Archivos del mes de Diciembre, 2005

Recetas infalibles

Sábado, 31 Diciembre, 2005

caballos salvajes

Se puede vivir una larga vida sin aprender nada. Se puede durar sobre la tierra sin agregar ni cambiar una pincelada de paisaje. Se puede simplemente no estar muerto sin estar tampoco vivo. Basta con no amar, nunca, a nada, a nadie. Es la única receta infalible para no sufrir.
Yo aposté mi vida a todo lo contrario.
Y hacía muchos años que definitivamente había dejado de importarme si lo perdido era más que lo ganado, creía que ya estabamos a mano el mundo y yo, ahora que ninguno de los dos respetaba demasiado al otro.
Pero un día descrubrí que todavía podía hacer algo para estar completamente vivo antes de estar definitivamente muerto. Entonces, me puse en movimiento.
José

Escuchando Sin documentos, yo también me pongo en movimiento…

Sed felices

Bon Nadal

Viernes, 23 Diciembre, 2005

Árbol de la vida, Anónimo

Petons, beixos, muxuak y besos, en cantidad suficiente y para todos,

La Sociedad Pajaril y el resto del zoo

*

Y, por favor, recordad que -como dice Ike- un perro (o cualquier otro animal) no es un juguete.
Regalad con responsabilidad.

Terenci

Martes, 20 Diciembre, 2005
Terenci Moix

Ya estás allí, un poco más, en tu Alejandría. La misma a la que con tus palabras me invitaste a visitar. La que guarda también todas esas palabras tuyas, para siempre, para todos.
Ya tienes un pie allí, para siempre, Terenci. El otro, sigue aquí, en la otra orilla.

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

Cavafis, El dios abandona a Antonio

Teclas

Jueves, 15 Diciembre, 2005

Underwood 1 bis, por © Marta Pereyra

Escriben solas. Escriben cosas que parecen mías, pero que no recuerdo haber pensado ni sentido. Cuentan historias. Nuestra historia: la pasada, la presente y la futura. La cuentan con esmero, con soltura, intentando convencerme de que sólo con inventarte puedo sobrevivir. Pero no es cierto, no pueden conmigo. No me volverán loco. Tú existes, estás ahí, en alguna parte, al otro de esta niebla, al otro lado de cualquier niebla. Sólo debo ser paciente y seguir esperándote sin enloquecer.

Mis amigos me dicen que no me torture, que aparecerás -más tarde o más temprano- que te encontraré porque te busco. Yo me miro las manos mientras me hablan y las veo cada vez más viejas, más curtidas. Me pregunto si serán las que tú deseas que te toquen. Mis manos grandes y musculosas de otros tiempos ya no son lo que eran. Que sólo saben de ti por las veces que han acariciado las teclas de este mismo teclado, que sólo saben de ti por las veces que han guiado mis fantasías de ti hasta mi sexo. Mi sexo que ahora te saluda, erecto, preparado, dispuesto… Y sólo encuentra el calor de mi mano derecha, de mi cansada y vieja mano derecha, que la izquierda nunca me sirvió de mucho, aunque las teclas insistan en lo contrario.

Suena la misma música de siempre, la misma que siempre quise poner para nosotros, para bailar contigo, abrazándote por la cintura. Tu cintura, esa cadencia en mitad de un vientre, el tuyo, que iba a guarecer a todos nuestros hijos, el que iba a recibir el estallido de mi sexo cuando nuestros hijos –todos ellos- ya hubiesen existido. Ahí están ahora mis manos, en tu cintura. Ahí están hoy las dos, que ya no tengo alma para más homenajes que estas cuatro líneas que consigo robarle a las teclas.Y reviso mi vida sin ti, mi vida llena del deseo de ti, mi vida contigo, antes de que nada me obligue a parar, antes que nada –ni estas teclas desgraciadas- se de cuenta y deba parar y ya no quede tiempo ni para las dudas…

Si te encuentro, si aún hay tiempo para un nosotros, serás la que soñé que envejecería conmigo, con tus senos caídos, tu culo caído y tus piernas cansadas. ¿Me harías temblar aún? Reviso mis recuerdos. Pongo en orden mi memoria y no sé verte. ¿Habré llegado a conocerte y no te vi? ¿Es posible que -de entre todas a las que rechacé- alguna fueras tú?

¿Quién nos ha robado tantos momentos? Dime, ¿quién ha sido? Han sido las teclas, ¿verdad?

* * *

Imagen de © Marta Pereyra

Hoy es un gran día

Miércoles, 14 Diciembre, 2005
Camelia blanca, Georgia O'Keeffe

Hoy puede ser un gran día.

Plantéatelo así,

aprovecharlo o que pase de largo,

depende en parte de ti.

Dale el día libre a la experiencia

para comenzar,

y recíbelo como si fuera

fiesta de guardar.

No consientas que se esfume,

asómate y consume

la vida a granel.

Hoy puede ser un gran día,

duro con él.

Hoy puede ser un gran día

donde todo está por descubrir,

si lo empleas como el último

que te toca vivir.

Saca de paseo a tus instintos

y ventílalos al sol

y no dosifiques los placeres;

si puedes, derróchalos.

Si la rutina te aplasta,

dile que ya basta

de mediocridad.

Hoy puede ser un gran día

date una oportunidad.

Hoy puede ser un gran día

imposible de recuperar,

un ejemplar único,

no lo dejes escapar.

Que todo cuanto te rodea

lo han puesto para ti.

No lo mires desde la ventana

y siéntate al festín.

Pelea por lo que quieres

y no desesperes

si algo no anda bien.

Hoy puede ser un gran día

y mañana también.

J. M. Serrat

Mi madre, Carmiña, nuestra Muralla hoy cumple uno más…

Esperemos que se lo tome al pie de la letra y se siente al festín…

Ya sabéis: el cava y el tiramisú corren de mi cuenta, que no se diga, que madre no hay más que una (afortunadamente)

Quérote, nai, infinidade!

*

Ilustración de Georgia O’Keeffe

Entradas y comments feeds.
ecoestadistica.com