De crueldades y demagogias
Martes, 19 Julio, 2005
Tras leer el siguiente artículo de Joan Barril titulado Ciudadano Toro y publicado en El Periódico de Catalunya el pasado 11 de julio:
Yo, como el poeta, sé muy pocas cosas, es verdad. Pero por estas fechas acostumbro a ser más ignorante. Y esa ignorancia estacional es una bendición, porque me permite dudar y pensar. Probablemente pensar mal, que es una manera como otra cualquiera de intentar acercarnos a la verdad. Pero pensar, al fin, en lo que nos cae encima. Me explicaré. En esta segunda semana de julio, a las ocho de la mañana, el mundo de los despiertos se asoma al televisor para asistir a dos minutos y medio de carreras por las calles de Pamplona. No se trata de una carrera en la que prime la belleza. Unos animales asustados resbalan por los adoquines de callejas estrechas entre personas que han saltado voluntariamente para asustarse. Tampoco esta carrera es una broma. La muerte está en esos pitones afilados empujados por un peso de 575 kilos. Luego los toros llegan a la plaza y se culmina su ejecución convenientemente ritualizada para amortiguar las espadas con el terciopelo de la tradición.
No crean los bienintencionados defensores de unos supuestos derechos de los animales que voy a hacer ahora el alegato antitaurino de rigor. La muerte del toro en la plaza no será muy distinta a la muerte de tantas reses a las que conocemos en el plato y que nos han sido presentadas con patatas fritas poco hechas o al punto. Tampoco creo que los animales tengan derechos. El derecho siempre es humano y, mientras queden tantos semejantes nuestros privados de los derechos humanos, no pienso gastar el más mínimo esfuerzo en defender el presunto derecho animal. Al animal le cuidaré y le daré todo el cariño que crea conveniente porque es mi privilegio darle cariño o matarlo para comérmelo. Pero también es un derecho del hombre no haber de asistir a la barbaridad que significa la conversión de la muerte lenta y dolorosa en espectáculo. Que no me hablen del pobre toro enamorado de la luna que muere ante 5.000 personas vociferantes. Que me hablen, en cambio, de esas 5.000 personas que asisten a esa tortura, que intentan vendérmela como arte y que me avergüenzan como especie supuestamente civilizada. El antitaurinismo basado en la defensa de la bestia no lleva a ninguna parte ni nos hace mejores. Salvaremos al toro, es posible, pero acabaremos inventando otro tipo de fiesta con otro tipo de animal donde se glorifique la victoria del fuerte sobre el débil. El único antitaurinismo que vale la pena es aquel que penetra en la moral social y que acaba considerando abyecto el sufrimiento público, intencionado y gratuito de cualquier especie considerada inferior. El día que el toro se despida de sus compañeros de ganadería y de su mayoral, salga de su dehesa voluntariamente, se suba al primer tren, se baje en Pamplona y decida ir a enfrentarse a muerte con un hombre vestido de luces, entonces podremos empezar a hablar de otro tipo de bestialidad entre el ciudadano toro y el ciudadano hombre. Al fin y al cabo ese enfrentamiento entre humanos es la base de los bombardeos, de los atentados, de las medallas al valor y de la vida eterna que ciertas religiones prometen a los que se inmolan en nombre, claro, de la dichosa tradición. (la negrita es mía)
Tras leerlo, decía, supe que yo no iba a ser la única en desacuerdo. Acostumbro a coincidir y disfrutar con la visión trasnochada que Barril tiene de la vida, con su demagogia pedagógica y simple, cercana y cívica. Lógicamente, las cartas al director del resto de la semana dieron cuenta de esa desavenencia entre los lectores y Barril. Y ayer, día 18, Barril publicaba otro artículo sobre el tema, titulado ésta vez Derecho a no ver sufrir:
La verdad es que lo esperaba. El otro día me permití opinar sobre la salvajada taurina y la extraña exaltación que significa la carrera de los Sanfermines. A un amigo y colega de profesión que se llama, naturalmente, Javier, se le ocurrió un día publicar sus opiniones y el consistorio pamplonés le declaró persona no grata por sus escritos. O sea, que ya saben los municipios de Pamplona, de Madrid con San Isidro, de Sevilla y su Maestranza y de Roquetes y sus correbous que ahí me tienen como candidato a no grato por el simple hecho de considerar que el maltrato de un animal como espectáculo es un hecho cultural que no nos ennoblece sino que nos envilece.
