Archivos del mes de Octubre, 2004

La cinta azul que guarda tus cartas

Jueves, 21 Octubre, 2004

A Ramonet,
con la esperanza aún
de que se apee del caballo

Estuve casi un año entero sin verte. Sabía de ti por tu carta semanal. Llegaba puntualmente los jueves, tres días después de que la hubieses escrito. Pasabas en el pueblo el fin de semana y me contabas, me ponías al día –a tu manera ingenua- de lo que allí sucedía. Las tengo todas guardadas, aunque ya no recuerdo dónde. Atadas con una cinta azul, la misma que envolvía la última camisa que me regalaste.

La tarde que nos volvimos a ver, la tarde que te volví a ver, estabas tan bonita con aquella cola de caballo… Debías tener entonces quince o dieciséis años, pero aparentabas ya alguno más.
Era uno de los últimos días de un calurosísimo mes de julio, habíamos quedado en nuestra terraza preferida de aquella Riera tan nuestra. El sol de la tarde iluminaba tu rostro, te brillaban los ojos de la emoción y una lágrima cayó por tus mejillas, abriendo un cauce hermoso entre tus nuevas pecas. Estabas muy morena, muy guapa, te favorecían aquellos reflejos cobrizos que el sol había dado a tu pelo. Ya parecías toda una mujer y yo era feliz en aquel momento, me sentía afortunado y dichoso de tenerte delante. Dibujaste la mejor de tus sonrisas al ver la enorme caja de fresones que había cogido especialmente para ti. Había sido tu cumpleaños unas semanas antes, era tu regalo. De aquella isla no quería traerte nada. Allí sólo dejé cosas, demasiadas. Ahora, viéndote, me daba cuenta.

Después de aquel estúpido año de soldadito, yo no era el mismo. Tú también te diste cuenta a medida que avanzaba nuestra charla. El brillo iba cambiando en tus ojos por una niebla turbia de incomprensión y rabia. Nunca te expliqué qué pasó, ni todo lo que allí viví. Apenas supiste del suicidio de mi compañero de litera. Con el tiempo yo también lo he ido borrando, se desdibuja el recuerdo de su cuerpo inerte colgando del cinturón.

Me atreví a contarte únicamente los planes que tenía para nosotros. No hizo falta que respondieras. Tus ojos de mar siempre han hablado antes que tus labios. Supe que podía contar contigo como hasta ahora, pero nada más. El amor que habían alimentado sin querer tus cartas se iba en aquellas fresas.
Pasaron los años pero no nuestra amistad. Aún pude compartir contigo muchas cosas, muchas noches, muchas risas, muchas lágrimas, muchos amores. Tus camisas y tus corbatas, cada noviembre -por mi cumpleaños- me recordaban lo que me querías. Era como un hermano mayor, como el que no tuviste.

Pero me fallé, te fallé.

Yo me perdí en algún momento del camino. No sabría ni cómo ni cuando, ni quiero justificarlo ni puedo explicarlo, pero cuando me robaron la tierra para construir la puta autopista, me dejaron sin nada, sin sentido. Sólo mi niña logró devolverme la sonrisa algunas veces. Mi niña que ya tiene casi diez años, que casi no la veo. Aquella que todos sabíamos que había sido un error es lo único que me ata a esta vida.
Te vi, te volví a ver una última vez hace ya algunos años en aquella misma Riera, en una tarde como aquella. Llevaba una bolsa llena de vestiditos para mi niña. Disfrutaste mirándome mientras te detallaba los bordados, la talla, cómo había crecido ella. Nos despedimos con pena.

Ahora voy armado. Ironías. Tú sabes que el caballo te mete en un mundo sórdido y peligroso. Y yo ya llevo demasiado metido en esto. Ayer me vio alguien que te conoce y sé que te contará y que tú podrás saber que, algunas veces, cuando miro al mar recuerdo tus ojos y aquella cinta azul que guarda tus cartas.

* * *

La imagen es de Stock Photo Agency-STUDIO NOA

Los lunes de Manolo

Lunes, 18 Octubre, 2004

Manolo

La columna de Manolo Vázquez Montalbán era lo único bueno de las mañanas de los lunes.
Hoy hace ya un año que me falta, que nos falta a todos.
Hoy Rafael Ribó le ha rendido este homenaje en El País:

Categorías políticas montalbanianas

“Què Rafael, com va tot?” (Qué Rafael, ¿como va todo?). Así empezaban nuestras conversaciones, entre Manolo Vázquez Montalbán y yo mismo, en mi etapa de dirigente de una formación política con representación parlamentaria. Era una pregunta lanzada desde una compleja mezcla de curiosidad, escepticismo, voluntarismo, y siempre con intención de ayudar en el análisis y en la búsqueda de una salida de las situaciones por más complicadas y difíciles que fuesen. Me atrevo hoy, en el primer aniversario de su desaparición, a hacer una breve, y forzosamente sintética, calificación de algunas de las categorías políticas que él utilizaba y que podemos extraer de sus obras.

Manolo tenía una especie de curiosidad chafardera mezclada con un desprecio intelectual hacia el Poder. Constantemente fustigaba al poder imperial o de pretensión de dominio a escala planetaria. Intentaba desmontar los artilugios del poder financiero y de sus manipulaciones de las ideologías y de las instituciones políticas. Le da un halo de investigación profunda y misteriosa en la trama vaticana de “Cesar o Nada”, donde funde las diversas dimensiones del poder. Y en su actividad periodística es hacia el poder político, el de los máximos responsables de las instituciones y/o de los partidos, hacia los que dirige sus críticas. Se llegó a crear un temor difuso a aparecer citado en las columnas de los lunes, en las que podía desnudar a cualquier personaje con pasmosa facilidad y clarividencia.

