Archivos del mes de Febrero, 2005

Ciao, ciao

Domingo, 27 Febrero, 2005

Dicen que llevo aquí varios días, pero no he llegado aún… Sigo allí, en cualquier esquina, en cualquier plaza, en cualquier calle. Perdida entre un caos reconocible y apetecible que me envuelve con dulce placidez.

Rodeada de ocres, sienas y tierras que desprenden olor a café, ni el cielo más amenazador me turba. La colección de ojos negros clavados me abriga. Aprieto su mano y siento que levanto el vuelo entre palomas, gaviotas, cuervos y estorninos hacia una luna perfecta.

Sus labios saben mejor en el caos.  Cierro los ojos y me pierdo…

De verdad que lo intento, pero no encuentro el camino de regreso. Aunque dicen que llevo aquí varios días, no les creo: en la comisura de mis labios aún queda una gota de ristreto…

Vacaciones en Roma

Domingo, 20 Febrero, 2005

Louis Armstrong - Rome 1949, by  Aarons

Me voy a Roma. O tal vez debería decir me lleva a Roma, tal vez… Bueno, dejemos ese cruento tema para la vuelta, que ya habrá pasado la resaca del referemdum y tal vez alguien me preste más atención…

Nos vamos a Roma de minivacaciones. Quedan veinticuatro horas para recomendaciones y sugerencias… Hablad ahora o callad hasta la próxima, por favor.

Soy una chica con suerte, la expo temporal del Capitolini está dedicada  a M.C. Escher. Sí, sí, sí.

Nos vemos a la vuelta.

Besos con sal

* * *

Y hablando de vuelta…

Para el sábado 5 de marzo, Burdon está organizando un Blogs & Beers en Barcelona y me ha confiado la logística del evento (santa inocencia). Quien se quiera apuntar, por favor, que nos envíe un mensaje a qualquiera de los dos…

Rodolfo y Valentina

Martes, 15 Febrero, 2005

01/14/05 Versión 2, de Miguel Gómez Losada

A Brisa, kizz, muralla, thirthe, Burdon, Saf, mixina, manuel h, siloam, Magda, bb, GreGori, Ramon, Tarko, Odalys, Nemomemini, Noctámbulo y Joan. Por sus besos, besiños, beixos y besets…

Cuatro largas horas tardó Valentina en meterse al viudo Rodolfo en el bolsillo…

Desde Pin y Pon, una pareja deliciosa de agapornis, dejé de ponerles nombres a mis pájaros. Inocente, pensé que así, cuando murieran, no los lloraría. El anonimato me preservaría de los sentimientos: del dolor, de la pérdida, del duelo. Desde que tomé aquella decisión, mi pequeña ha sido la única en desaparecer. Los canarios no tienen nombre y su hijo, que nació en casa hace dos años, tampoco.

Cuando el domingo murió ella, una de las cosas que más dolió fué, precisamente, su anonimato. Ella, la pequeña, nunca tuvo un nombre. Y la lloré tanto o más que a todos los que quedaron en el camino: Daniel, Isabel, Miguelito, Marley, Foc, Japo, Pin y Pon.

Camino de casa, ayer, con la caja de cartón que transportaba a la nueva compañera de mi viudo, pensaba en todo eso. Y en lo bien que le sentaba el nombre de Valentina, a esa chicarrona que me había agenciado. Despierta y espabilada como ninguna, saltarina, inquieta, fuerte, se hizo valer entre todas las demás candidatas. A mis ojos, estaba sólo ella, presumida con su anilla azul en la pata izquierda. Coqueta, Valentina.

La portezuela abierta de nuevo, para presentar ésta vez, no para despedir. Todos apostados a los barrotes de la gran jaula: Marmota, Napoleón, la familia canaria desde la jaula contigua, y yo. Seis pares de ojos expectantes. El séptimo par, no veía, seguía sin querer mirar, con su cabeza bajo el ala.

¡Menudo cristo!

"¡Mec-mec-mec-meeeeeec! ¡Mec-mec-mec-meeeeeec!"

El viudo haciéndose el duro y el interesante, huyendo, rechazando. Valentina provocando, juguetona, gritona y saltarina. Reconociendo el nuevo espacio, inspeccionándolo todo. Él más duro, más interesante, pero curioso en la distancia, mirando de soslayo a la candidata. Así, cuatro largas horas. Acortando perchas, hasta llegar a la misma. Cada uno en una punta. A cuarto de hora el centímetro, se han ido acercando. Y cuando la distancia y la resistencia  ya eran mínimas, él le ha brindado, altivo, su cuello, y ella, resuelta, lo ha colmado de arrumacos.