Pero esperaba que alguien se fijara en la segunda parte de mis argumentos. Y así fue, en este mismo periódico, cuando una amable lectora se interrogaba sobre los motivos que me habían llevado a afirmar que los animales no tienen derechos. Me disgusta y me avergüenza el sufrimiento gratuito y espectacular de los toros a los que se les pincha hasta la muerte, de los gansos a los que se les arranca el cuello y de las focas inmaduras a las que se elimina artesanalmente con bates de béisbol. Pero eso no me preocupa por el toro, el ganso o la foca, sino por la crueldad del hombre que la ejerce. Yo no soy toro, ni ganso, ni foca. Pero podría tender hacia la antropomorfización del sufrimiento de esos animales. En la plaza de toros de Badajoz en 1936 o en el estadio nacional de Chile en 1973 fueron muchos los hombres a los que se sometió a la crueldad del fuerte contra el débil. Cada día mueren de hambre o a golpes miles de niños en todo el mundo.
Todo es demasiado para que me preocupe por el objeto de la tortura y de la muerte. Porque el animal no es un sujeto: es simplemente un objeto al que poder querer, mimar y, cuando conviene, al que podemos sacrificar para comérnoslo. Sólo los vegetarianos pueden defender los derechos de los animales, hasta el día en que encontremos un vestigio de alma en las hojas de una lechuga.
Soy sensible a la vida animal, a mis mascotas y a mis manías. Pero tal como está el mundo no puedo suscribir el papanatismo de unos supuestos derechos que no vienen caídos del cielo. Los defensores de los derechos de los animales se erigen en juez y parte. Somos los hombres los que determinamos qué animales tienen derechos y cuáles no. Seis millones de ratas o más viven y se reproducen bajo las calles de Barcelona. En tanto que son seis millones hay que acabar con ellas. Si sólo fueran seis estarían en Cosmocaixa. El animalismo como ideología es ridículo. Limitémonos a ser hombres y mujeres conscientes de la necesidad de convivir en un mismo mundo con especies distintas sin necesidad de ponernos doctrinales. Mientras miremos con suspicacia a un negro y abracemos a un hámster, mientras demos un bofetón a nuestro hijo y nos manifestemos contra un torero las cosas no se aclararán. El derecho es humano y basta de demagogias. Y el derecho humano quiere decir privar al ser humano de la vergüenza de la crueldad, ya sea contra un toro o contra uno de nuestros semejantes.
Y ahora, con los dos textos, con mis coherencias y mis incoherencias, con mis dudas y mis recelos, sigo sin estar del todo de acuerdo. No me planteo los derechos de los animales de forma excluyente, como si no puediésemos luchar, al mismo, tiempo por unos y otros. Los derechos de los animales no existirán, pero los Derechos de los animales están ampliamente reconocidos aunque poco aceptados.
Como si por recordar que este último fin de semana murieron en Iraq tantas personas como en el 11M éstas me doliesen menos. Como si cambiase de canal cuando hablan de la franja de Gaza, mientras me desespero por saber si mi amiga Laia está bien en Londres. No. Todo es lo mismo, no nos confundamos más.
El lenguaje no es neutral y ese "Derecho a no ver morir", me hiere. No por cerrar los ojos dejará de pasar. Los frentes son muchos y todos nos llevan a ser mejores por igual. Y todo esto no deja de ser pura demagogia, claro. Sólo podría no serlo del todo si no hubiese nacido privilegiadamente papanatas.
Y como buena papanatas, en el Reservoir está la reseña contra el abandono del verano, claro.
Fotografía de Kim Levin






20 Julio, 2005 at 12:07 am
Yo, sin ir más lejos, hoy he abofeteado a tres niños, he dado una colleja a todo el que he encontrado más bajito que yo y he estafado a una ancianita que todavía no se apaña con los euros. Siempre que puedo fastidio a mis semejantes, pero, eso sí, como soy una papanatas de libro, a mis animales les he dado besitos, besitos y más besitos.
No es cierto, claro, pero no vayamos a estropear la bonita y bien fundada teoría del sr. Barril. Por cierto, lo del papanatismo lo ha copiado de Savater (busca en Google papanatismo+Savater)
En fin, mad, perdona esta chorrada, es que era o esto o un comentario larguísimo sólo para decir, cómo no, que estoy de acuerdo contigo. Besos mil.
20 Julio, 2005 at 3:11 am
nunca me ha emocionado lo taurino, ni hacia un lado ni hacia otro. Así que no me iba a pronunciar, aunque me parece que eso es pronunciarse.
un lío
y un beso
20 Julio, 2005 at 8:52 am
jo també sóc barrilera i també em vaig quedar amb molt mal gust de boca en llegir aquests articles, però intento (i em costa) entendre el seu raonament. com dius tu, no és excloent, tot i que hi hagi qui vulgui presentar-ho com si ho fos.
