Archivos del mes de Agosto, 2005
Madres
Domingo, 28 Agosto, 2005Desde hace tiempo, desde que murió su hijo el 4 de abril de 2004, Cindy Sheehan se ha convertido en una de esas madres que molestan. Pero estos días, durante las larguísimas vacaciones de Bush Jr., ha demostrado que molesta mucho más. Y sólo la enfermedad de su propia madre la ha obligado a desistir -temporalmente- de su empeño. Es que madre no hay más que una.
La gesta de Sheehan se ha convertido en el estandarte de los movimientos anti-guerra. En El País de hoy, se puede leer:
Detrás de Cindy Sheehan y de su grupo -Gold Star Families for Peace- hay un importante equipo de consultores políticos y de profesionales de las relaciones públicas. TrueMajority -un grupo antiguerra fundado por Ben Cohen, uno de los creadores de los famosos helados Ben and Jerry- ha contratado a Fenton Communications, una firma de relaciones públicas de Washington que ha trabajado intermitentemente con Sheehan durante más de un año para coordinar la cobertura mediática.
También apoyan a Sheehan el grupo de mujeres contra la guerra PinkCode, el movimiento de izquierdas MoveOn.org, los Veteranos contra la Guerra (de ésta, de la del Golfo, de la de Vietnam…) y así hasta una infinita pléyade de grupos y asociaciones con una sola motivación: el pacifismo como principio y el final de la guerra y el regreso de las tropas como realidad inmediata. Todos se dicen independientes. De izquierdas. Pero sin adscripción política. Algunos se definen demócratas. En una esquina de la bautizada como Casa de la Paz de Crawford (700 habitantes, sur de Tejas) -creada durante la campaña electoral de 2004 para cantarle las cuarenta a Bush en su patria chica y donde Michael Moore pasó su película Fahrenheit 9/11- un grupo de personas porta camisetas con el lema: “¡Otro demócrata de Tejas!”.
Los anuncios de Sheehan ya están en televisión. Sólo en Crawford se han gastado más de 15.000 dólares en una publicidad local que pueda “colarse” en la televisión de los Bush. “Todo lo que quiero es una hora de sus vacaciones, pero él se niega a recibirme a mí y a otras familias. Sólo queremos respuestas honestas”, asegura Sheehan. Nadie puede dudar que Sheehan ha alcanzado el objetivo: el campamento de Crawford, conocido como Camp Casey -que ya va por el número dos debido a que el primero se quedó pequeño- en honor del nombre del hijo muerto de Cindy, es el escenario y el altavoz contra la guerra de Bush en Irak.
Y para todos nosotros, desde cualquier parte, esta madre tenaz puede lograr que esta definición incluida en The Future Dictionary of America termine siendo cierta:
Arbusto ardiente (Burning Bush) Planta ponzoñosa descubierta por primera vez en Egipto y ahora extinta. La última vez que se la contempló fue el 2 de noviembre del 2004. La última vez que todo un pueblo hizo caso a las instrucciones de un arbusto (bush), terminó vagando por el desierto durante cuarenta años. Paul Auster
Más enlaces de interés:
Entrevista a Cindy Sheehan en Rebelion
Gold Star Families for Peace
Code Pink
League of pissed off voters
Los responsables del proyecto Future soundtrack for America: MoveOn y Music for America
Center for American Progress
Truemajority
La cabalgata de las Walkirias
Jueves, 18 Agosto, 2005
Estrella le contó a Casilda la historia de Mouriño, y ambas acordaron que con la aurora lo llevarían a la playa para hacer realidad su deseo. Lo que Estrella no sabía era que Casilda tenía una sorpresa preparada…
El día que llegó Nemo, su adorado amigo del sur, le confesó su plan para agasajar a Leo el día de su cumpleaños y -mientras lo hacía- se dio cuenta de lo descabellada y arriesgada que era la idea. Estrella se había quedado más de lo previsto esta vez. Y los dos juntos, Estrella y Leo, eran como la pólvora mojada: impredecibles.
