Opio vano
Miércoles, 10 Mayo, 2006Ayer Josep Ramoneda escribía en El País:
Muchas cosas se deben haber hecho mal cuando en dos años se han liquidado todas las expectativas en torno a la alternativa “catalanista y de izquierdas” en Cataluña. El Gobierno tripartito representaba, por fin, la posibilidad de la alternancia en Cataluña. Y, sobre todo, normalizaba el país al articular la política sobre el eje derecha / izquierda, como en todas las democracias avanzadas, y no sobre el eje nacionalistas / no nacionalistas. CiU ha pasado la amarga experiencia de la pérdida del poder después de veintitrés años aparentemente sin grandes costes y en condiciones de competir por la victoria en las próximas elecciones, rompiendo la tradición de que una crisis profunda acompaña siempre al partido que deja de gobernar.
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CiU ha pasado la amarga experiencia de la pérdida del poder después de veintitrés años aparentemente sin grandes costes y en condiciones de competir por la victoria en las próximas elecciones, rompiendo la tradición de que una crisis profunda acompaña siempre al partido que deja de gobernar.
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El 21 de enero, José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas cerraban en la Moncloa el acuerdo sobre el Estatuto catalán. Con el paso de los días esta maniobra adquiere la dimensión de una gran celada: Zapatero y Mas consiguieron debilitar seriamente la autoridad del presidente Maragall, que vio cómo el líder de la oposición y no él era el interlocutor decisivo del Gobierno en la negociación del Estatuto, y consiguieron también provocar el caos en Esquerra Republicana, que no se ha recuperado de aquel trance, y se ha metido en una autodestructiva guerra interna. No sé qué hubo de cálculo político y qué ha habido de casualidad en las consecuencias de la maniobra entre un presidente que necesitaba urgentemente que pasara el cáliz del Estatuto catalán y un líder de la oposición a la búsqueda del espaldarazo que le situara de nuevo en la disputa de la pole position.
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El presidente del Gobierno sentía que el PSC liderado por Maragall y metido en el tripartito le creaba más problemas que los que le resolvía. De modo que Maragall y Esquerra eran vistos como un lastre para consolidar la hegemonía socialista en España. Y cuando se está en el cénit del poder -el Zapatero de ahora no es la incógnita de hace dos años- se procura soltar lastre.
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El presidente Maragall al acentuar sus querencias nacionalistas -algunos dados al pensamiento mágico dicen que es el espíritu del cargo- para contentar a Esquerra y, supuestamente, morder en el electorado de CiU, se ha alejado de las bases electorales del socialismo y ha encontrado la desconfianza en Zapatero, que había confiado en él como motor de la segunda reforma del Estado de las autonomías. Maragall a los dos años está solo. Y tiene ahora que tomar a la desesperada la decisión que no tomó en otros momentos críticos: jugársela al todo por el todo con un gesto que reponga si no ya la autoridad por lo menos la dignidad.
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Se ha hecho un daño irreparable a la izquierda catalana. El trabajo honesto, serio y de fondo de alguno de los consellers -¿habían estado las finanzas de la Generalitat alguna vez tan bien como ahora?- ha quedado desdibujado. Y la continuidad de un gobierno de izquierdas está absolutamente en precario. En un Gobierno pensado contra el Partido Popular se quiso utilizar el proceso estatutario para cohesionarse contra el enemigo común y, de paso, castigar a CiU por sus alianzas pasadas. Ganó Zapatero y no se supo cambiar el chip. En política, el orden de las cosas es muy importante. El tripartito lo invirtió. Debían haber empezado por gobernar y, una vez ganada la legitimidad por esta vía, afrontar las reformas estatutarias en una segunda legislatura. Por inseguridad o por error estratégico quisieron hacer lo contrario. Y ahora todo se juega en un referéndum que es siempre el peor de los terrenos. Y se juega desde el descrédito de una izquierda que ha conseguido que muchos, entre los que me cuento, nos sintamos profundamente defraudados. Después de 23 años de CiU, ¿era esto lo que merecíamos?