20 Julio, 2005 at 9:44 am
Joan Goodall –la reina de los chimpancés y princesa premiada de Asturias– anda reclamando hace año que se reconozcan derechos “humanos” a los primates (la idea es clasificalos dentro del género homo), con varios argumentos interesantes. Pero, aunque así se hiciera, tendría razón Barril: los derechos son cosa de hombres (y mujeres, claro), y los hombres podemos incluso decidir otorgar protección legal –como de hecho existe actualmente en muchos países– a determinados animales (que casi siempre exlcuirán las ratas).
Por otro lado, el argumento de Barril a este respecto también se lo he leido yo a Savater…¿pero eso no es malo, o sí?
20 Julio, 2005 at 10:40 am
Cuando leí el primer comentario de Barril me acordé de ti, y con las lógicas reservas, me gustó. No te lo comenté con el rollo de la marcha. Me alegra que me pongas al día. Aquí ya sabes que no llega y que las horas de internet son poucas…
Aunque sea tu madre, estoy de acuerdo contigo…
Bicos. Marmi.
20 Julio, 2005 at 10:44 am
Yo me quedo con lo que me gusta, a pesar de tener bastantes reservas como dices.
Que me gusta? Pues básicamente que lo preocupante es en esencia el que haya tanta gente que disfrute viendo sufrir a unos animales con esa crueldad y ensañamiento. Criar animales para matarlos y comerlos no es que sea muy natural precisamente, aunque sea una necesidad biológica. Es complicado, pero más que derechos de animales, el problema es básicamente los comportamientos humanos.
20 Julio, 2005 at 2:42 pm
Estimada mad, saps de la meua estima vers els animals, saps que per a mi la mort d’un animal indefens, el fet de matar un ser viu, és igual d’horrible que el de matar una persona. Al cap i a la fi quan algú mata una altra persona se n’oblida que té un nom, una vida, uns sentiments, una amics i o una família, al cap i ala fi, les matances de persones solen fer-se quan se les ha reduït a l’únic tret de’espècie animal. Però sí estic d’acord amb el barril, el terme “dret” pertany i ha estat creat per l’home, és l’home qui per tant atorga drets a persones, animals o espais, és l’home qui regula els drets. L’única cosa universal que existeix és la vida i no és un dret sinó una llei natural que juntament amb d’altres com la de supervivència harmonitzen en certa mesura aquest planeta. Els homes vulguem o no hem creat el dret, tal vegada si aquest dret fos sinònim de lleis naturals aleshores la demagogia desapareixeria. No se´Mad, tampoc tinc el cap molt clar últimament. Besest, picadetes i llepadetes dolces.
20 Julio, 2005 at 3:55 pm
Ni un toro más en la telvisión pública. Sólo quiero ver esos toritos que se colocan encima con su tonadillera de bata de cola (las muñecas de Marín). por cierto, no sé si se habrá hecho un estudio, pero seguro que la crianza de toros de lidia supone un empobrecimiento económico, porque es curioso que la mayoría se críen en Andalucía y Extremadura ¿eso es desrrollo sostenible? Claro que el dinero que genera Jesulín en todas sus facetas es mucho, por supuesto.
21 Julio, 2005 at 8:33 am
No me gustan los toros y no me gusta el tono aleccionador de los artículos de Barril.
Estoy de acuerdo contigo.
Un besazo.
21 Julio, 2005 at 1:19 pm
lo que iba a decir yo ya lo han dicho entre joan y kizz… creo que los chinos no piensan lo mismo de los perros que nosotros. el tema de los derechos es una convención humana, eso está claro. pero creo que todos los supuestos derechos animales quedarían casi automáticamente protegidos si se erradicase la crueldad del corazón de las personas.
¿qué pensará un indio de un filete de ternera? ¿es lo mismo un ratón de biblioteca que un ratón de laboratorio que un hámster?
a mí el circo de los toros me recuerda al circo romano. estoy con la esencia - no sé si con el modo - de lo que dice este hombre. lo principal es que el ser humano deje de disfrutar con el sufrimiento de cualquier otro ser vivo. el resto, queramos o no es un tema cultural, de civilizaciones.
21 Julio, 2005 at 9:16 pm
Lo bueno que tiene comentar después que personas con las que sientes afinidad es que podrías hacer un copy-pega
lo malo es que ya casi han dicho lo que de alguna manera tú sientes.
Mira son temas complejos pq ¿donde está la línea que separa una cosa de otra? está suele ser muy fina. Lo peor es la crueldad gratuita, pero en realidad ¿Hay algún tipo de crueldad que no lo sea?
