Archivos del mes de Marzo, 2005

Tras la masacre, o la sombra de Aznar es vergonzante

Miércoles, 30 Marzo, 2005

Ese es el título del vídeo presentado hoy por la FAES.

Y tan anchos, claro, se han quedado con todas sus lindezas. Y nos dan lecciones de democracia y de elecciones libres.

Se han creído que somos imbéciles, los muy cínicos.

Quizá alguien debería recordarles que en aquellos días, ellos eran los que (des)gobernaban.

No hay más ciego que el no quiere ver.

Como dice Serrat:

Si no fueran tan temibles
nos darían risa.
Si no fueran tan dañinos
nos darían lástima.
Porque como los fantasmas,
sin pausa y sin prisa,
no son nada si les quitas
la sábana.

Son la salsa
de la farsa.
El meollo,
del mal rollo.
La mecha
de la sospecha.
La llama
de la jindama.

Son el alma
de la alarma,
del recelo
y del canguelo.
Los chulapos
del gazapo.

Los macarras
de la moral.

Como cada noche, sola

Domingo, 20 Marzo, 2005

Iba y venía. Siempre con libros, flores, discos, con alguna botella de vino. Iba y venía.

Cuando llegaba el viernes, sabía que aquellas cuatro paredes se llenarían de compañía. Su gente querida. Iba y venía. Entonces, Lucía recogía los papeles y los diarios tirados, llenaba de agua y de flores los jarrones, sacaba la caja de las velas, encendía el horno y colocaba las sillas alrededor de la mesa. Un goteo iba llenando la sala. Ahora uno y luego la otra, todos iban llegando, ofreciendo vida durante unas horas. Comían, bebían, reían, lloraban. Su gente necesaria, su antídoto, su escape, su patria. Se metía en la piel de los demás, intentando comprender sus porqués y sus quizás. Y los demás jugaban en sus estanterías y en su despensa. Era un intercambio justo: vida por vida, compañía por cultura, cariño por café, risas por música.

De pronto, siempre hacia la misma hora, el desfile se perdía por aquella misma puerta que antes regalaba abrazos, besos y saludos. La mesa vacía, testigo de los restos del último naufragio. La música callaba y la soledad se apoderaba de nuevo de todos los rincones.

Iba y venía por el largo pasillo. De la sala a la alcoba, de la alcoba a la sala. Miraba la mesa vacía, la cama vacía. Iba y venía de patria a patria. Sin querer detenerse, sin querer hallarse. Entre los platos y las bandejas, buscaba el eco de alguna risa, el resto de algún comentario, las mondas de algún sueño de otro. Cualquier cosa con la que poder acostarse. Algo a lo que poder desvestir a los pies de la cama, algo a lo que poder contarle que su color es el amarillo y su hora es la noche.

Cedía al tiempo, al silencio y a la oscuridad y se tumbaba en la cama. Sola, como cada noche. Cerraba los ojos y recorría con las manos su pecho, el interior de sus muslos, la oquedad de su sexo. Y todo parecía en orden, nada explicaba el porqué más allá de su almohada no reposaba un sueño. Entonces, Lucía, se mojaba las yemas de los dedos y se lo inventaba.

Iba y venía. Siempre con libros, flores, discos…

Para Nikopol

Sueño con serpientes

Viernes, 11 Marzo, 2005

La Cara de la Paz, Pablo Picasso

Sueño con serpientes, con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.

Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh, con mucho más infierno en digestión.

No quepo en su boca, me trata de tragar
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca; le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien.

Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago
paseo, voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye cuando llego a su estómago
y planteo con un verso una verdad.


Silvio Rodríguez

Irredentas

Martes, 8 Marzo, 2005


Para mis mujeres
Per a les meves dones
Pra as miñas mulleres

María das batallas,
levareiche unha flor por cada bala;
e unha cunca de leite
arrebuxada en neve
pra che curar a sede.
¡Sede mortal, varona, a desta patria:
queima no peito con ardente brasa!

María das batallas,
dareiche un reiseñor por cada bala,
e unha estreliña nova
no berce dunha doma,
núa, espida, graciosa:
Varona dos meus ollos, unha estrela
que ti gañaches, poderosa e leda.