Así que ahora, que queda -al menos- un mes para el referéndum, y un largo verano de incógnitas, a los rojos defraudados sólo nos queda el opio vano. El mismo opio que usaron nuestros padres y abuelos durante cuarenta años como revulsivo. Porque aquí, en Catalunya, eso es lo que ha significado históricamente una victoria del Barça…
¡Qué triste!






10 Mayo, 2006 at 8:40 am
Pues mira por donde, que el lunes vi en un programa como votaban algunos de la ‘mesa’ que les importaba más en estos momentos, si el estatut o la final de la champions… Y ganó la final por 4-2.
A mi me ha decepcionado Maragall por su falta de autoridad y alguna mala manera, pero no tanto como Zapatero, igual precisamente lo suyo fué una maniobra a propósito para apartar a ERC un tanto, o robarle protagonismo, a fin de cuentas, CiU siempre ha sido más dócil.
Y sin haber leido esto, de esto más o menos hablo hoy yo también.
Petons.
10 Mayo, 2006 at 9:54 am
Triste sí, las victorias del Barça producen alegria pero no ayudan a solucionar los problema de la gente. Ramoneda ha hecho una radiografía muy acertada de la situación. Como persona de izquierda y desde la distancia estoy de acuerdo con él. Se ha primado el nacionalismo antes que la política de izquierdas, se ha buscado el estatuto con prisas sin abrir previamente un debate sobre las necesidades y viabilidad del mismo y sin asentar convenientemente al tripartito, indirectamente A.Mas ha sido el gran triunfador. Creo que después de tanto tiempo en la oposición son malas noticias para la izquierda en Catalunya.
Besos
10 Mayo, 2006 at 11:57 am
A mí me cuesta pensar que ZP haya sido capaz de una estrategia tan sibilina. Quizá porque políticamente le considero un peso pluma y le veo más funcionando a bandazos que con una estrategia clara. Pero puedo equivocarme. Quizá no es tonto, sino demasiado listo. Habrá que concederle el beneficio de la duda. Ahora a votar. A ver que sale de todo este despropósito.
Besos.
10 Mayo, 2006 at 2:48 pm
Supongo que a veces la izquierda es el peor enemigo de la izquierda y los ideales. Pero en este caso no sé si echar toda la culpa al PSC. Creo que el momento político no nos permite llegar más allá en la Reforma y Nueva propuesta de L’ESTATUT, pero dar pequeños pasos no es una rderrota profunda y después de la contra campaña de la derecha Española para desviar el tema de l ‘Estatut a un tema Nacionalista, poco favor nos hacemos con seguir el juego a los Srs del PP. Bueno, no entiendo mucho de política, pero creo que aquí hay más de uno que juega con la desinformación. El Texto no es ideal pero sería posible en este momento llegar a más?. Y por último someterlo a Referendum creo que es el acto de democracia más decisivo. Bueno! meditaremos sobre el tema. Besos
10 Mayo, 2006 at 11:37 pm
Yo el problema lo veo más simple. Izquierdas y nacionalismos nunca podrán ir de la mano.
La izquierda promulga la igualdad mientras que el nacionalismo promulga la diferenciación. No critico ninguna de las dos posturas. Las dos posturas me parecen legítimas. Pero si que tengo claro que ambas posturas podrán ir en la misma dirección pero jamás en el mismo sentido.
Ejemplo claro de los que digo, aunque me consta que hay gente que no lo ve así, es el tema del Estatut. Tanto el PSC como ERC querían un nuevo Estatut, llegaron a aprobarlo conjuntamente en Cataluña, pero surgieron las discrepancias cuando se tocaron los temas relacionados con el nacionalismo.
A ERC no hay nada que reprocharles, son nacionalistas de pleno derecho y por tanto ejercen de ello.
En fin, es la primera vez en mi vida que escribo sobre política en un blog. Tampoco me hagáis mucho caso.
Un saludo.
11 Mayo, 2006 at 6:52 am
Da la sensación de que a la izquierda se la combate hasta con golpes bajos de nacionalismo o antinacionalismo o de lo que se tenga a mano.
