Archivos del mes de Noviembre, 2005

Forges y las Españas

Viernes, 4 Noviembre, 2005
forges, El País, 3 de noviembre de 2005

Núria Navarro entrevista a Antonio Fraguas, FORGES para El Periódico de Catalunya, hoy

Antonio Fraguas, Forges, es uno de los cronistas más atentos de la historia peninsular y parte del mundo exterior. A través del atribulado Mariano, la inefable Concha, Blasillo, los pilotos, las ancianitas y los náufragos ha retratado los vicios y las virtudes sin alargarse en el discurso. Yendo directo a la médula. Provocando siempre la sonrisa.

–¿Nació usted así?
–Venía de cuatro generaciones de gente que escribía. Éramos nueve hermanos y, excepto una, a la que llamamos La Rarita, todos se han dedicado a esto. Yo tenía la ineludible vocación de publicar cosas en la prensa. Pero soy un vago… Total, que le dije a mi padre: “Papá, quiero ser periodista, pero me gustaría dibujar”. Y me contestó: “Haz lo que te dé la gana, pero tienes que ser original”. Me pasé cuatro años probando y pensé: “Si integro el texto en el dibujo, me cogerán”.

–Aun así, hizo el ingreso en Telecomunicaciones.
–Aprobé el ingreso y, cuando estaba en la cola para recoger las papeletas, de repente dije: “Muchachos, no me veo de ingeniero en una mesa con una foto de Franco y otra de José Antonio detrás, firmando proyectos que no he llevado a cabo”. Como yo tenía la vida resuelta, porque ya era técnico de TVE, me dediqué a estudiar Ciencias Sociales.

–La historia de España se entiende menos sin Forges.
–Hay que alejarse de cualquier presunción de que lo tuyo influye… Para divulgar la historia de España a través del humor necesitas procesar una información que a ti te la enseñaron mal. Y los humoristas tenemos un tercer brazo flaccidoelastómero que coge trocitos de nube, los baja y se los enseña a los demás. Cuando me estoy riendo en casa a carcajadas, mi mujer le dice a mis hijos: “Ya está tu padre leyendo el Quijote o mirando un chiste suyo”.

–Eso de reírse de los propios chistes…
–Es que el chiste mío no es mío en realidad. Es un codazo cómplice al lector. Es decir: “Date cuenta de…”

–Retrata la burocracia como nadie.
–Creo que retrato a los seres humanos ante las diferentes vicisitudes. En un radio de cuatro metros a nuestro alrededor hay películas, novelas, tebeos, anuncios, conversaciones… Ha llegado un momento en que fijarse es indicio de perspicacia. ¡Es que ya no nos fijamos en nada!

–También es un maestro en la psicopatología conyugal.
–¡Ah! ¡El mundo de la pareja es apasionante! El ser humano femenino es mucho más divertido, más interesante, más primitivo, más intelectual. Se dan en ellas todas las contradicciones. Cuando solapas la forma de estar en el mundo de la mujer y la del hombre, surgen unos chirridos impresionantes.

–Siente debilidad por ellas, ¿eh?
–¡Es que ellos no saben dónde están! Se han desubicado. ¿Sabe qué ha supuesto para el hombre el poner en marcha la lavadora? ¡La lavadora simboliza la matriz! Le puedes decir: “Plancha” o “Baja la basura” Pero, ¡poner la lavadora!”

–¿Qué le diría Concha a Forges?
–”Está roncando la alineación del Madrid…”

–Oiga, ¿contra el PP se hacía mejor humor?
–Yo voy más a las personas. No es lo mismo el señor Aznar que el señor Rajoy o el señor Zapatero. Lo que no se puede hacer es descalificar a un partido en su totalidad. En algún momento habrá que hacer un severo estudio de la personalidad de algunos políticos que ya no van a sonreír nunca más en la vida, principalmente porque no quieren sonreír.

–¿Usted cree?
–Muchas veces la sonrisa es el pago que recibes por el reconocimiento del error. Hay mucha gente que es muy soberbia y, por no reconocer algunas cosas, ya no va a sonreír más.

