Archivos de 'Criaturas esenciales'

5 años juntos

Miércoles, 27 Mayo, 2009

cold dog, (c) mad

Hoy hace cinco años que nos conocimos, que te besé por primera vez, que acaricié la suavidad de tu pelo, que supe que me ibas a robar el corazón…
Traerte a casa ha sido de las mejores cosas que he hecho en mi vida, lo sé ahora mejor que entonces. Ahora que ya me has enseñado tanto y que nos conocemos bien. Ahora que aún me queda tanto por aprender empiezo a saber cómo disfrutar de cualquier día, como haces tú, toliño, porque cada día puede ser una fiesta si tú también estás conmigo…
Te quiero Napoleón, vejete mío…

25 anys de Saló | 25 años de Salón

Jueves, 19 Abril, 2007

Cartell del 25è Saló del Còmic

Vuillemin, Bilal, Shelton (¡¡Shelton!!) y un montón de autores más. Sí, sí, sí. Y a las cajas pendientes que les den, que ya tengo plan para mañana (¿Verdad, Nikopol?) o para pasado y con cerveza (Oi, Sergi?), o para ambos…

Por si quieren abrir boca (por lo de pasmarse o envidiarme, claro) aquí está el enlace oficial a la página del Saló del Còmic de Barcelona. Y por si quieren disfrutar de los alucinantes dibujos de mi querido Ike (sí, reabrió y no dije nada antes), les paso el enlace secreto (lo siento, no podía ocultarlo más) a sus mejores ilustraciones . Que algún día será el autor del cartel, fijo.

PD. Los edding para mis paredes corren a cuenta de cada un@. Se agradecerá eviten borderías de mal gusto que éste es un sitio fino, como dice Manu, ¿no?

Carlos

Miércoles, 10 Enero, 2007

A Carlos Costa

Ahí están, por orden de aparición: Drac, Luna, Marmota y Napoleón. Todas y cada una de esas cuatro criaturas son parte esencial de mi vida. Y lo son gracias a Carlos, nuestro veterinario, el suyo y el mío. Dos estaban desahuciados cuando los vió por primera vez, una era un cachorro malsano con varios virus de difícil curación y el otro un vejete abandonado y artrítico. Y a los cuatro, a cada uno de ellos, Carlos les cambió la vida. Y a mí y a los míos, que nos permitió poder seguir disfrutando de esos peludos deliciosos…

Carlos tuvo un infarto el sábado pasado. Sigue hospitalizado, le siguen haciendo pruebas. Es joven, es listo, es sabio. Sólo espero que él tenga la misma suerte que nosotros y dé con alguien que sepa, que quiera, que pueda cambiarle la vida. Que la suya vale mucho…

Collons, Carlos, posa’t bé!

Mi querido Napoleón

Sábado, 27 Mayo, 2006

Napoleón

Mi querido Napoleón,

Dos años ya. Cómo pasa el tiempo, gordo. ¿Recuerdas el día que nos conocimos? Nunca olvidaré tu cara en aquella jaula. Llevabas allí metido casi veinticuatro horas. Habías salido de Segovia hacia Madrid por la tarde y no llegaste a Barcelona hasta la mañana siguiente. ¿Qué debiste pensar en todo ese tiempo? ¿qué debiste sentir? Tenía que compensarte por todos los años perdidos, por todos los abandonos, por toda la soledad, la tristeza y el miedo. Tenía que estar a la altura.
Metimos la jaula en el portal y seguías quieto, al fondo, hecho una bola de incomprensión. En tus ojos sólo había cansancio, un cansancio antiguo. Los bípedos no habíamos dulcificado demasiado tu existencia y en aquel portal desconocido yo pronunciaba tu nombre como una letanía. Saliste de la jaula sin convencimiento ninguno, pero no dejabas de mirarme. Me escrutabas con tu trufa reseca, que ni fuerzas te quedaban para resistirte. Tu cola rota estaba más triste que tú y tus patas delanteras acusaban el encierro dándote el paso más desgarbado del mundo.
Con toda la ternura de que era capaz pese a mis temblores, te puse la cadena. Firmé el recibo al transportista y le rogué que se fuera. Nos quedamos así unos pocos minutos, solos, quietos, sin saber. Abrí la puerta y salimos a mi Barcelona.
A tus nueve años, por primera vez, ibas atado. Tus pasos por el duro cemento erraban de izquierda a derecha. Todo lo olías y nada parecías conocer. En el callejón, esperamos, había que presentarte a Marmota y a tu otro amo (Amo, que palabra tan violada con vosotros). La negra, nuestra negra querida y dulce no entendía qué hacía yo contigo y aún no sospechaba que se avecinaba su destronamiento. Y luego subimos a casa, y localizaste las camas y el sofá. Conociste a los emplumados del zoo y te asomaste al vértigo de los balcones. Y le ofreciste la pata a mi padre y un largo suspiro a mi madre. Y se te presentó a los vecinos y a los amigos. Y poco a poco, tu pelo, tu precioso pelo, perdió sus nudos y tu sonrisa brilló, tus ojos dejaron de llorar y tu cola empezó a señalar el cielo.
Sí, Napoleón, así fueron las cosas aquel día hace dos años. Nunca te he mentido, ¿por qué pareces no creerme hoy?
Ya sé, ya sé. Queda todo tan lejano cuando te sientes el rey, para qué vamos a engañarnos si te lo has ganado cada día, cada mañana, cada despertar. Lecciones que hemos aprendido sin darnos apenas cuenta al verte agradecer cada aurora. Has santificado cada día como merece, agradeciendo al divino cada caricia, cada paseo, cada baño, cada siesta, cada desayuno y cada cena, cada juego, cada te quiero susurrado al oído.
Y ahora vamos a celebrarlo, que Barcelona está preciosa en primavera.
Pero antes, espera Napoleón, acércate. Más, acércate más que quiero darte un mordisco.
Gracias, cosa dulce, me gusta que tú también me digas que me quieres.

Microcosmos

Sábado, 6 Mayo, 2006

al meu balcó

Siempre hay sorpresas en el zoo. Siempre. Cualquier mañana, cualquier día, en cualquier rincón, si abro bien los ojos. Mi microcosmos. Con cafés y música, me sorprende porque me dejo.
Entre las gerberas, hoy, y los ramos de hiedra. Frente a las fotos de patrias y templos, se construyen momentos. Pequeños y breves, pero míos, mucho, más que los sueños. Microcosmos reales y conscientes.
Y se para el tiempo en mí.
El del tercero riega y la cascada de agua nos separa del mundo exterior. Su exceso nos transporta con cada gota a otros paraísos. Mi negra se sacude, la abeja y yo sonreímos y Drexler dice que todo se transforma. En mi microcosmos nada es más simple, nada se pierde.
Terminada la lluvia de besos de agua, todo brilla. Me obligo a cerrar la boca y me sacudo el pasmo. La abeja y mi negra sonríen ahora.
Y se pone en marcha el tiempo en mí.
En la nevera esperan los ingredientes de la receta que me acabo de inventar. Y entre gerberas y ramos de hiedra, hoy, mi microcosmos olerá a curry.
Siempre hay sorpresas en el zoo…

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