Muller da soberana liberdade,
os astilleiros danche alferecía
e faite o mar patrona da cidade.
Din as miñas campanas, escoitade,
(din, don, din, don)
de monte a monte e máis de ría a ría:
(din, don, din, don)
de monte a monte e máis de ría a ría:
(din, don, din, don)
“O bronce meu, teu bronce foi, María”

María Pita, Lorenzo Varela

La venganza es un post que se escribe en frío

Domingo, 6 Marzo, 2005

Lady Ouija

Lo montas todo, te encargas de todo, te preocupas por todos. Te hacen la pelota durante toda la semana, te prometen un premio (o dos), una copa (o las que hagan falta) y luego, la verdad se revela ante tus narices disfrazada de humor se escribe con hache. He tirado sus teléfonos, he borrado sus direcciones de correo y haré otro tanto con sus enlaces. Incluso he pensado cerrar el blog, atármelo al cuello y tirarme al mar.

Pero después de la siesta y los lametones con los que me han despertado mis cuadrúpedos, he rebuscado en mi bolso y al encontrar lo único bueno que me queda de ayer, lo he puesto en el equipo, he encendido un cigarro y he comenzado a escribir mi venganza. En frío, como debe ser.

Puntualmente me presenté en el Glaciar, con el parche en el ojo y el bate desplegable en el bolso. Kizz me recibió en la barra con un beso y una caña, nos agenciamos una mesa y rápidamente llegaron Burdon y Elizabeth, al poco Alhua, Javi y Montse, Oculto y la sorpresa de la tarde: La Mamma y su chófer. Ampliamos la mesa original y nos tomamos otra ronda. Pagué la segunda ronda en un acto de generosidad que dejó atónito al personal (y es que siempre se me olvida que soy catalana, leche). Me sentía feliz en mi papel de Madame Lupara , dispuesta a pasarlo bien, aunque ya me iba dando cuenta de que la mesa era demasiado grande, la música estaba demasiado alta y apenas oía lo que se decía en el otro extremo…

Llegó la hora de la cena. Nos despedimos de La Mamma, el chófer y Elizabeth y partimos hacia el Imprevist. Llegaron Ferran (con su culo ya en perfectas condiciones) y Grager. Como memoria nos falló, sólo éramos nueve y no nos quisieron servir el menú de grupo que había pactado. Nos complicaron la vida con la libertad que otorga una carta completa…  (que no estamos acostumbrados a elegir, ya se sabe…). Mi sucio socio Burdon siempre siempre tiene que pedir lo mismo que yo, y tuve que compartir con él la ensalada, dejar mi asiento de platea para acomodarme en el segundo anfiteatro de mi perdición.

Sí, así empezó a joderse mi noche, por una ensalada de rúcula que ni siquiera le gustó. Volvía a estar yo en un extremo, frente al ruido de las otras mesas y la música (que imagino debía sonar). Las voces de los compañeros de mesa empezaron a desdibujarse en el aire. No es fácil leer los labios a los desconidos y mi cabeza se iba aislando entre mi congestión y mi hipoacústica.

Y así pasé de ser Madame Lupara a ser Madame "Què ha dit ara?" Todo esto, más o menos, en el mismo momento en Ferran decidió devolverme mi interés por su culo (Interés sincero, sin malacia de ningún tipo y que ya habíamos expresado todos en el Glaciar tras comentar los detalles de los que faltaban a la cita. Su post sobre su incidente en la nieve nos había divertido mucho. Es cierto, yo me reí de sus males, pero…… ¡no fuí la única, Ferran!) Mi toma de posesión se truncaba definitivamente. 

Intenté conseguir la ayuda de Grager (situado en el enclave estratégico de la otra punta de la mesa), brindándole la receta de las empanadillas chilenas que le debía, no sirvió. Alhua tampoco me editaba los subtítulos, demasiado preocupada en "sentarse a pensar como una foto en la pared y no respirar, pa no hacer ruido". Comenzó el festival del humor: que si aquel alemán que se llamaba Oto Rino, que si trompetilla, que si ¿qué, qué?, ¿eh?, ¿eh? Kizz, felicitándome -entre carcajada y carcajada- por lo bien que me lo estaba tomando. Burdon, abandonándome a mi suerte… ¿Dónde estaba La Mamma?

Aguanté el tirón y salimos del restaurante. La moral por los suelos, el parche tirado en una esquina, el bate incrustado en mi amor propio. Pensé que el cambio de decorado ayudaría a distraer la atención, pero no fué así. Ni siquiera me pagaron una copa…

Y el AK-47 en casa.

No lo olvidaré la próxima vez…

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Ilustración de Ronna Donna Racer

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