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La Muralla

11 Noviembre 2004

Huertos urbanos

Publicado por muralla y archivado en: Morriñas.

Huegip

Contempla su huerto y sueña.

Hace tanto que dejó la tierra que no recuerda su olor…

La coge entre sus manos y la huele. Le gusta y le llena de recuerdos, de añoranzas e incluso de amargura.

Amargura, por las semillas sin plantar, los campos por arar y tantos caminos sin andar…

Hunde su cara en ella y en ella deja su huella…

Pide perdón a la tierra, por el abandono, por la lejanía, por los años no compartidos…y otra vez sueña.

Sueña en volver a empezar en este pequeño huerto, en llenar en él sus vacíos días y en vacíar en él sus penas…

En sembrar allí ilusiones perdidas y esperar que crezcan las judías, en regarlo con lágrimas de hastío y recobrar así mejores días.

En vacíar en él su corazón y recuperar poco a poco sus latidos.

En mimarlo, en cuidarlo, en dejar en él todo los sentidos, como se cuida y mima a un recién nacido…

Y vuelve a contemplar su huerto y vuelve a soñar…

A soñar que esta cosecha es la novia a la que hay que rondar, decir dulces requiebros, llenar de mil caricias y luego esperar…

Esperar a recoger entre sus senos, vientre abajo, en montes y hondonadas, tiernas judías, rojos tomates, olorosos pimientos y redondos guisantes…

Y sonrie…además de soñar, sonrie…

Desde el año 1997 el ayuntamiento de Barcelona, lleva a cabo un proyecto por el que 168 jubilados han convertido otras tantas pequeñas parcelas ( de unos 40 metros cuadrados, apróximadamente cada una) en pequeños huertos urbanos dónde crecen judías, patatas, cebollas, y toda suerte de hortalizas, sin aditivos ni pesticidas.

La adjudicación se hace, en riguroso sorteo, por seis meses, prorrogable a 5 años, si no descuidan su cosecha.

Se consideran parcelas tan agrícolas como terapéuticas y los jubilados que las disfrutan pertenecieron a las profesiones más diversas.

9 Noviembre 2004

Tonos

Publicado por muralla y archivado en: A recordar.

Ventllag

La voz humana, ese medio de acariciar o herir, es altamante sorprendente…

Puede tener cientos de matices que la hacen diferente. Con ella podemos consolar, calmar, regar, arañar e incluso matar…

Nuestra voz puede arrancar sonrisas o lágrimas en la persona a la que nos dirigimos…sólo tenemos que variar en ella eso que se llama tono…y lo que podía ser un piropo se torna en una ofensa…

Qué poco pensamos algunas veces en que estamos utilizando un medio que nos muestra desnudos a los demás…

Hoy, como otros días , he sido oyente involuntaria, de una breve conversación entre una madre y un hijo…a los que acompaña un perro.

Ella, es una madre joven, y él, un hijo de unos veinte o veintipocos años…

La cafetería es pequeña, y los que allí estamos pocas veces podemos eludir que la conversación del vecino llegue sin quererlo hasta nosotros.

La voz de la madre suele ser casi imperceptible, la del hijo no.

La del hijo es casi alta y con el tono áspero y duro del insolente, diría que casi del maltratador…y sólo se apacigua algunas veces, no siempre, para dirigirse a la perrilla que les acompaña.

Es una voz que hoy se ha mostrado tan despreciativa e hiriente hacia su madre, que me ha hecho abandonar la lectura y mirarlo casi descaradamente…

Me ha dolido, la madre, por aguantar aquel tipo de actitud, y él, porque se me estaba mostrando como un auténtico maltratador sicólogico: lo hacía con su voz, que adquiría todos los matices de la burla y el desprecio sin necesidad de armas ni palos.   Era una voz que a mí, me arañaba ,  me humillaba, y que hacia callar a su madre, una madre que esperaba a que él acabara y casi ni replicaba…

Y sentí pena de él y de ella. De él porque ya no recordaba sus arrullos y agredía quizás sin enterarse, como si esa fuese su ley natural. De ella, por su sometimiento y la calma de su voz que salía a su encuentro como para disculparlo…

¡Qué tristes pueden parecer ser nuestras vidas y cómo quedan patentes por algo tan nimio como el tono que empleamos al utilizar nuestras voces…!

¡Y qué alegres y humanas, nos parecen otras, cuando el tono de voz besa y acaricia el alma…!

Si fueramos conscientes de lo que el tono puede lograr y transmitir, quizás apreciaríamos y cuidaríamos más ese insignificante elemento de nuestra voz humana…

6 Noviembre 2004

Maria Salvo

Publicado por muralla y archivado en: Sonrisas.

Flormaria_1

La tierra está plagado de seres que encierran en sus sonrisas un mundo de espejos en el que podemos mirarnos y aprender…

Suelen ser seres anónimos, que pasan desapercibidos, que saben que la vida es de uno mismo y de lo que quiere darse a los demás…

Suelen ser seres silenciosos como el árbol que calla, pero da sombra, laboriosos, como pequeñas hormigas que cumplen su cometido dentro del hormiguero, dadivosos, como el sol que alumbra a todos por igual…

Suelen lucir en sus caras una sonrisa serena, del que ha vivido plenamente, sin romper sus reglas, sabiendo de sobras que la vida es un constante juego de pérdidas y ganancias; sin pensar en el balance final, que ellos siempre ven positivo, porque quemaron en ella sueños y batallas sin pensar en nada más.

