Archivos del mes de Noviembre, 2005

Indolencia

Miércoles, 30 Noviembre, 2005
Capítulo XXIII

Capítulo XXII por Muralla

-Hola, Hernán.

Y así, con ese saludo mutuo, empezó el final de una noche de tópicos y de sorpresas, una noche larga de pieles que se reconocen y se disfrutan. Pieles que sin vergüenza se estremecen en la boca del otro. Bocas que se llenan de besos robados al tiempo. Besos que se dan como prenda a un amor nuevo. Amor que se asoma a los ojos abiertos del alma. Almas que se encuentran así, en ese saludo…

Al abrir los ojos, por la mañana, aprovechó para mirarlo bien mientras dormía. Poco sabía de aquel hombre y su biografía. Conocía su cuerpo y sus esquinas, su lengua y sus manos, su sexo y su pulsión. Pero ¿qué habitaba realmente en su corazón? Cerró los ojos y recorrió con sus dedos aquel rostro querido, intentando fijar en su memoria cada rasgo de su tez cetrina, cuando de pronto una voz dura dijo:

-Hola, Casilda, buenos días. ¿Has dormido bien?
-Dios, Maruxo, ¿cuándo habéis llegado?
-Ayer. Bueno, hace unas horas… Esperaba encontrarme el desayuno, como siempre…
-Maruxiño, no seas malo…

Hernán, que se había incorporado y atónito movía la cabeza de Casilda a Maruxo y de Maruxo a Casilda, dijo:
-Hola soy Hernán y creo que ayer bebí demasiado.
-Lo que faltaba, además de cuco, imbécil.
-¡Maruxo! -increpó Casilda.
-Sólo espero que estéis vestidos para cuando Estrella baje a desayunar -añadió el cuervo antes de largarse escaleras arriba.
-Casilda, ¿de dónde ha salido ese bicho?
-Uy, es una larga historia, Hernán, pero “ese bicho” como tú dices tiene razón, mejor será que levantemos la sesión por hoy, créeme. Mi Madre está arriba y bastantes explicaciones tendré que darle…
-¿Explicaciones? ¿Por qué? No entiendo, tú eres una mujer adulta y libre, ¿no?
-Más o menos, Hernán, más o menos. Ahora movilicémonos.
-Espera, no tengas tanta prisa. Ven, dame un beso…

Una hora más tarde la Taberna estaba como siempre: ni rastro de la locura de la noche anterior. Paloma y Tigre desayunaban en su rincón, Maruxo esperaba sobre la barra su tazón de leche con galletas y los emplumados reclamaban a gritos su ración.

-Hola, Casilda.
-Hola, Madre, buenos días. Podías haber avisado de tu llegada, ¿no te parece que has adelantado demasiado las fiestas?
-Poder podía. ¿Dónde está tu amante?
-No es mi amante, es Hernán el Estudiante. Ha venido para hacer no sé qué cosa con los papeles de la Taberna.
-¿Los papeles? Pero, ¿qué papeles, hija? -Estrella viendo la cara de su niña comprendió que no se lo había contado todo- no se lo has dicho ¿verdad?
-Decirle qué, Madre, ¿qué?. ¿Que mi madre es una meiga que anda con un cuervo parlante al hombro? ¿que mi padre aún se cree capaz de pescar el calamar gigante? ¿que tengo dos elefantas -que cayeron del cielo- de excursión en la otra orilla de la Ría? ¿que hablo con Sito, el dios de la lluvia? ¿que tengo un enamorado que es un Capitán Pirata perdido en África? ¿que mi amigo Nemo es el farero de una isla que no existe? O, y esto es lo único que te duele, ¿que gané la Taberna en una timba?
-¡Casilda, ya basta!
-Pues no, la verdad, no le he dicho nada de todo eso. ¿Debería, Madre?

El estuche y más

Domingo, 27 Noviembre, 2005

(c) Mando Gomez

La colonia colombiana de juerga. Y nosotros con ellos, como intrusos. Entre miradas extrañas, mujeres hermosas y hombres hambrientos, ritmos calientes y caos. Mucho caos.

Espera larga. Se levanta el telón y ella sale al escenario. Se lo come con la locura habitual. Temas y temas. Nuevos y no tan nuevos. Delirios varios. Y, claro, El estuche:

No es un mandamiento ser la diva del momento
Para qué trabajar por un cuerpo escultural
Acaso deseas sentir en ti todos los ojos
Y desencadenar silbidos al pasar

Mira la esencia no las apariencias

El cuerpo es solo un estuche
Y los ojos la ventana
de nuestra alma aprisionada
mira la esencia no las apariencias
que todo entra por los ojos
dicen los superficiales
lo que hay adentro es lo que vale

Siento en el aire un aroma espiritual
mensajeros alados intentando aterrizar
si abres el estuche lo que debes encontrar
es una joya que te deslumbrará

Mira la esencia no las apariencias

90 60 90 suman 240
cifras que no hay que tener en cuenta
mira la esencia no las apariencias
no te dejes medir no te dejes confundir
agúzate hazte valer

Mira la esencia no las apariencias

Aterciopelados. Casi sin aviso, como una pequeña sorpresa. Un paquete explosivo y revulsivo en el centro de una ciudad sitiada.