Muchos besitos
22 Julio, 2005 at 10:51 am
La crueldad y, peor aún, la crueldad mantenida por una tradición, es una de las peores aberraciones que existen, porque ni siquiera se es consciente de ella. Los derechos, de cualquier clase, no deberían tener que escribirse sobre un papel. Deberían ser una cuestión ética. Pero para que eso fuese así sería necesario algo para lo que parece que no hemos sido preparados, es necesario un giro en lo más profundo de nuestra conciencia, la posibilidad evolución de nuestra propia mente. Porque nuestros problemas, nuestras dudas y nuestras vueltas atrás son exactamente los mismos que hace cinco mil años. Y mientras esto sea así todo lo que escribamos puede que sólo sea papel mojado.
No dudo de que en nuestra propia mente exista esa posibilidad de evolución. De lo que sí dudo es de nuestra propia capacidad y voluntad para hacerla evolucionar.
Muchos besos con sal para ti.
23 Julio, 2005 at 10:12 am
Vaya por delante que mi intención era justamente ésta: que generase algo de debate… Y, ya puestos, que a Savater no lo trago.
Así pues, perdóname Ana* pero paso de esa búsqueda, no quiero amargarme el fin de semana.
Mil besos
A mí lo taurino me emociona, manuel h, y lo vacuno, y lo perruno, y lo pajaril, y lo… y siempre en el mismo sentido. Incluso cuando los tengo en el plato y se me ocurre pensarlo…
Dos besos liados
Elisenda, jo també vaig voler fer l’esforç, però quan ja ho havia entés, venia una altra reflexió que m’ho tirava pel terra…
MH, sabía que pasaría… y me recuerda a cuando días atrás a todos se les llenaba la boca con que el gran error de la ley de matrimonios homosexuales era el haberlo llamado “matrimonio”… pues lo mismo…
23 Julio, 2005 at 10:22 am
Gracias, Muralla
Beixos mil
Vamos a ver, kizz es que los derechos animales deben regular -básicamente- el trato que reciben de los seres humanos. Por lo que, a mi modo de ver, regulan el comportamiento que los humanos tenemos para con ellos. En realidad en derecho de los animales son las obligaciones de los humanos. Y teniendo en cuenta que estamos a la cabeza de la cadena trófica, me parece lo mínimo. Aunque todo se reduzca a un tema de conciencia.
¿Qué otra cosa podría ser sino?
Joan, és això, no nego que és l’home qui regula el dret animal, és l’home qui l’otorga (o no) amb els seus actes… És per això que m’emprenyo, crec que si tots féssim aquesta lectura, no existiria demagogia possible.
Cuida’t moltíssim, cosa dolça
23 Julio, 2005 at 10:34 am
Ahí está la historia, Tarko, si todo ese mundillo no generase tanta pasta… Por otro lado, también he oído discursos en los que se dice que de terminarse el toreo, los de lidia tendrían sus horas contadas.
Creo que para las ganaderías no hay dudas, ¿para el resto? todas las del mundo.
Barril es así, moralista y algo populista, también, Thirthe.
Beixos, nena
Hans k, el tema no es ese, o quizá sí… Parto de la base de que soy carnívora (y bastante). Obviamente hay un transfondo cultural, educacional, pero no creo que se base en un tema de civilizaciones. Hay algo universal que es el sufrimiento y la crueldad, y eso lo que hay que regular para evitárselo y evitárnoslo.
No dudo que unos coman cerdo, otros perro, otros ternera. Pero lo que no “tolero” es ese ratón de laboratorio, ese mono, ese toro embolao, esa cabra despeñada… eso no es necesario, es injustificable (incluso científicamente)
23 Julio, 2005 at 10:42 am
Tú misma lo has dicho, Brisa, toda crueldad es gratuita, por tanto evitable…
Muchos besos
Estoy plenamente contigo Nemomemini. Excepto en que además de una cuestión ética, no está mal que se escriban. Es una manera más de recocerlos y recordarlos.
De nuestra imposibilidad como especie daría para mil posts y mil lágrimas… mejor hoy no.
Millones de besos con sal, corazón
28 Julio, 2005 at 2:15 pm
pues claro!! creo que el hombre hace demagogia, pero tiene razón en lo que todos estamos de acuerdo: no más crueldad, venga de donde venga ni vaya contra quien vaya. y eso debería estar por encima de cualquier cultura. los animales tienen los derechos que les demos, porque el derecho es algo humano. bien. pues démosle el derecho a no sufrir, como a todo ser vivo.
no a la crueldad, y no al sufrimiento. a partir de ahí se hace una sociedad más humana (en el buen sentido). seamos menos chimpancés y más bonobos.