Cerrado por inventario
Jueves, 16 Noviembre, 2006
Mi queridísima Thirthe, ha colgado un meme musical en el que “hay que contestar una serie de preguntas mediante el título de las canciones que aquellas te sugieran, o simplemente se te ocurran en el momento”. Y yo, que difícilmente puedo resistirme a según qué cosas, he sido la primera en comentar, ganándome así uno de los testigos del juego. A ver cómo me ha traicionado el subconsciente…
-¿Eres hombre o mujer?
Assumpta de Siniestro Total
-Descríbete
(I Can’t get no) Satisfaction de The Rolling Stones
-¿Qué sienten las personas cerca de ti?
You got it de Roy Orbison
-¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
De alguna manera de Luis Eduardo Aute
-Describe tu actual relación con tu pareja
My baby just cares for my de Gus Kahn y Walter Donaldson, por Nina Simone, claro.
-¿Dónde quisieras estar ahora?
Vasos vacíos de Los Fabulosos Cadillacs
-¿Cómo eres respecto al amor?
Adoro de A. Manzanero, por Mayte Martín y Tete Montoliu
-¿Cómo es tu vida?
Lust for life de Iggy Pop y David Bowie
-¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?
Diguem no de Raimon
-Escribe una cita o frase famosa
Sea de Jorge Drexler
-Ahora, despídete…
La Grange de ZZ Top
Yo siento curiosidad por lo que dirían los subconscientes de Tarko, Nemomemini y Juankar. Pero ante el vicio de pedir la virtud de no dar, ¿o no?
Actualización: Por votación popular, la Sociedad Pajaril ha decidido pasarle el meme a una persona más, a Lulamy, mi ex hermana putativa. (¿Contenta, niña?)
Mirad:
somos nosotros.
Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quieros deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
JAIME GIL DE BIEDMA
Lo logramos. Todos. Volvimos, hemos vuelto. De muy lejos, de más cerca, pero todos. Somos nosotros. Vosotros y yo, de nuevo.
Volverá la rutina y nuestra lucha contra el tedio. Volverán los días y las noches, sus luchas y sus sueños. La ciudad resuena contenta esta mañana de domingo nuevo. Y la última trae un fado prendido en el pelo, para acunarnos de otoño.
Jalearemos nuestros nombres, uno a uno. Frente a las llamas, con el tsunami de nuestras risas, mis brazos se olvidarán sobre los vuestros. Y daré las gracias porque lo logramos.
Mirad: somos nosotros. Vosotros y yo, de nuevo.
Dejar el zoo medio abandonado, pelearnos con miedos, maletas y jaulas en dos aeropuertos para llegar a la tierra querida y hallarla ardiendo. Que hace tiempo que arde Galiza, pero ahora quema de verdad y para siempre. Enjuagarme las lágrimas con la misma impotencia de los que nos reciben y desear que el hidro no nos despierte a la mañana siguiente. Desempolvar las mantas y las chaquetas para envolver los días y que pasen quedos. Guardar el descanso como un punto de libro entre lecturas de siestas inhumanas, y la memoria entre vapores y gaviotas. Disfrutar cada mañana, cada tarde, en cada playa, con cada paseo de la felicidad cuadrúpeda compartida. Empezar a verlo todo con otros ojos para descubrir que fui sirena un atardecer en el puerto ballenero de Caneliñas y no dar crédito. Encontrarme con gente querida y con gente por querer. Enrojecer en Ítaca. Temblar en Lavacolla al abrazarte, volver a tenerte allí, de nuevo, con la música y la pólvora mojada aunque sólo fuese por dos días… Dejar en consigna el quilo de poesía que el fuego me impidió entregar. Sonreír al saber que habrá que volver a intentarlo. Recoger en silencio los mimos, las charlas, los recuerdos, y meterlos desordenados en la maleta. Despedir desde el cielo y con retraso a la tierra, con la seguridad que da la inflexión del viaje, cuando el destino sólo es llegar a casa.
Volver al zoo que -en el abandono- se ha llenado de morriña, de hojas secas, de plumas mudadas, de postales esperando en el buzón. Abrir la maleta para que el polvo se cubra de conchas que encierran ecos de sueños renovados. Y hacerlo poco a poco, para que no se pierda la magia de volver…
Eso era hasta hace un par de días, la cifra subirá, que las cosas sólo han ido a peor gracias al entusiasmo israelita que ciega a unos con el ojo por ojo y a otros con el dólar por dólar.
En el metro, las portadas de los diarios gratuitos apenas hablaban del horror. Los viajeros miraban mi portada casi molestos, con esa mezcla de hastío y asco que provocan según qué noticias. Como si el mundo terminase en ese último chupinazo que hoy ha dado a los toros y vaquillas un pequeño respiro en su torturada existencia. Como si el mundo terminase en esas triviales informaciones locales. Como si el mundo terminase en esta ola de calor infernal. Como si terminase en la frontera más cercana: el ombligo propio. Y mientras, por ahí, en lugares que resultan lejanos y distantes, siguen los combates, los verdaderos, los que se mueven por lo más elemental.
Y volveré hoy al sirio a comerme una fattush y un kabab. Y en las pupilas azabache del cocinero, buscando más allá de mi propio ombligo, encontraré el camino y reconoceré su cercanía…