Leo era su padre, el antiguo amante de su madre. Estrella era muy joven, aún aprendiza de meiga, cuando conoció a aquel pescador que había llegado del este, y no le había prestado mucha atención a aquel flacucho que hablaba en una extraña lengua. Pero Leo, que era más terco que una mula, se prendó de la meiga desde el primer segundo en que la vió, y no cejó hasta que un día consiguió acercarse a ella lo suficiente como para susurrarle las palabras justas al oído. Y, desde aquel día, Estrella había estado locamente enamorada de Leo. Nadie supo nunca ni qué le había dicho, ni porqué ella decidió marcharse lejos de su lado cuando Casilda ya tenía veinte años. El caso es que Leo nunca fue el mismo sin ella y desde la marcha de Estrella, sólo se había dedicado a la pesca del calamar y en busca del calamar gigante había recorrido todos los mares de la tierra. Volvía cada agosto para ver a su hija, sabedor de que su madre ya no estaba por la Taberna. Pero este año, cuando supo que su mujer aún no se había marchado, un brillo en los ojos le delató y le confesó a Casilda las ganas que tenía de volver a verla. Suerte tuvieron que Estrella había salido con Maruxo aquella mañana y que el Capitán pudo ocultarlo entre los compañeros de la cofradía, disfrazándolo con un parche en el ojo izquierdo…
Habían ensayado muy duro en los últimos días. Marta estaba bastante crecida y ya podía seguir las órdenes de Leo sin tropezar una y otra vez con sus orejas. Nemo debía encargarse de las luces que por algo era el farero de San Barandán, y un espectáculo como aquel no podía dejarse en manos de la caprichosa luz del amanecer. Charo se encargaría de las empanadas, Sito había prometido conseguir el mejor albariño de la costa, y el Capitán tenía que ocuparse de la tarta, pero no se sabía nada de él en los últimos días y Casilda optó por hacer su famoso –y ya aburrido- tiramisú un año más.
Ahora, con la presencia de las elefantas, Casilda sabía que Leo podría reconquistar a Estrella. Y qué mejor día para ablandarle el corazón a su dura madre que el de su cumpleaños, ella sabía que Estrella no le aguaría la fiesta. Además, la presencia de Mouriño, garantizaría que los curiosos delfines de la ría no se perdieran el evento (de todos era sabido que no había bajo el agua ningún animal más fisgón e indiscreto que el delfín). Incluso era posible que la vieja sirena Sabela, se desplazase hasta allí, para completar la actuación. Y la fiesta de cumpleaños de Leo sería todo lo sonada que no había podido ser la suya, precisamente por la aparición repentina de las dos culonas.
El número no podía fallar, pero había algo que Casilda debía dejar bien atado: la complicidad de Mouriño. Y Maruxo sería el emisario ideal. Cuando se levantase a media noche a por las galletas que Casilda siempre le dejaba, leería su nota y todo estaría arreglado…
Cuando el día apuntaba y la dormilona no había dado aún señales de vida, Nemo supo que tendría que despertar a Casilda. Todo estaba a punto en la playa. Mandó a Tigre a por ella y le rogó a Paloma que vigilase la puerta de Estrella.
Casilda se despertó con el terremoto que había organizado Tigre al saltar sobre su cama.
-Buenos días, Tigre. Hoy pasaremos a la historia como la familia más sonada del fin del mundo.
Rápidamente se desperezó y se lavó la cara. Comprobó que Paloma guardaba bien la puerta. Y bajó a la cocina. La nota ya no estaba, Maruxo la había destruido. Preparó el café y subió a por su madre…
-¿Qué pasa Casilda, hoy no se come en esta casa? –dijo Estrella señalando el vacío de la mesa.
-Déjate, madre, tenemos reservas, ya comeremos algo luego. Ahora hay que ir a la playa… ¿Verdad Mouriño?
-Sí, bella Casilda. Hoy mi deseo se hará realidad…
-No, si al final será verdad que te los vas metiendo a todos en el bolsillo, con o sin galletas –dijo Estrella celosa.
Cuando llegaron a la playa las elefantas ya estaban preparadas. Qué bonitas estaban con las sillas tan relucientes. Nemo encendió los focos. A lo lejos se veían brillar los ojos de los delfines y la cola única de Sabela entre ellos. Las mesas estaban dispuestas, engalanadas para la ocasión. Sobre ellas se distinguían las fuentes repletas de empanadas de todos los sabores. Las copas brillaban relucientes y los barreños mostraban las puntas de las botellas… Charo y Sito habían cumplido.
Mouriño no daba crédito. Pasmado ante la monumental Paqui, estiraba sus bracitos para tocarla. De pronto la trompa le arregló cuidadosamente la cola que recogía su pelo y le colocó un sombrero de copa. Mouriño, esta vez de verdad, tenía los ojos de agua.
Antes de que las lágrimas le corriesen por sus tiznadas mejillas, Casilda se apresuró a nombrarlo maestro de ceremonias. Y él, orgullosamente agarrado a la pataza de la pequeña Marta, dijo:
-Damas y caballeros, tomen asiento. La playa es amplia y el espectáculo va a comenzar… Con todos ustedes… ¡Leo, el domador de elefantas!
- ¿Leo?, ¡por todos los meigallos! –gritó Estrella. ¿Qué carajo hace tu padre aquí?
-Madre, hoy es su cumpleaños, ¿qué querías que hiciera?. Relájate y disfruta –le contestó burlona Casilda.
