes, quizás?- preguntó con una increíble cara de inocente, Estrella.

-No- respondió el Capitán sin caer en la trampa- Estaba en el barco y de nuevo aquel moucho, este Moucho- y mostraba la fotografía – me visitaba.

Moucho

- ¡Qué hermosura de animal y de foto!. – dijeron las dos mujeres al unísono.

Hasta el cuervo dejó sus galletas y de reojo, observó la foto.

-¡Qué hermosura de animal nin que car…! ¡Cómo se nota que durante siglos fueron los únicos bichos que os acompañaron…!

-Oye pajarraco, ¿nos estás llamando brujas, acaso?- saltó Casilda enfadada.

Maruxo cerró el pico y adoptó un aire de ofendido y humillado.

-Non te enfades, Maruxiño- terció el Capitán en son de paz- Ya sabes que tú eres para mí mucho más que un amigo. Eres la vida robada a la muerte, la confirmación de una esperanza nacida de un fracaso.

-Sí, muitas cousas, pero soñas con él e non conmigo.

- No te extrañe, meu corviño. Él apareció en el barco, anclado a kilómetros de la costa, después de una tormenta. Llegó, quién sabe de dónde y a través de qué corriente, quizás sólo para que yo lo fotografiara.
Todavía recuerdo y me estremece su profunda mirada y aún me intriga y pagaría por saber lo que pensaba mientras me contemplaba.

-Y qué querías que pensara, meu parvo- graznó socarrón y tierno a la vez- Pues que eras un pobre desgraciado trabajando duro a miles de leguas de tu tierra y de tu casa, sin un amor que te esperara…

- O quizás quiso regalarte con la mirada todo el misterio que encierra la noche africana- soñó Casilda.

-O simplemente mostrarte que tu trabajo, tan lejos de casa, era como el suyo, sólo un viaje de ida y vuelta, con paradas, con corrientes lejanas, con fotos y recuerdos que vivirán para siempre en el fondo del alma, pero con retorno y sin escapadas- profetizó Estrella

- Y se dejó fotografiar, tranquilamente, aunque le robaras el alma, para que nunca lo olvidaras. Así que guarda la foto, deshaz la maleta y siéntate a esperar un mañana.- La voz de Casilda era dulce y para Ken tenía ecos de promesas anheladas…

- No me fiaría yo mucho de ese Moucho , ave nocturna y de rapiña, dónde las haya…

Todos rieron abiertamente ante los claros celos del cuervo que marchó enrabiado graznando a borbotones cientos de palabras que brotaban extrañas de su pico como de una fuente encantada.

-Si, enamora y duele África. Y pensando en ella, esa pasada reunión de los grandes en Edimburgo me duele y me revuelve las tripas…empezando por Busch y acabando por Bob Geldorf, que por cierto debe pretender que le den el Nobel de la Paz, a él que de pobre lo único que tiene es el peinado y al que se le llena la boca de bonitas palabras, mientras disfruta de su estatus de Pop Star.
Se olvida que con darnos las manos y cantar “we are the world” no se solucionan los problemas..

-No seas tan radical, Ken. Algunas veces lo bueno es intentarlo. Por algo hay que empezar- quiso interceder Estrella.

-Pues que empiecen por mandar a África toda la millonada que se están gastando en organizar esa parodia en Inglaterra…Hay muchas ONGs que están allí luchando por aliviar el sufrimiento de miles de africanos y que recibirían como una bendición todo ese dinero.

-Conozco a una persona maravillosa, llamada Cristina, que pasó la primavera como cooperante en Camerum. Conociéndola me imagino todo el bien que habrá sembrado- sonrió la meiga.

También sonrió Ken, y en sus ojos brilló la añoranza…

-También yo conocí a alguien parecido… Creo recordar que su nombre era algo así como Nicoletta. Era un médico sin fronteras italiano (o para ser mas políticamente correcto, era una médica sin fronteras italiana).

La conocí en Lobito –Angola, en un hospital al que tuve que llevar a un compañero enfermo.

Su cara reflejaba la impotencia que sentía al intentar, sin medios suficientes, aliviar las heridas de aquellos hombres, mujeres y niños destrozados por las putas minas antipersonales…

La invité a un cigarrillo y, mientras fumábamos en el patio, le pregunté si valía la pena joderse así, viendo que el resto del mundo pasaba del tema…

En ese momento un peque vino corriendo y se subió a su regazo.

Se limitó a sonreír y decirme; “aquí tienes la respuesta…”

Puede que no recuerde bien su nombre, pero de algo sé que no voy a olvidarme: de su valor y de la ilusión que reflejaban sus ojos…

-Venga, venga, vamos a pasear, Capitán, que el día se está poniendo demasiado hermoso- y en sus graznidos de vuelta había como un humano punto de tristeza.

– Vamos, Maruxo, que hasta los cuervos tienen mejores sentimientos que algunos humanos…

Foto de Ken Capitán, que también me regaló la historia de Nicoleta.

