La Muralla » 2005 » Junio » 18

La Muralla

18 Junio 2005

Mi muralla

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas. Edita esto

Un recién estrenado amigo acaba de regalarme un montón de recuerdos que estarán siempre colgados en ese árbol que un día plantaré en mi camino al paraíso…
Recuerdos de infancia, adolescencia y juventud, tan lejos pero tan cerca.
Recuerdos todos que van ligados a esa muralla milenaria que encabeza esta blog.
Cada uno de los días que viví en esa querida ciudad, crucé alguna de sus puertas.
Compartí juegos con alguien que vivía en una de las casas que, en aquella época, todavía existían pegadas a sus muros y, desde sus balcones, hice peligrosos malabarismos para saltar a su paseo.
Escuché historias que hablaban de tesoros escondidos en sus muros y de cuya existencia, como la de las meigas, nadie duda, pero tampoco nadie encuentra….
Me asomé desde ella, con asombro y miedo, a las tortuosas y misteriosas rúas que componían el pequeño barrio chino de una pequeña ciudad, cerrada y provinciana, y en unos tiempos en los que todo estaba oculto y prohibido.
Fue la escalera a la que me subí para contemplar el padre Miño, bordeado de campos repletos de flores en primavera y en el que, sólo mentalmente, me zambullí para dejarme mecer por sus aguas que rebosaban peixes y anguilas en invierno, cuando su vientre crecía y se desparramaba prado arriba…
Una vez incluso soñé que era uno de los árboles de su orilla y que el viento del norte jugaba conmigo, agitando mis ramas, que se inclinaban hasta casi romperse sólo para beber de sus aguas…
En invierno, el horizonte, más lejano que nunca, dejaba ver los montes del Caurel llenos de nieve, haciéndole amorosos guiños en los días claros, y jugando con ella al escondite en los otros llenos de niebla…
Siempre creí que aquella niebla que cubría la ciudad durante días enteros, era el regalo que le hacía el río para ocultarla de miradas y pisadas ajenas, como amante celoso que sube en forma de nube a poseerla…
Desde una de sus puertas, jugué coqueta a adivinar dónde dormía un hombre que me amaba y al que nunca amé, y que, sin embargo, aún recuerdo…
Y desde esa misma puerta recibí las más temibles bolas de nieve, camino de la escuela…
Vi pasear por ella una larga doble fila de seminaristas que, en domingo, sacaban como a jóvenes flores encerradas, para que las resucitase el aire y el sol de la muralla.
Pero por encima de todos esos recuerdos, están mis paseos de la mano de mi padre primero y de su brazo después, hablando, siempre hablando, de consejos y advertencias, de sueños y quimeras…de lo que él hizo y soñaba que yo hiciera…de la vida y de la muerte…
De todos aquellos sueños, unos se cumplieron…y otros se los llevó el río con su niebla, pero todos, junto con su sonrisa, el tacto de su mano y el sonido de su voz, siguen escritos en sus piedras.

Dedicado a Fuz Neviros