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La Muralla

31 Marzo 2005

Obsesión

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

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Tenía una pequeña mancha en la frente. No recordaba desde cuando ni cómo había aparecido. La descubrió una mañana al contemplarse en el espejo. Era una pequeña mancha marrón en forma de estrella.
La tenía intrigada. No sabría decir si con el paso de los días se había hecho más grande o más pequeña, pero sí sabía que su forma había cambiado. Al principio tenía cinco puntas y ahora ya eran siete.
Notaba que, inconscientemente, su mano se levantaba a tocarla, a acariciarla, a seguir su dibujo con la yema de sus dedos. Era como si un destino desconocido le impeliese a cuidar de ella, a no ignorarla durante mucho tiempo.
Las primeras semanas fueron tranquilas, apacibles, transcurrieron en absoluta y total normalidad, pero al cabo de unos días este hecho empezó a interferir en su vida y la obligó a abandonar el trabajo y a los suyos. Empezó a vagabundear.
Recorría las calles con la mirada perdida, la mano en su estrella y la mente divagando al azar.
Ya no llamaban su atención las nubes, los vientos, las lluvias ni los amaneceres. Ya sólo esperaba el ocaso, la noche, el silencio total.
Era entonces cuando sentía más fuertemente su influjo, cuando al acariciarla, notaba lejanos rumores que la obligaban a cerrar los ojos, a concentrarse y escuchar.
Sólo oía, de procedencia lejana, un silbido del viento del norte rebotando en el mar, y las palabras perdían su aliento entre graznidos de cuervos y olas al chocar.
De fondo, oscuridad total.
Día a día se acercaba más a aquel lugar. Allí se quedaba y allí permanecía, hasta que la noche la envolvía como en una eternidad. Entonces, palpaba su mancha, abría sus ojos, y mirando al cielo quería adivinar el pasado, el presente, el futuro, todo el devenir de aquella vida que la tenía encerrada del principio al final.
Una noche, escudriñando el cielo, la sintió escapar de su frente y la vio recorrer luminosa el firmamento hasta hundirse en el mar.
Un desgarrador grito escapó de su boca, mientras sus brazos rodeaban el vacío intentando no dejarla escapar.
Notó el contacto del agua al mismo tiempo que el fuego del astro al golpearle la frente en el fondo del mar.
Y supo, entonces supo, del por qué de su estrella, del por qué de su vida y comprendió, para siempre, sólo entonces, cual era su destino final.

27 Marzo 2005

Breve descanso

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

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-El día es maravilloso…Acabo de llegar de aquellas peñas del fondo y cortar este azul con mis alas es como sumirme en un sueño de amor juvenil.
-Yo vengo de las marismas del Louro. Me gusta ese monte, sobrevolarlo, contemplar desde arriba sus peñas y descubrirlo como hijo del mar.
-El azul se me pega en las alas y me envuelve caliente y suave como un beso de amante. Me gusta. Me hace sentirme ligera y feliz.
- Prefiero las nubes. Atravesarlas veloz y sentir su humedad. Es como notar el contacto ligero del mar en el aire. Como el suspiro de un beso robado a la niña que fui.
-Los días claros y azules me permiten volar sin barreras, me emborrachan y me dan libertad.
-La nostalgia que nace del agua me mece y acuna, me amamanta como pecho de madre. Me acoge y protege de la soledad.
-Hoy el mar está bravo.
-A mí me gusta así.

26 Marzo 2005

Sensibles

Publicado por muralla y archivado en: A recordar.

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Hace pocos días la prensa nos daba una noticia que me hizo sonreir triste y socarronamente: Los científicos acababan de anunciar un descubrimiento sensacional, inaudito, increíble: LOS ANIMALES TIENEN SENTIMIENTOS.
No sé que métodos utilizaron para llegar a ese final, cuanto tiempo les llevó, ni cuantos participaron en el evento. No lo sé ni me importa.
Sé, casi desde que nací, que los animales gozan y sufren. No se necesita ningún laboratorio para saberlo. Sólo hace falta asomarse a los ojos de alguno de ellos para descubrir sentimientos: el desconsuelo en los de un perro abandonado, la paz tranquila que emana de los de una vaca, la desesperación que apaga los de un gorila enjaulado, la desconfianza en los del gato que huye … y así muchos más.
Todo el mundo sabe del beneficio de los animales de compañía para combatir la soledad.
De cómo los juegos con delfines ayudan a los niños autistas. De cómo el contacto con equinos mejora la autoestima de discapacitados, que adquieren independencia, superando temores, montando a dóciles ponis.
Todo ello es posible gracias a que esos seres nos entienden, captan nuestra esencia y saben contactar con ella. Eso no sería posible si carecieran de sentimientos.
Ahora bien, si que el mundo científico reconozca que los tienen sirve para que los que todavía dudaban de ello lo acepten, bienvenida sea la noticia.
Ojalá aprendamos todos a respetarlos como a hermanos en la Naturaleza, como a seres a los que no puede infringírseles dolor gratuitamente porque ellos, al igual que nosotros, sienten, sufren y padecen.

Agradezco a Pepe Penas el enlace que me facilita en su comentario Derechos de los animales y lo traigo aquí, porque creo que es del interés de todos.

24 Marzo 2005

Varadas

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.

Varadas en el agua reposan mansamente, esperando el momento de ser útiles, de que manos hábiles las pongan en marcha y las lleven al mar.
Se sienten madera inerte, humedecida y seca a la vez.
Envidian a los pequeños peces que vienen a nutrirse de las algas que crecen en su vientre y pueden nadar libremente por su ría.
Miran con nostalgia a las gaviotas que chapotean y vuelan. Notan su leve peso cuando alguna descansa sobre ellas y desearían sus alas y volar.
En este rincón del puerto el agua está tan quieta que no llega ni a acariciar
Esperan, sólo esperan.
Esperan sentir el peso humano cabalgándolas, trotando mar adentro, levantando blanca espuma, dejando estelas sin pisar.
Esperan escuchar el rugido del mar y esquivar la fuerza de las olas, o dejarse abrazar por ellas hasta llegar a la entrega total.
Esperan saberse a salvo, lejos de la playa, navegando, cumpliendo un destino marcado en las estrellas y escrito con agua y con sal.
Esperan acariciando sueños. Estivales sueños anclados en la playa del invierno.
Nostálgicos sueños que ensombrecen la vida y dejan un poso amargo de renuncia final.

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