Archivos del mes de Noviembre, 2004

Sinaia

Lunes, 29 Noviembre, 2004

Desembarco

Desembarco del Sinaia en Veracruz. Fotografía de Joaquín Santamaría

A mis mexicanos
Magda, Noctámbulo y Mr. Lemon

Estamos aquí
y no estamos
vivimos flotando

Manuel Durán

Juan Goytisolo recibía el Premio Juan Rulfo y leía su discurso. Se anunciaba que las obras en catalán podrán optar al premio a partir de ahora. Se agradecía el trato recibido por tantos españoles transterrados en México. Se inauguraba la Feria del Libro de Guadalajara.

Y yo me preguntaba cómo debió ser aquella travesía en el Sinaia, el barco que llevó la primera expedición de republicanos españoles exiliados hacia México en 1939, desde Setè hasta Veracruz. Mi abuelo llegó a Francia con un hermano menor de edad, sin crímenes de sangre y sin cargo alguno y decidió darse la vuelta, nadie sabé por qué. Estuvo en el campo de concentración de La Magdalena (Santander) sólo unos meses, pero para algunas cosas siguió flotando el resto de su vida.

Y aquí está algo de lo hallado sobre el Sinaia:

Imagen del Sinaia
La Historia
Portal del exilio
Biografía de Fernando Gamboa
El choque del exilio
La reedición del diario de la travesía

Humor para Serrat

Jueves, 25 Noviembre, 2004

A Marmi,
por ser la primera sonrisa de mi vida.

Para Muralla,
porque sin vértigo
lo hubiera publicado ella

Jc_contreras

Pereiro

Emilio_ferrero

Todas estas viñetas y algunas más ya se pueden ver en Humoralia. Formarán parte del libro de ejemplar único que los humoristas gráficos de habla hispana regalarán a Joan Manuel Serrat.

La noticia y más viñetas aquí

Sueños

Domingo, 21 Noviembre, 2004

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Per a tu,
company de somnis

Nunca me quedaba más de un día en Tipasa. Llega un momento en el que se ha visto demasiado un paisaje, de la misma manera que hace falta mucho tiempo antes de haberlo visto lo suficiente. Las montañas, el cielo, el mar, son como rostros en los que se descubre la aridez o el esplendor a fuerza de mirar en vez de ver. Pero todo rostro, para ser elocuente, debe sufrir una cierta renovación. Y nos lamentamos por habernos cansado demasiado deprisa cuando habríamos de sorprendernos de que el mundo nos parezca nuevo sólo por olvidado.

Albert Camus, Nupcias

Los sueños encierran misterios renovados que aparecen de pronto. El imaginario se altera con todo aquello olvidado, con lo que somos capaces de recuperar con una nueva mirada. Como los dibujos se mantienen en el aire, segundos después, minutos después, años después, porque están en nosotros, porque forman parte de nosotros.
Esas siluetas imposibles, pinceladas de fuego e ilusión, bengalas de vida, aparecen de pronto para recordarte que nos las has visto aún lo suficiente. Y en ese momento, la sorpresa se torna conocimiento, y es cuando se tiene la certeza de que aún están ahí, ardiendo para ti. Ese misterio, esa gracia, nos permite seguir soñando, seguir sintiendo.
El hilo de luz que te conecta, que te hace estar dentro de nuevo, soñando despierto.
Y mientras dura la renovación, el tiempo no se detiene, pero cobra una nueva dimensión, por fin.

Quitapenas

Lunes, 15 Noviembre, 2004

(c) Eva Armisen

Para Anna, hoy.
Ella sabe porqué.

Fue entonces cuando nací a la edad de dos años y medio, en febrero de 1970, en las montañas del Kansai y en el pueblo de Shukugawa, ante la mirada de mi abuela paterna, por obra y gracia del chocolate blanco.

Amélie Nothomb, Metafísica de los tubos

Hemos hablado tantas veces de tantas cosas, hermana querida. Me conoces mejor que yo misma. Me intuyes desde que dejaste de ver en mí aquella estúpida adolescente y abriste los ojos al tubo que habita en mí. Fuiste, en muchas cosas, mi chocolate blanco. Aún lo eres. Así podríamos decir que yo nací a la edad de dieciséis años… Un tubo que veía y reconocía a otro. Como a otros tantos que nos hemos ido encontrando en el camino. Como algunos que hemos dejado en el camino. Como Rafa, tu Rafa, tu padre. Mucho Rafa…

Nunca podré olvidar su rostro, su sonrisa, su mirada. Han pasado, ¿cuántos años ya? ¿ocho? ¿nueve? Parece una eternidad. Todo lo vivido desde entonces. Quién nos lo iba a decir, ¿verdad? La idea de la muerte, la realidad de la muerte, ante nuestros ojos, en nuestra vida. Recuerdo tu voz durante aquella llamada. Por más que nos hubiésemos estado preparando, aquella noticia, irreversible, definitiva, marcó un antes y después en nuestra vida porque lo marcó en la tuya. Todos nos quedamos un poco huérfanos aquel día, como tú, contigo. Cómo consolarte si nosotros no teníamos consuelo, si nos hacíamos tus mismas preguntas, si teníamos la suerte de tenerlos o la desgracia de haber sufrido su pérdida demasiado pronto como para recordar qué decir y qué no.

Tardamos algunos años en hablar de ello, de él, de nosotros, de la metafísica de los tubos. Pero no hacía falta, sabíamos lo que había. Conocíamos lo esencial, el resto eran anécdotas en nuestra biografía breve. Momentos de lucidez compartidos, reconociéndonos de nuevo. Aceptándonos en la diferencia, apoyándonos en ella.

Seremos lo que queramos ser, aunque parezca que seamos lo que nos dejan, lo que podamos. No, no, seremos lo que queramos ser. ¿Qué queremos ser? ¿Qué queremos, hermana?

Quiero, quiero… Un rayo que me parta, un huracán que me eleve, una flor que me sonría, una quitapenas como tú…

Te quiero, quitapenas mía

* * *

Imagen de Eva Armisen

Más de cien mentiras

Jueves, 11 Noviembre, 2004

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Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, la lengua, los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un "bisnes" pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos,
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles, sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre en primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
"que importa", "lo siento", "hasta siempre", "te quiero",
hinchas del Atleti, gangsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.

Más de cien palabras, más de cien motivos,
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces,
tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos Lolitas, tenemos donjuanes,
Lennon y McCartney, Gardel y LePera;
tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes sin nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Más de cien palabras, más de cien motivos,
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
Ángeles caídos, barquitos de vela,
pobres exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

Más de cien palabras, más de cien motivos,
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Más de cien mentiras, Joaquín Sabina

* * *

Fotografía de Robert Doisneu

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