Cerrado por inventario
Jueves, 16 Noviembre, 2006
De lo sucedido realmente ayer ante las urnas se pueden extraer muchas lecturas. Es bien sabido que siempre ganan todos, que siempre han ganado todos y son pocas las honrosas excepciones que lleguen a reconocer que no ha sido así. Pero, si miramos los datos, todos los datos (participación, porcentajes, votos totales, escaños y circunscripciones), las cosas son como son y no como a algunos gustaría que fuesen.
Desde otras partes, desde otras perspectivas y otros intereses las lecturas dicen que se ha castigado al tripartito y que la “victoria” de CiU señala la única posibilidad viable para el bien de todos ( todos, ¿quiénes?)
Es la primera vez que en unas elecciones no municipales no he votado PSC. Es la primera vez en que mi voto útil, mi fuerza principal en el juego democrático me ha impedido votar al PSC. Y voy a explicar mis razones.
Ante la bipolarización total de la política a nivel estatal, ante la incapacidad de hacer pedagogía de los hechos diferenciales, ante la homogeneización general del “conmigo o contra mí”, ante la creciente y preocupante corriente de que nuestra (la de los catalanes) cooperación ha ido disminuyendo… Aquí, en Catalunya, con independencia de considerandos partidistas se ha ido desarrollando un tumor maligno, una idea de culpabilidad, de falta de sentido de estado, de inseguridad…
Los que siempre hemos sido de izquierdas (repito: de izquierdas), hemos ido viendo cómo se nos ponía en entredicho, como si nuestras izquierdas lo fuesen menos. Bien, pues en todas partes, las izquierdas siempre han tenido mil caras y un abanico propio, que incluye -desgraciadamente- totalitarismos. Y la gran asignatura pendiente ha sido, históricamente, saber llegar a un consenso y lograr una unión contra el verdadero “otro”. Pero habíamos llegado a un punto en que “los otros” éramos nosotros, los votantes cautivos del PSC, las bestias negras. Y por ello, y como ideológicamente estamos muchos más a la izquierda (lo cual no es difícil) y más teñidos de verde, esta vez -y quizás no la única- hemos dado nuestro apoyo a la fuerza que realmente nos representa, a la que realmente tiene un programa que nos satisface, y a la que ha defendido sin rubor ni vergüenza que lo único que quiere es la reedición de un gobierno de izquierdas.
Así que cuando lean los datos, por favor, tengan esto en cuenta: muchos de los votantes del PSC en las anteriores autonómicas hemos creído que la única forma de garantizar un nuevo gobierno de izquierdas (al que tenemos derecho propio) era votando a IC-EUiA. Sólo así sé que mi voto no servirá jamás para ninguna aberrante desvergüenza como la sociovergencia. Y que mi voto de izquierdas en unas autonómicas será la muestra unívoca de mi sentir.