Grupo salvaje
Miércoles, 9 Agosto, 2006

Lejos quedaban aquellas noches con el estudiante Hernán, los juegos, los bailes, las caricias… Desapareció una mañana, tal y como había llegado: misteriosamente. Casilda estuvo sumida en un silencio voluntario del que apenas la sacaban Tigre y Paloma y los emplumados. Paqui y Marta, las paquidermas, habían regresado hacía ya muchos meses, y apenas llegaron, Casilda colgó el cartel de cerrado, preparó las maletas pensando en todo el zoo y partieron hacia el Este.
Después de tanto tiempo dando vueltas, parando brevemente en posadas conocidas, sin responder a las llamadas de Estrella ni a los conjuros de Sito, Casilda ya tenía ganas de volver. La pequeña muerte de aquella huída ya había terminado el duelo y como no podía ser de otra manera, cuando estaba a punto de dar la noticia a todo el zoo, la voz de Maruxo les dio los buenos días desde el marco de la ventana: “Buenos días, familia”
El alborozo de los emplumados despertó a Tigre y Paloma que se lanzaron sobre Maruxo poseídos. “Malditos cuadrúpedos, cuánto he añorado vuestra efusividad”, graznó. Las paquidermas también abrieron los ojos, pero la pereza vencía a la alegría de reencontrarse con el viejo amigo y siguieron tendidas, observando la algarabía general.
-Ven aquí, Maruxiño querido - dijo Casilda señalando su hombro izquierdo.
- Tu madre te echa mucho en falta, niña. Y pronto será el cumpleaños de Leo… Esta vez ha sido ella la que la ha liado buena. Y vosotros sois el regalo. Deberíais volver…
-Lo sé, hace días que sé que quiero volver. La taberna, la ría, el faro… todo me llama. Pero no sé si llegaremos a tiempo, Maruxo. Míranos bien, somos como un campamento cíngaro y todos vamos a ritmos diferentes. Además Tigre está algo mayor para meterle prisas y los emplumados están algo flojos tras la muda…
-Casilda, eso está controlado, Mouriño ha venido conmigo…
-¡Ah, claro! Entonces ya está todo arreglado -espetó burlona Casilda- “el gigante” Mouriño nos llevará a todos dando largas zancadas.
-Algunas veces, Casilda, eres cruel, mucho. Parece mentira que seas medio meiga y sólo creas en lo que tus ojos parecen mostrarte - la voz de Maruxo sonó realmente dura y Casilda bajó la cabeza.
-Perdona, Maruxo, tienes razón, tu amigo es un encanto y seguro que ya habéis pensado algo ¿verdad?
-Pues sí, ya que lo dices sí, y de no ser por Estrella y Leo, no sé si no te dejaba aquí sola y me llevaba a toda la parentela, niña boba, que ellos nunca dudan -dijo Maruxo, desde la cabeza de Marta que jugaba con su trompa a hacerle cosquillas-. En realidad, las sirenas de por aquí, amigas de tu madre y de Mouriño desde el capítulo de Teodora ¿recuerdas, niña? tienen una jugada preparada para que lleguéis todos en un santiamén. Recógelo todo y vayamos al puerto. Venga, date prisa, Casilda.
-Está bien, pero consígueme un café, que ya sabes que hay cosas que no cambian nunca -le dijo Casilda con su mejor sonrisa.
Ya en el puerto toda la trouppe, junto al pequeño Mouriño esperaban las sirenas Coia y Monsa con unas cestas gigantes e inmediatamente se dispusieron a organizar el viaje. Las paquidermas se tumbaron sin que nadie se lo pidiera, a cada una le pusieron una cesta al lomo, ataron bien las correas y fueron ordenando a los miembros del zoo en cual de ellas debía entrar. Tigre y Paloma las obedecieron sin rechistar, los emplumados revoloteaban divertidos sobre ellos, Marta sostenía a Maruxo en la trompa, y desde allí el cuervo sopesaba el equilibrio de cada cargamento.
De pronto, del agua emergieron unas enormes alas que se acoplaron solas a los costados de Paqui y Marta. Se oyó un largo “ohhhhhhhhh” salir de las bocas pasmadas de todos. Mouriño comprobó que no quedaba nada ni nadie en tierra y saltó a la cesta de Paqui.
Casilda, guiñó un ojo a Maruxo y se apresuró a decir: “¡Vámonos!”
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La foto es de Ferran M., Uno que pasaba
Nos vamos de vacaciones y no queríamos dejaros sin entretenimiento…