20 Julio 2005

Olores

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

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V

Estrella regresó despacio, saboreando cada paso nuevo, cada visión del mar que ese paso le proporcionaba.

Llegó a la taberna y se sentó en una de las mesas de la terraza que a aquellas horas frescas de la mañana todavía permanecía vacía.

Dentro, un pequeño grupo de hombres ponía con su charla en gallego, la música de fondo dulzona y cantarina que en años de emigración ella tanto había añorado.

Del mar subían todos los olores y ella se dejaba acariciar por ellos con el mismo placer que un recién nacido se deja acariciar por su madre. Vivir lejos de aquellos olores era siempre una renuncia, un paso atrás en el camino de la vida.

Estrella estaba segura que su origen era marino. Que en algún tiempo, en algún lugar, en alguna vida, perteneció al mar y tuvo branquias.

Su patria, su libertad, su nostalgia, sus recuerdos, sus sueños y esperanzas estaban siempre ligadas al mar, a este mar.

Su mejor sueño sería cabalgar las olas al lado de un delfín.

Un delfín que en su lenguaje sonoro y musical le contara las más bellas leyendas de todos los mares.

Que de vez en cuando la llevara a contemplar un tranquilo amanecer del Mediterráneo y un rojo atardecer del Atlántico.

Que la condujera de nuevo a la vieja playa de las Catedrales que, en su adolescencia, recorrió palmo a palmo y que, entre sus cuevas y piedras, le ayudara a encontrar los sueños perdidos y la caricia de la mano de su padre.

-Morriña, nostalgia. ¿Todavía no te vacunaron contra ella el peso de los años?

-No, Maruxo- sonrió tristemente la meiga, mientras lo acariciaba- Contra eso no hay vacuna ni meigallos que valgan..¿Dónde dejaste al Capitán?

-Parece que Casilda no le hace mucho caso y siente nostalgia de la costa africana. Cualquier día se embarca de nuevo .

-¡Vaya por Dios! No sabes lo que lo echaré de menos. Me gusta o teu mariñeiro, pero también lo comprendo. África debe tener un encanto y atracción especial. Al menos eso cuentan todos los que la conocen y no pueden escapar a su hechizo.

Casilda interrumpe la conversación.

-¿Quieres desayunar, madre? Creo que ya va siendo hora de que lo hagas…

-Eu si quero- contesta rápido, Maruxo.

-Tú siempre quieres, pajarraco. A ti no hace falta preguntarte…- y desaparece riendo en la taberna, para volver cargada de café y viandas

Mientras, Estrella, apunta en su libreta los últimos versos nacidos en su alma:

Olores…
Olores que suben del mar.
Olores que traen consigo las luces del alba.
Olores recién estrenados, conocidos, añorados.

Olores que nutren el alma,
Que suben del Orzán de la infancia,
De las playas repletas de algas,
Del dolor de una ausencia olvidada.

Olores…
Olores que bajan al mar.
Olores que llevan consigo una flor de esperanza.
Olores nunca al fin compartidos, dolidos, perdidos.

Olores que matan el alma,
Que arrastran cumbres de añoranza,
De cascadas de ríos sin aguas.
Del placer de una muerte soñada.

Maruxo la lee por encima del hombro, disimulando, y simplemente piensa que los versos son lágrimas hechas palabras.

Y le da la razón a M. Rivas, cuando dice:

Galicia es morriña. Tengo morriña tengo saudade. Es una palabra que exportamos. Que ya aparece en varios diccionarios…Morriña significa echar algo de menos, tener nostalgia, sentir melancolía.

Está asociada a una historia de dolor, de pérdida, de emigración…

Pero ten cuidado con la morriña. Hay que tomarla en la dosis justa.

Le colgó al gallego un sambenito de pueblo triste.

Y además es un comodín que lo mismo sirve para un discurso electoral que para un dolor de muelas.

No quiso problemas y salió volando.

Sabe bien que esa es su mejor arma…

Fotografía: Portosín desde el aire. (En medio de la ría la isla de la Creba, dónde vive Mouriño)
Regalo de Rafael, que es su autor.

16 Julio 2005

Lección de Maruxo

Publicado por muralla y archivado en: Casilda y Estrella.

IV

Estrella baja hacia la playa. Nunca pudo resistirse al placer inenarrable de sentir en sus pies el frío del agua.

Todavía está amaneciendo y el sol es apenas una mancha rojiza que intenta penetrar la niebla que cubre la ría.

Sobre unas rocas que se yerguen pintadas de negro por su carga de mejillones, distingue la silueta de un cuervo.

Es Maruxo.

Hay unas horas, las últimas de la noche, en que el pájaro abandona su puesto de vigía en su ventana y desaparece.

No sabe a dónde va, ni se lo pregunta, no tanto porque respeta su intimidad, como porque sabe que seguramente no iba a contestarle.

Llevan pocos días juntos, pero ya empieza a conocerlo.

