Archivos del mes de Abril, 2005

Léeme o mátame de tristeza

Jueves, 28 Abril, 2005

Los mensajes ya no llegan en una botella, pero surten el mismo efecto. “Léeme o mátame de tristeza”, así rezaba el asunto del correo electrónico que me esperaba en mi buzón. Abrí el mensaje y un fuerte olor a salitre, a ron, a aventuras, a misterio y a morriña y soledad lo invadió todo. Era el mensaje de un pirata, desde los mares de África. Un mensaje para mí, una invitación que tendía puentes entre una mirada atlántica y un natural pacífico…

Cómo resistirme a un pirata que sueña con el Sefiní, que recita a Gelman y a Girondo, que busca a la que vuela, que se desnuda muerto de amor ante Benedetti y le pide un último poema como epitafio. Un pirata que tiene millones de cosas que contarme, que ha vivido mil aventuras y ha amado a más de mil mujeres. Porque en la mar el horizonte es infinito

Y recordé aquel capítulo del Lápiz del Carpintero en el que el doctor Da Barca, ya preso y tras vencer a la muerte por segunda vez, despierta de un largo sueño e invita a comer a Gengis. Le ofrece un cóctel de marisco de primero, un redondo de ternera con puré de manzana de segundo y de postre…

Ahora Gengis, el postre prometido.
Un tocinillo de cielo!, gritó con ansia un irreprimible espontáneo.
¡Mil hojas!
¡Tarta de Santiago!
Una nube de azúcar en polvo atravesó el oscuro comedor. De la corriente fría de las puertas salía nata a borbotones. La miel escurría por las paredes desconchadas.
El doctor pidió silencio con un gesto de sus manos.
¡Las castañas, Gengis!, dijo por fin. Y siguió un murmullo de desconcierto porque aquél era un postre de pobres.
Mira, Gengis, castañas del Caurel, del país de los bosques, hervidas en nébeda y anís. Eres niño, Gengis, los perros del viento aúllan, la noche temblequea en el candil y los mayores encorvados por el peso del invierno. Pero aparece tu madre, Gengis, y posa en el centro de la mesa la fuente de castañas hervidas, criaturas envueltas en trapos calientes, una vaharada animal que reblandece los huesos. Es el incienso de la tierra, Gengis, ¿a que lo notas?
Pues claro que lo notaba. El vaho del hechizo prendió en sus sentidos como hiedra, le picó en los ojos y le hizo llorar.
Y ahora, Gengis, dijo el doctor Da Barca cambiando de tono como un comediante, vamos a bañar esas castañas con crema de chocolate. A la usanza francesa, sí señor.
Todo el mundo aprobó esa delicadeza.
En el parte de incidencias del comedor, el director de la prisión leyó: “Los internos rechazaron tomar la comida del día, sin manifestar ningún signo de protesta ni explicar los motivos de esta actitud. La retirada del comedor tuvo lugar sin incidentes que reseñar”.
¿A que tiene cara de mejor salud?, dijo el doctor Da Barca. Es cierto eso que dice el refranero, que de ilusión también se vive. Es la ilusión, que le hace subir la glucosa.

Y no pude más que sonreír y ahora me mantengo a la escucha, que empieza a hacer calor y además de hipotensa soy algo hipoglucémica.

Escríbeme o mátame de tristeza, pirata, seas quien seas…

Un giro de 180º

Sábado, 23 Abril, 2005

Rose, Christian Sarramon

La versión clásica:

De la sangre derramada del dragón brotó un rosal de rosas rojas, y el caballero Jordi regaló una de ellas a su princesa…

Un giro de 180º:

Una hembra de dragón muy valiente salvó a un pobre dragón que estaba a punto de ser devorado por un feroz hombre que tenía mucha hambre y pocas ganas de trabajar. Tras un combate sangriento, consiguió matarlo, y de la sangre del hombre surgieron libros. Desde entonces, esta historia se escribe en una rosa y por ello en este día se regalan libros y rosas.

Caligramas de rosas para leerlas en su contexto, descubrir más versiones, enviar un libro y una rosa o tener más detalles sobre el Año del Libro aquí, la animación Sant Jordi 2005 del Ajuntament de Barcelona.

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Imagen de Christian Sarramon

animadvertencia

Sábado, 16 Abril, 2005

Reflexe de la Catedral, (c) F. Català-Roca


Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible

No hay nada peor que una mudanza. O sí, pero no tiene remedio. Aunque las mudanzas tampoco lo tienen. Un buen día te levantas y descubres que todo tu mundo tiene que caber en unas cajas. Lo tienes que revisar, ordenar y empaquetar. Y hay cosas que no sabes dónde meter porque han perdido su espacio y su lugar. De hecho, se niegan a ser trasladadas de nuevo. Por mucho que duela hay que dejarlas, han adquirido vida propia y toman sus propias decisiones. Entonces te das cuenta, en ese preciso instante, de que todo ha cambiado…

Estoy organizando una mudanza, mi mudanza. Me voy con la música a otra parte. Me voy a pintar otras paredes de amarillo, a jugar al escondite con nuevos fantasmas, a descubrir nuevos rincones, a reconocer nuevos ruidos, a interpretar nuevos silencios, a saludar nuevos vecinos, a conquistar otro quiosquero y otras cajeras de supermercado. Y también a no buscar a nadie al otro lado de la cama, a amigarme con la que me mira desde el espejo, a deshacer las cajas y a reubicarlo todo.

Quizá esté algo desaparecida durante un tiempo. Perdonen mi polvo.

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Imagen de Francesc Català-Roca

Sex, lies and sites

Sábado, 2 Abril, 2005

Sumo 9, Helmut Newton

Pagaría lo que no tengo por ir ahora a mi cuarto y que fueses tú quién duerme ahora en mi cama. Para despertarte dulcemente, besando la comisura imposible de tus labios, tus párpados, tus cejas. Recorriendo tus mejillas con mis yemas y mi lengua hasta tus orejas, mordiendo el lóbulo exquisito, el cuello, la nuca. Pasearme por tus hombros y tus brazos, hasta la palma de tus manos y besarla. Viajar hasta la planta de tus pies, para subir por tus piernas, rozar tu sexo con mis pezones, lamerlo. Sentarme, inclinarme hasta tus labios ya entreabiertos.
Tu aliento, tu jadeo, mi deseo.
Tomar tu sexo, mostrarle el camino y clavármelo, suavemente. Abrazarte mientras mi cadera infinita se va moviendo, contigo dentro, y tus labios susurran mi nombre. Y te beso con la boca, con los ojos, con los senos, con el sexo. Y te arrullo entre mis muslos. Y me sujetas la cintura y me guías. Y me separas y me echas a tu lado.
Y te pierdes entre mis piernas y yo me elevo, lentamente. Acaricias mi vientre y muerdes mis pezones. Lames mi cuello y me ladeas. Me envuelves con el pecho la espalda y con las manos los senos. Y yo vuelvo a clavarme a ti, moviendo la cadera lentamente. Vamos girando, tus brazos sujetan mis muñecas sobre mi cabeza. Siento tu peso en mi espalda y tu fuerza en mi vagina. Me incorporo para que sigas matándome de rodillas. Gobiernas mis caderas contra ti. Me clavo, me clavo, me clavo. Y antes del último golpe, me libero, me giro, me agacho. Te clavas a mi boca y mis ojos abiertos ven el cielo de tu pequeña muerte, que trago, dócilmente…

Sin petición, ni público, pero dedicada, mi fantasía.

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La foto, de Helmut Newton, claro.

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