La que hoy quiero asomar a este post, es una de esas sonrisas…

Se llama María Salvo y  aparece en la contraportada del diario La Vanguardia de ayer.

Me llamó la atención su expresiva cara, su sonrisa tranquila, que se asoma a una ventana que puede ser la del mundo que ella ama y en el que todavía confía.

"Tengo 84 años. Nací en Sabadell y vivo en Barcelona. Cumplí los 21 en las cárceles franquistas y salí a los 37, fue entonces cuando me casé con un hombre que había pasado 13 años en prisión. No pude tener hijos por los malos tratos que padecí. Viví en las cárceles de Madrid, Barcelona, Alcalá de Henares y Zaragoza. Soy agnóstica".

Va desgranando vivencias y recuerdos…y si observáis hay siempre una visión positiva:

-…en el año 1945, siendo civil, un tribunal militar me condenó a treinta años de prisión.

-Debió de ser un momento difícil.

- No, ese no. Era tan corriente que te volvieras con la pepa (pena de muerte), que celebrábamos la vida.

-¿Se acabaron las torturas físicas?

-Sí, pero las condiciones de trato, de comida, la falta de higiene…resultaban una tortura. Pero supimos conservar la dignidad.

-¿Cómo discurría un día?

-Trabajábamos hasta las nueve de la noche. A partir de ahí empezaban las actividades clandestinas: estudiar, organizar charlas, coros…Llegamos a tener una biblioteca clandestina. ¿Sabe que es lo más curioso?

-¿Qué?

-Yo no me sentía desgraciada en la cárcel, era una vida tan llena que no tenías tiempo de pensar…

-Estábamos muy unidas, lo compartíamos todo, había una gran solidaridad…

-¿ A qué mundo se enfrentó después de 16 años de reclusión?

- A un mundo hostil, era difícil hasta con la propia familia…

-Usted ¿ qué temía?

-Me sentí más presa fuera que dentro…Pero no considero que haya perdido mi juventud. Viví el momento y escogí luchar por un mundo más libre. En cierto modo viví dos juventudes: fui joven en la cárcel y lo fui cuando salí.

-¿Qué aprendió en la cárcel?

-Que hay valores, como la solidaridad, que merecen que vivas por ellos.

-¿Qué quiere usted?

-Justicia. No quiero que se me considere una víctima, quiero que se reconozca que aquellos consejos de guerra contra civiles fueron ilegales.

- ¿Ha vuelto a encontrarse con su pasado?

-Todavía tengo pesadillas. Y me llamó una de mis funcionarias de la prisión, a la que recuerdo estricta, pero comprensiva. "Yo continúo con mis principios", me dijo. "Y yo con los míos". "Aún así, ¿cree que podemos ir a tomar un café?, me preguntó."Por supuesto"

-Eso es la reconciliación.

-Sí, pero que nadie se equivoque: ningún político puede perdonar en nuestro nombre. El perdón es individual. Lo demás es política.

Sentí que la admiraba. Supe que esa sonrisa que muestra no es fingida. Su sonrisa tranquila demuestra que vivió sus ideales hasta el final, y lo que es más difícil: supo perdonar. Perdón que no lleva implícita su renuncia a la justicia,  por la que ella luchó y gastó su vida. Por esa justicia sigue luchando hoy, como ayer, como siempre, a sus 84 años.

3 Noviembre 2004

Sonrisas

Publicado por muralla y archivado en: Desvaríos.

Doblecara

Foto de Odyseo

Quisiera regalarte en mi sonrisa
todo el susurro de mi mar,
arrullarte en él con mis caricias
y en su aroma dejarte naufragar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
el canto de un jilguero junto al mar,
su paso suave entre las lilas,
su dormirse cansado de volar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
los guiños de la luna sobre el mar,
los juegos de delfines en su risa
y ondas de un velero al navegar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
las olas bravas de mi mar
que azotan con fuerza sus orillas
y vencen sus playas sin luchar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
las huellas dejadas por mi mar,
cuando sube amoroso por la ría
besando la tierra al caminar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
mil camelias floridas junto al mar,
las calas que crecen sin medida
y los iris que lloran por brotar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
los tesoros ocultos de la mar,
nutridos de cofres y semillas
de todos los cuentos por contar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
mi lluvia eterna sobre el mar,
que pinta con aguas cristalinas
los sueños que sueño con soñar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
los juegos de luces sobre el mar,
cuando salen estrellas escondidas
los peces de colores a pescar.

Quisiera regalarte en mi sonrisa
los mejores recuerdos de mi mar
aquellos que en flores amarillas,
alguien, un día, me quiso regalar.

(Todas estas sonrisas son para Mad.
Los demás, que coja cada uno las que quiera,
porque yo las voy a regalar…
En un día triste, para muchos,
suplamos la ira con sonrisas
y dejemos al odio naufragar…)

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