La cabalgata de las Walkirias
Jueves, 18 Agosto, 2005
Estrella le contó a Casilda la historia de Mouriño, y ambas acordaron que con la aurora lo llevarían a la playa para hacer realidad su deseo. Lo que Estrella no sabía era que Casilda tenía una sorpresa preparada…
El día que llegó Nemo, su adorado amigo del sur, le confesó su plan para agasajar a Leo el día de su cumpleaños y -mientras lo hacía- se dio cuenta de lo descabellada y arriesgada que era la idea. Estrella se había quedado más de lo previsto esta vez. Y los dos juntos, Estrella y Leo, eran como la pólvora mojada: impredecibles.
Leo era su padre, el antiguo amante de su madre. Estrella era muy joven, aún aprendiza de meiga, cuando conoció a aquel pescador que había llegado del este, y no le había prestado mucha atención a aquel flacucho que hablaba en una extraña lengua. Pero Leo, que era más terco que una mula, se prendó de la meiga desde el primer segundo en que la vió, y no cejó hasta que un día consiguió acercarse a ella lo suficiente como para susurrarle las palabras justas al oído. Y, desde aquel día, Estrella había estado locamente enamorada de Leo. Nadie supo nunca ni qué le había dicho, ni porqué ella decidió marcharse lejos de su lado cuando Casilda ya tenía veinte años. El caso es que Leo nunca fue el mismo sin ella y desde la marcha de Estrella, sólo se había dedicado a la pesca del calamar y en busca del calamar gigante había recorrido todos los mares de la tierra. Volvía cada agosto para ver a su hija, sabedor de que su madre ya no estaba por la Taberna. Pero este año, cuando supo que su mujer aún no se había marchado, un brillo en los ojos le delató y le confesó a Casilda las ganas que tenía de volver a verla. Suerte tuvieron que Estrella había salido con Maruxo aquella mañana y que el Capitán pudo ocultarlo entre los compañeros de la cofradía, disfrazándolo con un parche en el ojo izquierdo…
Habían ensayado muy duro en los últimos días. Marta estaba bastante crecida y ya podía seguir las órdenes de Leo sin tropezar una y otra vez con sus orejas. Nemo debía encargarse de las luces que por algo era el farero de San Barandán, y un espectáculo como aquel no podía dejarse en manos de la caprichosa luz del amanecer. Charo se encargaría de las empanadas, Sito había prometido conseguir el mejor albariño de la costa, y el Capitán tenía que ocuparse de la tarta, pero no se sabía nada de él en los últimos días y Casilda optó por hacer su famoso –y ya aburrido- tiramisú un año más.
Ahora, con la presencia de las elefantas, Casilda sabía que Leo podría reconquistar a Estrella. Y qué mejor día para ablandarle el corazón a su dura madre que el de su cumpleaños, ella sabía que Estrella no le aguaría la fiesta. Además, la presencia de Mouriño, garantizaría que los curiosos delfines de la ría no se perdieran el evento (de todos era sabido que no había bajo el agua ningún animal más fisgón e indiscreto que el delfín). Incluso era posible que la vieja sirena Sabela, se desplazase hasta allí, para completar la actuación. Y la fiesta de cumpleaños de Leo sería todo lo sonada que no había podido ser la suya, precisamente por la aparición repentina de las dos culonas.
El número no podía fallar, pero había algo que Casilda debía dejar bien atado: la complicidad de Mouriño. Y Maruxo sería el emisario ideal. Cuando se levantase a media noche a por las galletas que Casilda siempre le dejaba, leería su nota y todo estaría arreglado…
Cuando el día apuntaba y la dormilona no había dado aún señales de vida, Nemo supo que tendría que despertar a Casilda. Todo estaba a punto en la playa. Mandó a Tigre a por ella y le rogó a Paloma que vigilase la puerta de Estrella.
Casilda se despertó con el terremoto que había organizado Tigre al saltar sobre su cama.
-Buenos días, Tigre. Hoy pasaremos a la historia como la familia más sonada del fin del mundo.
