Un corazón en invierno
Martes, 11 Abril, 2006
La recuerdo claramente, aún después de tanto tiempo, la recuerdo. La suavidad de su piel, las constelaciones de aquellos lunares en su espalda, la redondez de sus pechos, la tibieza de su carne, la obscenidad de sus labios, los suspiros desatados de su boca al tocarla. No la amé, no quise hacerlo. Logré contener cada una de mis palabras y negarle cada uno de mis sentimientos. Le mentí, me mentí cada vez que fue menester. No podía permitírmela, no podía permitírmelo.
La recuerdo claramente, aún después de tanto tiempo, la recuerdo. El día que la conocí, a la salida de aquel estreno en aquel teatro que ya no existe. Iba acompañada de su amante de entonces y me pareció hermosa, muy hermosa. Me fascinó la transgresión de su ropa, tan poco ortodoxa para una noche como aquélla, para un lugar y un acompañante como aquéllos. Lo que insinuaba, sobre todo lo que insinuaba toda ella. Al besar su pequeña mano cuando me la presentaron, al clavarme en la sonrisa de su mirada, al decirle “un placer, madame” supe que no podría permitírmela nunca, pero que bajo ningún concepto podía perdérmela. Para mí fue sexo, ya he dicho que nunca la amé, sólo sexo. Pero el mejor que jamás tuve, con diferencia. Santifiqué su cuerpo siempre que tuve ocasión y llegué a estudiarlo como un verdadero cartógrafo hasta sus confines.
Aún después de tanto tiempo, reconozco que hubo un día en que casi no pude contener mi corazón en invierno. Aquella mañana, mi amante, mi hermosa y deliciosa amante, aún sin vestir ni peinar, sostenía un libro entre sus manos. A mis buenos días, contestó con su mejor sonrisa, su amplia, franca, fresca y sentida sonrisa, casi dulce. Sin dejar de sonreír, volvió a abrir el libro y siguió leyendo para mí. Estuvimos así varias horas: ella leyendo y yo mirándola y escuchándola.
La recuerdo claramente, aún después de tanto tiempo, la recuerdo. La última noche que pasamos juntos en su casa, aquel pequeño piso de la Calle Poniente del que nunca supe su dueño, parecía distinta, como ausente. Sus ojos navegaban perdidos en la llama de una vela, en el rubí de su copa, en fondo del gramófono. No logré averiguar nada, ella sabía -mejor que yo- no sólo negar sus sentimientos, sino vestirlos de inexistencia. Usó excusas femeninas muy impropias en ella. Y yo, infeliz, me las creí. A la mañana siguiente, cuando desperté, sobre su almohada había un libro y nada más.
La recuerdo claramente, aún después de tanto tiempo, la recuerdo dictándome un capítulo para que lo escribiese en su espalda, con la condición de que cada uno de sus lunares debía coincidir con cada coma y cada punto. Quedó perfecto, me coincidieron sin excepción.
Conservo aún aquel libro cuya dedicatoria reza:
Estoy convencida de que hay dos cosas en la vida que son fundamentales: las delicias de la carne y la delicias de la literatura. Yo he tenido la suerte de disfrutar de las dos por igual…
M.”
Fotografía de Charles Schenk






12 Abril, 2006 at 12:45 am
Sólo puedo decir que me encanta!
Petons.
12 Abril, 2006 at 1:19 am
Precioso texto
12 Abril, 2006 at 1:20 am
un besazo
12 Abril, 2006 at 2:40 am
Has vuelto…hacía tanto…
Bicos desde el paraiso…
12 Abril, 2006 at 9:31 am
Es fantástico el relato Mad, me gusta tu blog. Seguiré visitándolo y agradezco que te haya gustado el enlace que apunté en el blog de Manuel.
Besos
12 Abril, 2006 at 10:50 am
La foto me encanta. No sé por qué pero me recuerda todo un poco a Carmen Laforet
12 Abril, 2006 at 4:30 pm
uau, el corazón en invierno produce “indian summer” al leerlo.
precioso.
besiños
12 Abril, 2006 at 5:53 pm
Feliz semana santa mad!!
13 Abril, 2006 at 10:16 am
Así me gusta. Suena todo mucho mejor y eso me alegra de verdad.
Muchos besos.