Cuando apagué todas las luces, estaban enganchados, confundidos el uno en la otra, mimándose y besuqueándose.

Al contarle por teléfono la historia a mi compañero, le he dicho que teníamos que buscar un nombre para él. Y ha sentenciado: "Rodolfo. Rodolfo y Valentina".

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Imagen: Óleo de Miguel Gómez Losada

Con la cabeza debajo del ala

Domingo, 13 Febrero, 2005

Estaban los dos juntos. Tan juntos que se confundían. Él ha levantado la cabeza para mirarme, sus diminutos ojazos estaban casi cerrados. Todo él hecho una bola de tristeza. Ella no se movía. Quieta, paralizada, cabizbaja y más pálida que nunca.

Sabía, pero no quería saber. No podía ser cierto.

He abierto la pequeña puerta, he metido la mano y he cogido el nido. Allí estaban los tres aún calientes por el sol de este domingo. Él no ha hecho nada más que seguir mirándome. Ella no se movía aún. Quieta, paralizada, cabizbaja y más querida que nunca.

Me he pasado así, mirándolos, casi una hora. Hasta que he tenido valor de tocarla y confirmar lo que ya sabía. Estaba fría, muy fría. Y él pegadito a ella, confundido. La he sacado y la he puesto sobre un paño en la mesa. Hubiese vendido mi alma en ese momento para que saliera volando de nuevo. Pero ya era muy tarde, demasiado tarde para ningún trueque.

He vuelto a verlo a él, y allí seguía, quieto, en el mismo sitio de antes. Apretado a su ausencia en el suelo de la jaula. He llorado con él el resto de la mañana. Ha ido cerrando los ojos, poco a poco, hasta meter la cabeza debajo del ala.

Y así estamos ahora los dos, con la cabeza bajo el ala, llorándola. Y sin saber qué hacer sin ella ni dónde poner el nido de la esperanza.

Adiós pequeña, adiós.

Machismos

Martes, 8 Febrero, 2005

Desfile de sufragistas en New York, 1917

“Es sabido que quien tiene el poder es quien da nombres a las cosas (y a las personas)”.

Celia Amorós. 10 palabras clave sobre Mujer

Siempre abro el buzón de casa con la esperanza de hallar alguna sorpresa. Me encuentro el otro día con las tarjetas del censo y con un dossier de la Unión Europea con información sobre las bondades de la Constitución Europea. Curioso, me digo, y no le presto más atención. Al entrar en casa, reparto la correspondencia y cuando voy a abrir el panfleto de la UE, me llevo una sorpresa absolutamente inesperada… La dirigen a “Fulanito de Tal y familia” (el nombre completo de mi marido, y familia). Lo leo y lo releo varias veces. Bajo de nuevo, vuelvo a abrir el buzón: vacío. Subo a casa y vuelvo a leerlo.

Me rindo y se lo entrego, claro, ya que no va a mi nombre (aunque yo sea “su” familia). Me siento frente a él y le pido que me explique el contenido. Es su obligación ¿no?, ¿qué menos? El cabeza de familia, “el hombre” de la casa, como debe ser.

Intento calmarme. Pienso.

Claro, seguro que lo han hecho para ahorrar papel sería estúpido enviar un ejemplar a cada miembro de la “Unidad familiar”. Eso, debían haber usado la fórmula “Unidad familiar”, me digo. Pero no, no ha sido así…

Y yo que me quejo si alguien me llama “Señora de…” ¡Ja! Esta sí es buena, soy una ciudadana de la Unión Europea, pero sólo lo soy en calidad de “familia” de otro (otro, varón, claro)

Y busco el artículo de la Constitución Europea con el que a tantos se les llena la boca y aún me cabreo más…

Igualdad entre mujeres y hombres. Artículo II-83.

“La igualdad entre mujeres y hombres deberá garantizarse en todos los ámbitos, inclusive en materia de empleo, trabajo y retribución. El principio de igualdad no impide el mantenimiento o la adopción de medidas que supongan ventajas concretas en favor del sexo menos representado”.

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Fotografía sufragistas: aquí

Guía de vocabulario básico: aquí

Sexismo en el lenguaje: aquí

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Actualización:

La cosa no queda ahí. Mi querida Generalitat de Catalunya ha cometido exactamente el mismo error. Recibimos el “Boletín de información de interés ciudadano” dirigido de la misma manera: a él (nombre y apellidos) y familia. Esto ya es el colmo de los colmos para mí.

He comenzado una batalla contra el sexismo en las comunicaciones oficiales, enviando correos a las instituciones, diputados y medios de comunicación… Por el momento, apenas he obtenido explicaciones y/o respuestas, únicamente se ha dignado a contestar el eurodiputado socialista Raimon Obiols.

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