Rápidamente se desperezó y se lavó la cara. Comprobó que Paloma guardaba bien la puerta. Y bajó a la cocina. La nota ya no estaba, Maruxo la había destruido. Preparó el café y subió a por su madre…
-¿Qué pasa Casilda, hoy no se come en esta casa? –dijo Estrella señalando el vacío de la mesa.
-Déjate, madre, tenemos reservas, ya comeremos algo luego. Ahora hay que ir a la playa… ¿Verdad Mouriño?
-Sí, bella Casilda. Hoy mi deseo se hará realidad…
-No, si al final será verdad que te los vas metiendo a todos en el bolsillo, con o sin galletas –dijo Estrella celosa.
Cuando llegaron a la playa las elefantas ya estaban preparadas. Qué bonitas estaban con las sillas tan relucientes. Nemo encendió los focos. A lo lejos se veían brillar los ojos de los delfines y la cola única de Sabela entre ellos. Las mesas estaban dispuestas, engalanadas para la ocasión. Sobre ellas se distinguían las fuentes repletas de empanadas de todos los sabores. Las copas brillaban relucientes y los barreños mostraban las puntas de las botellas… Charo y Sito habían cumplido.
Mouriño no daba crédito. Pasmado ante la monumental Paqui, estiraba sus bracitos para tocarla. De pronto la trompa le arregló cuidadosamente la cola que recogía su pelo y le colocó un sombrero de copa. Mouriño, esta vez de verdad, tenía los ojos de agua.
Antes de que las lágrimas le corriesen por sus tiznadas mejillas, Casilda se apresuró a nombrarlo maestro de ceremonias. Y él, orgullosamente agarrado a la pataza de la pequeña Marta, dijo:
-Damas y caballeros, tomen asiento. La playa es amplia y el espectáculo va a comenzar… Con todos ustedes… ¡Leo, el domador de elefantas!
- ¿Leo?, ¡por todos los meigallos! –gritó Estrella. ¿Qué carajo hace tu padre aquí?
-Madre, hoy es su cumpleaños, ¿qué querías que hiciera?. Relájate y disfruta –le contestó burlona Casilda.
Leo se había recortado la barba, el frac le sentaba estupendamente y estaba más sexy que nunca. Estrella lo miraba, lo miraba hondamente, le leía el alma. Recordaba todas las veces que le había explicado cómo deseaba ser domador de un circo. Ella siempre se burlaba, pero ahora al verlo allí frente a las elefantas, pensaba si sería posible…
-Damas y caballeros, es un placer presentarles a Marta y Paqui, las elefantas de Casilda –dijo Leo con gran orgullo y mientras los focos se centraban en ellas-. Hoy, necesitaremos la colaboración del público –y acercándose a su Estrella le tendió la mano- Estrella, ven.
Con la ayuda de Leo, Estrella se sentó en el lado izquierdo de la silla de Paqui. Al lado derecho se sentó Charo, que se había ofrecido rápidamente voluntaria.
-Alehop –dijo Leo a Paqui-. Arriba, preciosa. Vamos a enseñarle todo lo que sabemos hacer.
Sobre Marta ya estaba Casilda, con Maruxo al hombro, naturalmente y con Mouriño en el regazo.
De pronto, de unos altavoces que nadie había visto, tronó música. Las elefantas saludaron al público –cada vez más numeroso- que se había congregado en la playa. Leo dio las órdenes, y al compás de aquella música, las dos elefantas comenzaron a moverse lentamente, intentando no pisar a Tigre y Paloma que ladraban alborozados a sus pies…
-Damas y caballeros, disfruten de la cabalgata de las walkirias…






18 Agosto, 2005 at 10:38 am
Bueno, Mad, esta historia cada vez me engancha más. Estoy deseando leer el próximo capítulo.
Felicidades a Leo..
Muchos besitos
18 Agosto, 2005 at 10:28 pm
Seguro, seguro que él merece eso y mucho más. Felicidades, pues, para él. Y luz, mucha luz siempre.