*

Imagen de Mandolux

Alternativas a Barcelona +10

Viernes, 25 Noviembre, 2005
Ha pasado más de un año – fue el 9 de julio del 2004 – desde que la corte internacional de justicia (C.I.J.) de La Haia consideró ilegal e injustificable el muro del apartheid que israel empezó a construir en junio del 2002 dentro de los Territorios Palestinos Ocupados.
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Con motivo del décimo aniversario de la Declaración de Barcelona, se celebrarán varios actos en la ciudad a lo largo del fin de semana. Todos bajo la suspensión del tratado de Schengen.

Pero también se celebrarán actos alternativos, por una Palestina Libre, por un Mediterráneo en paz, con pleno derecho, sin neoliberalismo y sin patriarcado, y para denunciar los objetivos de la reunión cumbre y los intereses económicos y geoestratégicos que tiene…

Tú escoges.

Los pendientes de mermelada

Martes, 22 Noviembre, 2005
Capítulo XXI

Eran casi las nueve, Casilda estaba lista. Sólo le quedaba escoger los pendientes. La verdadera desnudez la sentía siempre sin ellos, pocas cosas le resultaban más eróticas que el hecho de que se los quitaran tiernamente. Decidió no ponerse ninguno de los que Estrella le había regalado. Intuía que a aquellas alturas, su madre ya sabría lo que estaba sucediendo, y ponerse alguno de ellos hubiese sido como sentarla a la mesa. Optó por las raspas de plata, siempre le habían dado suerte.

Bajó las escaleras despacio, intentando retener cada segundo de ansia. Llegó al comedor y sólo una última dosis de orgullo le permitió no desvanecerse. Jamás había visto tantas velas juntas en una sola estancia. La Taberna no parecía la de siempre, la pátina del tiempo relucía entre luces y sombras. Del voladero -aún descubierto- sonaban notas que acompañaban una música dulzona y caliente de ultramar. Paloma y Tigre dormían frente al fuego vivo de la lareira. La mesa estaba dispuesta, con flores amarillas en el centro. Las copas refulgían y de la cocina asomaban aromas especiados.

De pronto, oyó por la espalda:

-Estás preciosa, Casilda. Ven, siéntate -y al tiempo retiraba la silla para acomodarla.
-Gracias, Hernán, está todo tan…
-No, no digas nada -dijo Hernán mientras se llevaba el índice a los labios- Te lo debía, ¿recuerdas?. Ahora brindemos: ¡por ti!
-¡Por nosotros!

Cada uno de los platos era un regalo a los sentidos. De la bodega había escogido magistralmente los mejores caldos. La conversación aumentaba la magia. Confidencias entre chocos, empanada de lamprea, capón, albariño, ribeiro tinto, mencía… Maridajes perfectos, como la noche misma. El tiempo detenido en aquella mesa de enamorados. Casilda comprendió muchas cosas, comprendió sin querer que aquel hombre delgado, con lumbre mansa estaba calando muy dentro. Sin casualidades, como debía ser, todo se sucedía extraña pero armoniosamente. Los papeles quedarían para otro día.

Para el café se acercaron al fuego, en el suelo estaban extendidas unas mantas suaves. El aguardiente de yerbas y el licor café no eran necesarios, pero había que seguir un rito y brindaron de nuevo. Esta vez Casilda sólo lo hizo por él, y él por ambos. Sus manos volvieron a rozarse como aquel primer día, pero esta vez llovieron besos. Besos que caían del cielo hasta ellos, cubriéndolos por entero. Las ropas fueron cediendo, primero él y luego ella. Las yemas buscaban impacientes la piel del otro. Los dedos recorrían geografías inexploradas antes, provocando estremecimientos nuevos. Hasta que Hernán llegó a las raspas y éstas también claudicaron. Casilda estaba desnuda, totalmente, por fin.

Entonces, de un pote enorme, Hernán tomó algo, algo tibio y gelatinoso con lo que se dipuso a untarla. Le dió a chupar un dedo, y luego otro y otro. Y él fué lamiendo toda la unción de los pies a la cabeza. En su sexo se detuvo, jugando con su lengua más allá de la frontera confitada. Casilda se revolvía y gemía, casi volaba. Sólo existía un sabor entre sus pechos, el de aquella mermelada de naranja amarga. Y en aquel momento, cuando volvieron a estar cara a cara, una última parte esperaba. Los lóbulos desnudos de Casilda se vistieron con pendientes de mermelada.

Y con aquellos pendientes nuevos, Hernán, la penetró por primera vez.

-Hola, Casilda…

Despertares en el zoo

Sábado, 19 Noviembre, 2005

 (c) Mando Gomez

Abrir un ojo, y luego el otro. No saber exactamente ni quién eres ni dónde estás. Reconocer el aliento de ese lametón y oír de fondo el trinar mañanero de los canarios. Junto al espejo están Adán, Eva y la serpiente: estoy en casa.
Zumo y café. Pasillo adelante hasta que suene la música a estrenar. Jolgorio y carreras en el zoo.
Con el primer café vuelven unos besos y el sueño con el gato. Y ya van dos noches soñando con gatos. Desayuno general y cambio de música. Vuelven los besos y el gato.
El aire es frío y el albornoz escaso, pero es sábado y hay que ventilar y hacer limpieza. Ordenarlo todo. Incluso los besos y los sueños. El gato no está, estoy segura.
La luz entra tamizada por los visillos. Es un despertar de invierno, sin ti, sin planes, sin prisa. Todos en los balcones menos yo que vuelvo a cambiar de música.
Un despertar más en el zoo, pero un despertar nuevo.

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Imagen de Mandolux

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