Dado que no hay quien pueda olvidarse de lo secundario, habrá que trasladar el debate hasta centrarlo en lo importante:
O sea, la política de izquierdas.
O sea, de acuerdo con Luis.
Un abrazo
11 Mayo, 2006 at 1:28 pm
Bueno, pues yo, aún a riesgo de ser irreverente, creo que el Barça debería de entrar a formar parte del tripartito por partida triple; a Maragall habría que darle una caña (y un gorrito) y mandarlo a pescar con chaqueta y todo; y CiU y ERC deberían casarse y formar familia, que están en edad de merecer, y dejarse de tarambanas como hace cualquier persona decente.
Asunto arreglado. Hop!
11 Mayo, 2006 at 4:10 pm
hay un cómic de Astérix y Obélix llamado “La cizaña”. Algún día se escribirá sobre el papel de, no sólo el Sr. Rajoy, sino la troupe cizañera de CIU y ese monstruo repeinado que la clase política ha creado para verse reflejada en él, llamado Artur Mas: ¿primero un acuerdo de máximos? ¿luego un acuerdo de mínimos? ¿quién es el irresponsable y cizañero?
Hay que joderse………..
11 Mayo, 2006 at 6:41 pm
Me gustaba ERC cuando parecía de izquierdas. Ahora que juega a parecer más nacionalista que la derecha más nacionalista, ya no. Y entiendo el lío que tienen, claro, porque disfrazar de izquierdas al nacionalismo nunca ha sido fácil.
Yo habría subrayado este párrafo:
“En política, el orden de las cosas es muy importante. El tripartito lo invirtió. Debían haber empezado por gobernar y, una vez ganada la legitimidad por esta vía, afrontar las reformas estatutarias en una segunda legislatura. Por inseguridad o por error estratégico quisieron hacer lo contrario.”
Y ya que, según Ramoneda, se han cargado la izquierda catalana, que no se carguen la que pueda quedar por ahí.
En cuanto a la comparación que haces al final, Mad, con esos cuarenta años, supongo que sólo es una figura literaria.
De todas formas, espero poder discutir pronto estas cosillas contigo mientras vaciamos alguna botella de vino (Ribera del Duero, por supuesto).
besossssss
11 Mayo, 2006 at 7:29 pm
Nunca me gustó ERC, porque nunca creí que fuese -verdaderamente- de izquierdas. Que se entienda -claro- que hablo de la ERC que yo he conocido, que ha habido otras.
Recuerdo perfectamente aquella manifestación frente al Parlament de Catalunya, uno o dos días después de las últimas autonómicas. El clamor de la izquierda, la (casi) exigencia de que respetase el orden de sus siglas y de que pactasen con la que se creía única vía natural: PSC e IC. Lo hicieron. Y me sentí feliz, esperanzada y orgullosa: lo habíamos conseguido, CIU era historia.
Pero, claro, las cosas no siguieron bien. Había que arreglar 23 años rápidamente, dar golpes de efecto y lidiar con Madrid.
Aquí nadie se cargará nada de ningún monte cercano. Al contrario, nos han sacrificado. Y nos hemos dejado, por inútiles, por cobardes o por la razón que sea. La ha cagado (no hay eufemismo que valga) todo el mundo. Porque los votantes cautivos socialistas que ha habido siempre en Catalunya (entre los que me cuento), ya veremos qué hacen en las próximas generales.
Pero, eso sí seguerimos siendo los malos de película.
Pues nada, a las penas puñalás: Visca el Barça!
11 Mayo, 2006 at 7:32 pm
Te dejo un abrazo.
12 Mayo, 2006 at 5:42 pm
yo, ya tarde, digo como Bart, que se casen CIU y ERC y que se dediquen a procrear, mientras tanto que dejen gobernar a la izquierda.
besos prudentes para no caer en nacionalismos a secas, que todavía hay clases..
14 Mayo, 2006 at 1:26 am
Pues, en las próximas, esos malos de la película cantaremos como Silvio… “Qué hago ahora contigo?”. Un beso.
14 Enero, 2008 at 6:25 am
Studio Glamour
awesome stuff