Besos para ti, corazón
19 Agosto, 2005 at 3:05 am
con tanta meiga, a ver si a Casilda le nace un hermanito!!
21 Agosto, 2005 at 12:29 pm
Durante muchos años esperé un hermanito… ahora que la herencia ya está clara, no me jorobes, manuel h
21 Agosto, 2005 at 1:25 pm
Anda tú, ¡mira la niña qué lista!
:p
21 Agosto, 2005 at 5:34 pm
Yaaaaaaaaaaa!!
21 Agosto, 2005 at 10:40 pm
Hola com sóc nou per ací no se´molt bé la història perquè ja és el capítol XI però m’encanta trobar-me més animalets com jo, elefantes, tigres, i totes les “criaturas esenciales” que he vist i m’encanten les cavalcades però no sé que són les walkiries O_O són també animalets? ^_^ com estic aprenent a llegir seguire passant si m’ho permets, m’agrad fer-ho amb històries tan boniques *_* salutacions.
22 Agosto, 2005 at 12:23 pm
Vaja, les Walkiries saben un munt de programari..quina pàgina més xula t’has fet

Mad m’encanta cada vegada més la història, és preciosa i cada vegad pren un caire més màgic i evocador. Gràcies per regalar-nos aquesta història, és magnifica de veritat. Muitos bicos.
22 Agosto, 2005 at 2:13 pm
Para tocar un poco las narices… para cuando feed?
22 Agosto, 2005 at 6:06 pm
hay que bonita casa, para quedarse a leer y tomar café…en el banco d eabajo, mismamente.

bicos a la familia.
23 Agosto, 2005 at 12:43 am
Felicidades por el nuevo dominio Mad. Un besazo :-****
23 Agosto, 2005 at 5:20 am
Si que está lindo. Tendré que leerlo todo desde el principio porque se me han enredado todos los nombres

Besitos y felicidades también a tu papi
23 Agosto, 2005 at 12:27 pm
Lamento reconocer que me resulta un poco largo para leerlo ahora, que estoy haraganeando entre dos fuegos (Pindo al Norte y Muros al Sur). Pero volveré con calma, Pajarraca.
24 Agosto, 2005 at 1:24 am
vaaaya, que limpito ha quedado esta nueva casa. Y que pedaaaazo de textos cuelgas últimamente chica. Me pasa lo mismo que a MH, me abruman. :s
Pd: Te han llamao pajarraca eh?. Tu dales alas a los pichones..
25 Agosto, 2005 at 5:04 am
Me encanta esta historia ¡a limón!
Besos Mad
Bella la nueva casita :))
25 Agosto, 2005 at 7:55 pm
gracias por la cabalgata, hermosa walkiria, cómo podía saberlo en el capítulo anterior???
he disfrutado de lo lindo.
(a cachón!!)
beixos.
27 Agosto, 2005 at 11:46 am
¿Has visto Burdon? les das la mano y… De todas formas, que lo diga MH vale, pero tú… tus extos no son precisamente ideogramas
Queridiña Thirthe, tus deseos son órdenes, ya sabes… (ahora no te pases pidiendo)
Magda esto de escribir a dos manos es de lo más divertido…
A mí las narices no me las tocas, Kizz, espero que esos de ahí abajo te sirvan…
Joan, aquesta walkiria no en sap tant… De fet, aquesta pàgina està basada en una plantilla… fins ara, només he canviat un parell de coses… Però, tot arribarà!
Ocapi, benvingut!
Kuan, el próximo capítulo es para Muralla
Te preguntaremos Oda, como en un examen…
Jean Bedel, hace tiempo que le tenía ganas…
Nemomemini, gracias… por todo…
Muchos, muchos besos, petons, besets, bicos, beixos… para tod@s
31 Agosto, 2005 at 2:35 am
Podrás mover tu taberna, lo que no puedes es esconder su luz y su calor…..vuelvo a sentarme al fondo y a esperar…..
Bicos desde……..