Leo se había recortado la barba, el frac le sentaba estupendamente y estaba más sexy que nunca. Estrella lo miraba, lo miraba hondamente, le leía el alma. Recordaba todas las veces que le había explicado cómo deseaba ser domador de un circo. Ella siempre se burlaba, pero ahora al verlo allí frente a las elefantas, pensaba si sería posible…
-Damas y caballeros, es un placer presentarles a Marta y Paqui, las elefantas de Casilda –dijo Leo con gran orgullo y mientras los focos se centraban en ellas-. Hoy, necesitaremos la colaboración del público –y acercándose a su Estrella le tendió la mano- Estrella, ven.
Con la ayuda de Leo, Estrella se sentó en el lado izquierdo de la silla de Paqui. Al lado derecho se sentó Charo, que se había ofrecido rápidamente voluntaria.
-Alehop –dijo Leo a Paqui-. Arriba, preciosa. Vamos a enseñarle todo lo que sabemos hacer.
Sobre Marta ya estaba Casilda, con Maruxo al hombro, naturalmente y con Mouriño en el regazo.
De pronto, de unos altavoces que nadie había visto, tronó música. Las elefantas saludaron al público –cada vez más numeroso- que se había congregado en la playa. Leo dio las órdenes, y al compás de aquella música, las dos elefantas comenzaron a moverse lentamente, intentando no pisar a Tigre y Paloma que ladraban alborozados a sus pies…
-Damas y caballeros, disfruten de la cabalgata de las walkirias…
Tomen asiento
Lunes, 15 Agosto, 2005
De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas.
Nos pasea por las calles
en volandas
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
coge nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como el niño
cuando sale de la escuela.
De vez en cuando la vida
toma conmigo cafe
y esta tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber que pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.
Joan Manuel Serrat
Php, ftp, css, eran -hasta hace apenas unos días- palabrotas que oía con la tranquilidad que presta la ignorancia. Llevo una semana poseída absolutamente. Me dejé enredar por el liante y me ha alojado mi nuevo dominio. Ando con el word press todo el día, destrozando diseños, páginas de estilo, plantillas… Y me beso a mí misma si consigo devolver a su sitio un código infeliz al que decidí meterle mano…
Y aún me queda exportar las bases de datos. Y rediseñar el Reservoir y crear la nueva La Muralla. Y explicarle a mi madre que esto es lo que pasa cuando se deja a la prole sola en la ciudad…
Así que tomen asiento, que la cosa va para largo… Además, arriba mi calle se vistió de fiesta…
Menos mal que mi querido Bart está ahí, al otro lado de la niebla, como siempre para un roto o un descosido… Gracias, corazón.
*
De excursión, a por pingüinos
Jueves, 11 Agosto, 2005
Oí que en los calurosos días de verano era bueno que el cuerpo tuviese una pequeña tregua, por breve que fuese, y se pudiera refrigerar. El caso es que cada día intento lograr esa bajada interior de temperaturas de alguna manera. Habitualmente me la concedo durante los desplazamientos al despacho, pero cometí el error de tomarme unos días libres. Nada, un par de días y todo mi tratamiento se fue a pique.
Así que una mañana, derretida nada más salir de la ducha, me vi obligada a buscar una solución drástica, una sobredosis de bajas temperaturas. Debía idear una excursión a por pingüinos. Sin ninguna sesión matinal disponible de la recién estrenada El viaje del emperador, la alternativa era meterme en el metro y pasearme una y otra vez por toda la línea. Me pareció deprimente. Entonces, me armé de valor y me apeé -tras comprobar que la visa viajaba conmigo- en la parada más cercana a uno de los peores antros de vicio y perdición de esta cuidad: la fnac.
Tras una prudente espera para dejar que el frío fuese poniendo en su lugar mi deshecha masa encefálica, comenzó la odisea…
Primero repaso las novedades y ofertas en DVD. Tres pelis acaban en la cesta: 2046; El cocinero, el ladrón su mujer y su amante, y Las aventuras de Priscilla, reina del desierto.
Después, paseíllo rápido por la sección de cómics. Me digo que un día es un día, y me hago con la versión cartoné y completa de un clásico al que hacía mucho que le tenía ganas: El Incal, una impresionante colaboración entre Jodorowsky y Moebius. Con semejante volumen, fin de la sección.
Me dirijo en busca de más dosis que alteren definitivamente mi preselección de lecturas veraniegas. Libros. Literatura. Policíaca. Quiero más Mankell. Cae en la cesta Cortafuegos. De pronto, recuerdo que aún no me he leído uno de los libros de Coetzee del que Ferran hace poco hizo una reseña. Y también recuerdo que siempre me olvido de llevarme a casa El libro de la almohada de Sei Shonagon.
Y recuerdo muchos más títulos y me paseo por otras secciones. Pero en mi cesta no cabe nada más. O sí, pero lo dejo para otro día. Incluso yo sé decir basta. Y además empezaba a tener frío…