–¿La realidad peninsular es tan cómica?
–¿Por qué cree que la gente se ríe cuando publicas un chiste? Porque se identifica. Es muy importante estar al lado de los lectores. Y, además, uno no se queda en blanco. Te puedes quedar en blanco en Suecia, pero aquí… Los humoristas sólo tenemos que oír las tertulias matinales.

–¿Usted, que es medio gallego, medio catalán, qué piensa del Estatut?
–¿Sabe por qué cuesta tanto entender a España? Porque le falta una s. Si este país se llamara las Españas, no habría problemas. El centralismo lleva a quitar la s. En Catalunya o Galicia nadie quiere negar nada, sino estar cómodas con las definiciones.

–El humor es cosa de inteligentes.
–El humor coloca las cosas en su sitio. Es una lente formante. Pero hay mucha gente que vive de amargar la vida a los demás. Y es muy difícil acabar con esa forma de entender el mundo. Muy difícil.

Las señales

Martes, 1 Noviembre, 2005
Capítulo XVI
(Capítulos XIV y XV en La Muralla)

Casilda sabía que había aceptado el café sin convicción, como quien no sabe dar un no por respuesta. Si Estrella y Maruxo hubiesen estado allí, lo habrían notado. Seguro que el cuervo le hubiese dado alguna explicación a la extraña forma de comportarse de Hernán. No comió nada de lo que le ofreció. Estaba flaquísimo pero no tenía mal color. Lo cierto es que su aspecto era bastante bueno y no parecía que tuviese mala salud. Paloma y Tigre se apostaron a sus pies, siempre lo hacían ante los recién llegados con la esperanza de que -desconociendo las normas de la casa- les cayese algo desde la mesa. Lo miraban atentos, especialmente Tigre…

Se fijó en sus manos, no eran soberbias, ni muy grandes ni muy largas, los dedos proporcionados respecto a unas palmas no demasiado musculosas, las puntas casi cuadradas. Aquellas manos esperaban algo. Estaban a la expectativa, permanecían sobre la mesa, una junto a la otra. Él las miraba, como vigilándolas, como amenazándolas para que no le traicionasen. Casilda pensó que sería por los perros y siguió haciéndose el retrato de aquel pájaro recién llegado de la capital.

- Doña Casilda, ¿cuándo podré ver esos papeles?
-Si no te importa, me sentiría más cómoda si me apeases del Doña, tan pomposo.
-Como quiera Señorita, ¿o debería decir Señora?-dijo Hernán.
-Deberías decir Casilda, sólo Casilda, señora de nadie.

Y ella se levantó para recoger el desayuno, pensando en que algo había cambiado en aquel rostro cetrino en esos últimos segundos. Quizá era una leve luz cruzada en su mirada, casi el dibujo de una sonrisa. Quizá las manos que habían dejado de pelear contra ellas mismas. Quizá el gesto de peinarse aquella mata de pelo negro. Quizá.

-¿Le molesta que fume? -dijo Hernán mientras ponía encima de la mesa una bolsa de cuero enrollado.
-No, al contrario, me encanta el olor del tabaco de pipa. Voy por los papeles.

Casilda volvió con varios cartapacios y se los ofreció. El Estudiante levantó la cabeza con los ojos cerrados, aspirando con suavidad, como quien mete la nariz profunda y hondamente en una copa de vino. Al abrirlos se encontró de frente y a pocos centímetros de los ojos de ella. Sin pestañear, sin respirar, extendió las manos lo más firmes que pudo y cuando -al ir ella a depositarlos- se rozaron sus dedos, la seguridad aparente cedió.

Al estruendo le siguió el lamento quejoso de Tigre y el ladrido asustado de Paloma. Los papeles se extendían por el suelo, y bajo los cueros de las carpetas asomaba una patita dolorida llamando la atención. Desenterraron a Tigre rápidamente y no pudieron contener las carcajadas.

-Lo siento, lo siento muchísimo no sé cómo he podido ser tan torpe.
-Estudiante, ahora sí que tienes trabajo con mis papeles -dijo Casilda sin poder parar de reír.
-La compensaré, créame que la compensaré.

Entradas y comments feeds.
ecoestadistica.com