¡Felicidades, Martiña!
para vos, mi niña, mi mujer, mi pájara.
El parto apenas comienza cuando se nace.
Todavía quizás para siempre
estaremos pariéndonos a empujones.
Viajando por la vida con la nostalgia
de habernos separado,
amando la cueva oscura,
el silencio fluído, amniótico, de la
más íntima cercanía,
pero también la luz, el aire,
la existencia distinta de la una y la otra.
El misterio de la vida nos acerca y nos aleja
pero el amor es más grande que todas las contradicciones.
Gioconda Belli
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