-Buenos días, Maruxo- saluda mientras se acerca.

Un graznido suave es toda su respuesta.

-Buena señal- piensa- Está contento…

-¿Fue largo el viaje de esta noche?- No se resiste a indagar.

-¿E ti cómo sabes que viaxo?

Durante este tiempo, también aprendió que, entre los diversos idiomas que habla, es el gallego uno de sus preferidos cuando su alma rebosa buen humor.

-Hoy, y sin que sirva de precedente, te explicaré algo de mi viaje. Será mi regalo del día del Carmen. Siempre me gustó este día que celebran como suyo los mariñeiros, pero desde que el Capitán me salvó la vida, soy un mariñeiro más y hoy también es mi fiesta.

-Me alegro muchísimo de vivir contigo un día tan especial.

-¡Eh! Non te confundas…Sólo empezaré el día contigo. El resto pertenece al Capitán …

-Me gustan los seres agradecidos.

-No busco gustarte. Simplemente soy así.

Aclaradas las cosas, callaron los dos.

El sol acariciaba ya toda la ría y su baño de luz la hacía más mágica todavía. La brisa dormía y el cielo lucía como guirnaldas un montón de pequeñas nubes blancas.

En medio de la ría, la pequeña isla A Creba, se percibía nítida y solitaria, e invitaba a llenarla de hermosas historias imaginadas.

Como si le leyera el pensamiento, Maruxo graznó bajito:

-Hice una parada en ella al volver de la Rosa de Piedra, y estuve conversando con o Mouriño.

-¿Quién es Mouriño?- inquirió Estrella.

-Uno de los pocos enanos que aún quedan en la isla. Vive en la cueva subterránea del noroeste, y su tarea preferida es la de silbar como un jilguero marino cada vez que se acercan las nutrias del Tambre o los delfines del océano. Con ese silbido avisa a su inmenso rebaño de calamares que pastan los prados de algas sobre los que se levanta su casa, para que corran a esconderse al redil que, con paciencia infinita, él construyó para protegerlos. Lleva haciendo ese trabajo desde hace más de doscientos años, y gracias a eso los calamares siguen poblando la ría…

-Vaya, espero poder conocerlo algún día.

-Puede que así sea…

-Así que viajaste a Santiago…

-Sí, viajo siempre que puedo. Me gusta su belleza sin igual. Una belleza que nació de la muerte. Santiago floreció sobre una tumba, tiene sus cimientos en un camposanto. Haya o no Dios, existe sin duda el escalofrío divino. Y aquí se siente esa intervención, como cuando los destellos del poniente, camino del crepúsculo atlántico, iluminan en pan de oro el liquen de las torres de la catedral. Pero esa primera impresión, ese sobrecogimiento ante lo majestuoso, va dejando paso pronto a una alegre y respetuosa excitación de campesino en día de feria. El lugar santo ya no intimida. La antigua necrópolis se abre acogedora como una concha de vieira. Es “la cibdat venera”, la ciudad de Venus de los trovadores, la medieval rosa de piedra.

A Estrella las palabras de Maruxo le sonaban conocidas, como ya escuchadas o ya leídas, pero perdida en el bosque de su belleza, pensó que se limitaría a escuchar, que ya indagaría en otro momento…Sólo musitó…

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-¡Qué envidia me das, Maruxiño! Volar sobre Santiago… posarte en la torre del Reloj, en la Berenguela…

-Sí, me gusta la Berenguela, por algo de una mujer elegante se dice en Santiago que “vai coma unha Berenguela”…

Santiago es un lugar encantado en el que conviven los vivos y los muertos, los monstruos obscenos de las gárgolas y los caballeros del Turpín …es la creación interminable de canteros que han labrado la piedra y peregrinos de 75 lenguas que la admiran y descifran. Es la sublime aldea de Europa.
En La Divina Comedia de Dante, Beatriz, cuando presenta a Santiago en el Paraíso ya dice: “Mira, mira, he aquí el barón por el cual, allá abajo, se visita Galicia”.
En Compostela se tiene la sensación de tomar parte en una historia interminable., nacida sobre una tumba, recreada por la ensoñación colectiva y escrita en el granito galaico.

-He de reconocer que me encantan tus palabras, Maruxo, y que nunca pude imaginar que fueras tan versado…

Maruxo clavó sus negrísimos y vivos ojos en Estrella, y con una increíble pero cierta ironía en la sonrisa de su pico, musitó en un trasfondo de pena:

-¡Qué raros sois los humanos! No acabáis de aprender nunca nada…Te dejas sorprender por mis palabras, como si fuera la primera vez que las oyeras, cuando todas están encerradas en ese libro que hay en la cabecera de tu cama…

Estrella sonrió dulcemente y no dijo nada. No quiso agriarle la fiesta y dejó que se fuera con su Capitán, ufano y orgulloso, sin decirle que sabía, desde hacía rato, que Manuel Rivas hablaba por su boca.

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