Contigo, Andrea
Sábado, 6 Octubre, 2007
Nuevas liturgias contigo, por ti, que ya estás enorme y superas la altura de ese ombligo que ya no es mío del todo, que ahora si lo miro bien te veo a sólo a ti, mi niña. Y me llenas de alegría y de sueños, de patadas y de miedos. ¿Qué haré contigo, dios mío? Media vida esperándote y ahora que ya estás aquí, tan cerca, tan dentro, tan viva, no sé qué decirte, no sé por dónde empezar contigo, Andrea.
Mirándome el ombligo todo el día, todos los días, tan ausente de todo, tan pendiente de ti y de mí, te paseo por mi día a día y estreno contigo nuevas liturgias. Sólo sé que cada mañana te saco a mi Barcelona, y que cuando puedo te llevo a mis rincones preferidos. Te cuento cómo es todo lo que nos rodea, lo ordinario y lo extraordinario. Te siento conmigo frente al ordenador y te leo las noticias (¡cómo está el mundo!) y rezo porque no me devuelvas una patada al estómago. Te imagino meciéndote mientras yo juego con Marmota y Napoleón, a la espera de que te dé tiempo a conocerlos bien, a estirarles de la cola y babarles las orejas. Te duermo con el trino de Gordo, que es la mejor voz de la casa. Nuevas liturgias cada día, contigo, Andrea, mi niña, para exorcizar todos mis demonios.
Y ahora cierro los ojos y te sueño. Eres preciosa, tan pequeña. Abres los ojazos con esa canción que nos dedicaron en secreto en nuestro primer concierto juntas. Y bailamos. Bailo contigo, Andrea.





