Archivos del mes de Octubre, 2005

Pequeños milagros

Domingo, 30 Octubre, 2005

Pequeños milagros, de excauboi

Desconectada, literalmente, varios días. Liada con trabajos de la facultad, con mucha bibliografía por repasar. Hastiada de lo que hay que oír y ver. Con ganas de boicotearme yo también. Sin puente, recuerdo el del año pasado en Amsterdam. Sin castanyada a la vista para mañana. Llego de excursión y me pongo la Patética, me quedo pillada con esa foto. Intento escribir algo que no suene melancólico sin conseguirlo. Miro a los cuadrúpedos descansar tras las carreras de hoy. Y pienso qué peli me voy a cascar esta noche. Necesito algo que termine bien. Qué manía tiene la modernidad con jorobar los finales. ¿Alguna sugerencia? No, mejor no me espero a la respuesta. Ya sé: Historias de Filadelfia. Los pequeños milagros también existen.

*

La fotografía es de excauboi

Una sacher para Nikopol

Sábado, 22 Octubre, 2005
Nikopol, soplando las velas

Hoy, Nikopol cumple años. Uno más que el año pasado, claro. Aunque él lo niegue y diga que siguen siendo 18. Así que me he metido en la cocina para prepararle la tarta de cumpleaños…

Tarta Sacher de naranja y jengibre

Para el bizcocho de naranja:
250 gr. de azúcar
2 yemas de huevo
1 huevo entero
100 gr. de aceite o mantequilla
1 naranja entera (de piel fina, para zumo)
1 yogur natural
220 gr. de harina
50 gr. de chocolate en polvo
1 sobre de levadura
1 pellizco de sal

Se ponen en un vaso amplio los huevos, el azúcar y la naranja troceada (sin pelar), se tritura todo con la ayuda de un minipimer. Se añaden el yogur y el aceite y se vuelve a mezclar todo durante unos segundos. Finalmente se incorpora la harina, la levadura y la sal y se vuelve a mezclar.
Se engrasa un molde con mantequilla y se espolvorea con harina, se vierte la mezcla y se hornea durante unos 30 minutos a 180º. Se saca del horno para que enfríe.

Para el relleno:
Mermelada de naranjas y jengibre
150 gr. de chocolate para postres
150 gr. de azúcar glaseado
100 gr. de mantequilla
100 gr. de nata líquida
4 huevos
50 gr. de Cointreau
1 cucharada de postre de jengibre en polvo

Se pone un cazo al baño maría y se incorpora el azúcar y el chocolate troceado, cuando el chocolate ya está deshecho, se añaden los huevos, la mantequilla y la nata. Sin parar de batir se mantiene al fuego hasta que la consistencia sea de una crema espesa. Se añade el licor y se mezcla bien. Se reserva.

Para la cobertura:
50 gr. de aceite de girasol
300 gr. de chocolate para postres
50 gr. de nata líquida

También al baño maría, se calienta el aceite primero, se añade el chocolate triturado y se bate bien hasta que se funda. Se añade la nata y se mezcla todo de nuevo.

Para el almíbar ligero de cointreau:
50 gr. de cointreau
50 gr. de agua
50 gr. de azúcar

Todos los ingredientes en un cazo al baño maría hasta que se mezclen bien.

Montaje de la tarta
Se parte horizontalmente el bizcocho en dos capas. Se empapa la capa inferior con algo más de la mitad del almíbar. Después se extiende una generosa cantidad de mermelada y sobre ella el relleno de chocolate. Se tapa con la otra capa y se empapa también con el resto del almíbar. (Opcionalmente se puede volver a cubrir con mermelada, pero el efecto de la cobertura no será tan lucido). Finalmente, se vierte la cobertura por encima y se extiende con cuidado, incluso por los bordes. Se deja enfriar en la nevera hasta el momento de servir.

Ahora, si me perdonan, voy a acicalarme, no sea que llegue tarde y mi superserdo preferido no pueda soplar las velas…

¡Felicidades, torpedo!