13 Abril, 2006 at 9:47 pm
nunca te había leído
pero me he quedado
flipando…
me gustas
mucho
volveré, mad
;*
13 Abril, 2006 at 11:53 pm
¿Y por qué no puede una historia como ésta ser siempre así de deliciosa?
14 Abril, 2006 at 8:20 pm
Precioso, precioso…
Bicos.
14 Abril, 2006 at 10:57 pm
Me ha encantado.
Coincido con tarko, a mi también me ha recordado un poco a Carmen Laforet.
Besos guapa.
15 Abril, 2006 at 1:10 pm
Meniña
está xenial, moi ben trazado, si..jooo encántame! Biquiños, milleiros
16 Abril, 2006 at 1:19 am
caray, que bonito!
(coinciden puntos y comas sin excepción)
besos
16 Abril, 2006 at 12:18 pm
Bonitas palabras y bonitas imágenes. Es un gusto !
16 Abril, 2006 at 3:13 pm
Xa pasei algunha vez por aquí, mais hoxe descubrinte de verdade, vinte desde a Muralla. Foi un pracer a visita a este recuncho de nome tan lindo e tamén foi un pracer a compaña dos teus.
Unha aperta grande.

17 Abril, 2006 at 4:12 pm
Con los lunares en puntos adecuados, ¿quién necesita GPS?
17 Abril, 2006 at 9:25 pm
Es que si no lo haces así no llegas al invierno te quedas en el otoño…
A mi la carne me gusta mucho ;)))
17 Abril, 2006 at 10:57 pm
por los corazones en invierno. que ninguna estación es eterna.
18 Abril, 2006 at 5:14 am
Volvía de unos días fuera y me encuentro con una halagadora visita tuya en mi homenaje a Sampedro. Vengo aquí a toda prisa y…
Oye. Sin aliento me has dejado y , después de leerte repetidamente, tengo que parar para dejarte unas palabras antes de seguir leyéndote otra vez (O varias):
Me ha hecho mucha ilusión tu visita (sabrás que fuiste la primera que me dijo algo en este blogomundo tan tarde descubierto por mí. Fue en un comentario en Manuel H. el 22 de febrero donde, tras silencios y anónimos me atreví a escribir algunos torpes comentarios como “espía”). No he dejado de leerte desde entonces y me alegro enormente de que alguna vez me leas.
Escribe todo lo que puedas. Nunca dejo de leerte.
18 Abril, 2006 at 4:25 pm
joder sister, que bonito el texto…
que bonito, sí señora.
Un besazo (de vuelta de vacaciones ;-))
18 Abril, 2006 at 5:33 pm
Yo estoy empeñada en disfrutar de ambas delicias en la proporción citada. Por ahora van ganando las letras. Pero todo se andará. En ello estamos
Besotes.
18 Abril, 2006 at 9:00 pm
precioso mad,
parece escrito en una espalda de lunares..
bíkolos.
18 Abril, 2006 at 9:09 pm
Y después de esta delicia, llegó la primavera…
Bessoss¡¡
19 Abril, 2006 at 3:11 pm
Estimada Mad mira que t’he llegit coses precioses però t’he de dir que has fet una descripció perfecta de “l’amant” ni Ramon Lluny hagués pogut imaginar tal voluptositat tan éterea i suau. Només els vertaders amants saben “vestir d’inexistència els sentiments” precisament la única manera de fer-los divins. I compartesc plenament la dedicatòria doncs literatura i amor (perquè és amor) són les delícies imprescindibles de la vida. Una delícia de text, una delícia: tu
un bes ,t’estime.
20 Abril, 2006 at 7:01 pm
Me gusta que os guste, mucho. Hacía tiempo que lo tenía en la cabeza y no encontraba el momento de sentarme a escribirlo. O no encontraba lunares y pecas apropiados, a saber.
Gracias a tod@s por la visita, especialmente a los nuevos y atrevidos espías y a las dulces voces de mi otra tierra querida
Muchos besos, beixos, besets i petons
20 Abril, 2006 at 9:55 pm
(No dije nada porque está todo dicho y lo suscribo)
Besos