Archivos del mes de Mayo, 2005

Besos de azúcar

Sábado, 7 Mayo, 2005

Para Odalys

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Yo no tengo tu modo de mirar a la niebla
ni tu ademán dispuesto en flor sobre la falda:
a mí me duelen las mariposas muertas
y los atardeceres con familia morada.

Pero tú, que eres triste como para apoyarte,
como para ser pura debajo de un manzano;
tú, sin embargo, sabes
consolar a los pobres con la palabra sábado.

¿De dónde sacas ese retrato del azúcar;
ese conjunto tibio de sencillez en fiesta?

¡Ah, mujer sostenida por un color a música,
con qué cuidado hicieron tus manos entreabiertas!

Versos para Ana, Carilda Oliver

.

Porque no se puede ser siempre una Lucía si te tienden barcos y remos, te regalan abrazos, se inventan caligramas y programas

Porque no, porque llega un momento en que se deja de ser invisible porque se va cubierta de pétalos, desprendiendo aromas de azúcar como besos…

Porque la música te persigue incluso hasta el lado oscuro  y te obliga a bailar una conga en tu Cuba tropical. Y nosotros, detrás…

Porque Carilda, que no te conocía, se equivocó, porque no eres triste ni te llamas Ana…

~ ~ ~ ~

Imagen de Studio NOA

Aquí están, en el post nº 100

Jueves, 5 Mayo, 2005

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Y aquí están ellos: Don R2D2 y Mr. Darth Vader, desde París, para todos ustedes, en exclusiva mundial… Y, de nuevo, sin permiso… Pero este sitio no hubiese sido sin él. Sin ti, Nikopol…

"Somos malos, mala sombra, somos malos de verdad. Somos como una espina que sólo sabe pinchar. Y más malos que la quina"

Los hermanos malasombra

Te quiero, hermano

Permanezcan a la escucha

Lunes, 2 Mayo, 2005

Hiro1a

Para esos canallas que saben vender ilusiones…

Transcripción libre y no autorizada de un libreto original del adorable Nikopol que ayer me envió el enlace a esa fotografía  y me hizo recordar esta historia suya…

Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana…

Aún recuerdo como las letras se perdían por la pantalla mientras mis oídos recibían el impacto del -hasta entonces nunca visto-  Dolby Surround…  ¡Guau!  A mi espalda, a la izquierda, a la derecha, por todas partes… Y comienza a entrar en la pantalla por la parte superior la proa de una nave, una nave en peligro. Pero, entonces -¡chán, tatachán!- invade la pantalla una nave triangular inmensa, inacabable, grandiosa…

Siguiente recuerdo el entrañable Don R2D2, en medio del gran batirrujo recibiendo las instrucciones de su ama. ¡En fín, Pilarín, para qué hablar! Corrían los años que corrían y allí estaba yo, enganchado a mi butaca, alucinando en no sé qué galaxia, en no sé que mundo. La Bataille de les Etoiles, o algo así había leído en un tremendo cartel en París, en mi primera visita. ¡Qué ciudad, madre mía! (Y nunca mejor dicho). Recuerdo que estuvimos a punto de entrar a verla. A mí me era igual no entender ni jota de gabacho, sólo por el cartel valía la pena, incitaba…

¿Dónde iba a gastar lo que me habían dado? Pues, dónde iba a ser mas que en aquella entrañable tienda de juguetes junto a La Tour Maubourg que había visto una y otra vez al caminar hacia el mercado. ¡Joder, qué tienda!, cada vez que pasaba junto a mis entrañables adultos, debían arrastrarme para sacarme de allí, porque allí estaban ellos reluciendo en mitad del escaparate atiborrado: ¡Mr Darth Vader y Don R2D2!

El día que decidí que aquellas monedas que habían puesto a mi inocente disposición iban a ser intercambiadas por uno o ambos, tragué saliva, sabía que la misión era harto difícil, pero también sabía que no pensaba abandonar París sin ellos. Y así fué. ¡Valor y al toro! Y allá que nos vamos, mis monedas y yo, en un despite, con una excusa, y venga, calle arriba, torcer a la izquierda, una, dos, tres calles creo y allí estaban ellos, relucientes como cada día. Entré y, cómo no, un entrañable abuelo (sólo un abuelo es capaz de tener semejante tienda repleta de juguetes, un paraíso así) que tiene el don divino de saber leer los sueños de los enanos, abandona el mostrador y se dirige hacia mí… Para aquello, como para la mayoría de las emociones, el lenguaje es Universal…  Un poco de bla,bla,bla y unas señas. ¡Hecho! Mi mano saca del bolsillo esas extrañas piezas a las que los adultos otorgan tanto valor y al que te dije se le dibuja una sonrisa que muestra el centelleo de una funda de oro…

Al final, se vinieron los dos a Barcelona, y aquí están en mi pequeño museo imaginario. No te podría decir a cual de los dos le tengo más cariño. Creo que hacia quien verdaderamento guardo un sentimiento especial es hacia al entrañable tendero que recogió las monedas de mi mano y con una sonrisa los puso en mis brazos.

Fue política de hechos consumados, una vez en mis brazos yo sabía que nunca más volverían al escaparate…

Próximo capítulo: Atraco a las doce, o cómo no se debe repartir un botín nímio, o la frustración de un futuro Alkapone

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