Clandestinos

Jueves, 20 Octubre, 2005

como tus besos

Las personas heridas saben que pueden sobrevivir, por eso son peligrosas especialmente para ellas mismas. Todos tienen un clandestino dentro, ese que busca salvarse, siempre, siempre. Por ello, cuando dos personas heridas se reconocen: saben, se protegen, luchan, pero como terminan necesitándose, se rinden.

Así es como la vida secreta de las palabras sale de la clandestinidad. Y a las cosas se las llama de nuevo por su nombre, con o sin palabras. Que el lenguaje tiene muchas formas y las ganas muchos intérpretes. Porque incluso los sueños tienen nombre, y pese a que el hambre los nombra de mil maneras distintas son siempre el mismo. Como las fantasías, que cambian rostros o decorados, sin embargo siempre conservan el mismo aroma. Uno que se creyó reconocer miles de veces, en miles de batallas. El que dejó el vacío de las derrotas y el dolor de las heridas.

Así es como aparecen los clandestinos, de la nada, de la oscuridad, de donde no se esperan, como pequeñas flores amarillas en mitad de la negrura. Simples y vulgares flores, de las que están en cualquier esquina. Pero que cuando están en la que uno ha doblado se convierten en toda una vida, en el sueño nombrado, en el aroma perdido, en la herida curada.

Y así es como aparecen tus besos, amarillos clandestinos…

* * *

La preciosidad de imagen es de excauboi
(Gracias, Jose)

Adiós, Niño

Miércoles, 19 Octubre, 2005

El niño republicano

Te echaremos muchísimo de menos. Y se gastará tu página de tanto rememorarte.

¡Salud, compañero!

La nueva fisiología del gusto

Sábado, 15 Octubre, 2005

Cebolla y ajo, por Logu.it

Hay dos cosas -dos por encima de muchas- que consiguen que me encuentre conmigo misma. Una es escribir, la otra es cocinar. Comprenderán que como no puedo demostrarles cómo cocino, les asegure que lo hago bastante mejor de lo que escribo. Es decir, lo que cocino se puede comer a gusto y lo que escribo se deja leer, sin más.

Dicen (las malas lenguas) que con los años me he convertido en una sibarita. Mi bolsillo y yo afirmamos que no es cierto, o no del todo. Desgraciadamente no he podido probar ni todos los ingredientes ni todos los platos que hubiera querido. Para ello, entre otras cosas, hay que viajar mucho y hacerlo no sólo con el estómago y el paladar dispuestos. Pero sí es cierto que creo en una nueva fisiología del gusto. Y tengo la inmensa suerte de vivir en una de las ciudades que ofrecen mayor y mejor variedad de sabores del mundo.

Siendo como soy el fruto de culturas gastronómicas dispares: la gallega, la catalana y la riojana, cuando me meto en la cocina me guío más por lo que hay, que por lo que debería haber. Conservo la pantagruélica galleguez, no sé cocinar para dos y ya no creo que aprenda. De la tánica herencia riojana, me llevé el gusto por los caldos, especialmente por los tintos de cualquier parte, menos de allí. Y de la mediterránea osadía aprendí que la confianza en el instinto también sirve para la cocina.

Vienen a mi memoria momentos épicos para el paladar: la primera empanada de zamburiñas, el rape Lorena, la escalibada más moderna, el cochinillo doce horas, el mejor foie, la langosta, el cazón, las berenjenas, los locos, aquellas almejas picantes, la carbonara, la bullabesa, aquella pizza di mare… Y cientos de sabores más. Pero si lo pienso detenidamente, todos esos aromas, todos esos deliciosos momentos para mi boca llevan asociadas otras bocas. Porque no hay nada peor que no poder compartirlo. Como los besos, pero eso es otra historia y yo ya me muero de hambre.

Y ahora, si me perdonan, me voy a poner el delantal…

* * *
Imagen de Logu.it
(gracias, Lorenzo)
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