Para él, el poder nunca fue una suma cero. Creía, y practicaba de forma militante, en el ejercicio colectivo de la Democracia, y en la posibilidad de contrarrestar unos intereses con otros por más contrapuestos que fuesen. Defendía constantemente la democracia radical, ejercida a fondo, mucho más allá del importante derecho al voto. Se trata del “intrusismo crítico”, como decía él, que practica en La literatura en la construcción de la ciudad democrática, por ejemplo. Y demostraba con su ejemplo como contemplaba el deber ciudadano de articular y agregar propuestas, en reuniones, debates, manifestaciones, etc… Estaba siempre dispuesto a acudir al punto más remoto, el más insignificante de la geografía, para atender cualquier petición de charla o conferencia, de todo tipo de asociaciones o movimientos de carácter cívico democrático. Al igual que en su actividad intelectual era de una gran fertilidad, en su activismo literario, cívico y político, parecía omnipresente.

Desde la especificidad de cada situación, Manolo conectaba con todo tipo de realidades, por más lejanas que estuviesen. Manolo, autor de fama internacional, tenía una clara referencia específica en su sociedad natal, la catalana. Se le llegó a tildar, junto a algunos más entre los que me cuento, como “pujolista de izquierdas”, por su insistencia en que se debía alcanzar la hegemonía y la capacidad de interpretación de la sociedad nacional en la que uno vivía. Recordemos sus disquisiciones sobre las identidades en Un polaco en la corte del Rey Juan Carlos. Y desde esta raíz, incluso controvertida en la polémica sobre las literaturas y las lenguas, cuando se quiere confundir la dimensión antropológica con la nacional, observaba y conectaba con acontecimientos como podían ser, en los últimos años por ejemplo, el Foro de Sao Paulo o las propuesta globales de cooperación. Siempre mirando hacia el exterior, incluso en los tiempos más duros de la dictadura franquista, cuando él ironiza sobre aquella advertencia que lucían los trenes, sobre las ventanas, de “prohibido asomarse al exterior”.

Manolo era una rara avis de intelectual metido en la cotidiana tarea política. Con ello era consecuente con su sólida formación profesional e intelectual, con su querencia hacia la Cultura. Constantemente apostaba por la educación y la culturización de las organizaciones políticas. Contribuyó a fondo en la recuperación de la memoria histórica. Lo hizo desde una manifiesta heterodoxia, la misma que practicó en sus militancias políticas y cívicas cuando desacralizaba cualquier pretensión dogmática, ya fuese presentada desde tradiciones obsoletas ya lo fuesen desde una engañosa modernidad. Aquí tanto entra sus biografías, como la de Pasionaria, como sus crónicas de la Transición, entre múltiples escritos desmitificadores. Y todo ello se constata en su constante combate por la información, por desenmascarar al gran hermano, por enseñar a la gente la importancia de saber quién era y con qué intenciones el que decidía sobre qué es lo que se debe publicar y hasta en qué página se debe hacer. Manolo se desesperaba al contemplar la escasa atención que los dirigentes progresistas daban a la batalla cultural. Estaba convencido que se debían ganar previamente las batallas culturales para abordar con buen pie las contiendas electorales.

Para él, en las democracias avanzadas inmersas en la cultura de la satisfacción, era cada vez más necesario elaborar lo que el consideraba una especie de catálogo de contradicciones o de causas del desorden mundial, del desorden actual que se expresa con las enormes desigualdades existentes en el planeta. Era así, según él, que se consolidaban los proyectos políticos. Intenta una síntesis, quizás algo reiterativa en Panfleto desde el planeta de los simios. Se requiere una constante atención y diálogo con lo que se mueve en la sociedad, con los llamados, a veces de forma rimbombante, movimientos de masas. A él le encontrabas entre sindicalistas, en una asociación de vecinos, con jóvenes ecologistas frente a un posible vertedero, en el Comité por la Paz ante la primera guerra en Irak en 1991, etc… Justamente del enraizamiento de las convicciones políticas y de la difusión de las actuaciones cívicas se deducía un grado de convencimiento que después podría traducirse en decisión electoral. Es un planteamiento premonitorio -Manolo lo defiende en La Aznaridad, su último libro sobre la situación política española- que en parte explica la aparente sorpresa del vuelco electoral del 14 de marzo de 2004. Un contingente del electorado, quizás un millón de votantes, potencialmente indecisos pero desde hacía mucho tiempo “culturalizados” en contra de la guerra, optan después del bárbaro atentado de Madrid y ante las explicaciones oficiales, por acudir a las urnas.

Resulta realmente paradójico que él no pueda vivir y analizar las nuevas realidades políticas que se dan tanto a escala española como catalana. Seguro que continuaría aplicando aquellas categorías y abriría nuevas perspectivas. Por eso estoy convencido que mantiene plena validez su reiterado brindis, “por la caída del régimen”, dirigido a prevenirse ante cualquier intento de instalación acomodaticia del poder.

* * *

El Thailandia Travel

una carta sellada

la muerte de un ser querido

para la muchacha de mi American Breakfast

cada mañana aunque he pedido mi carta

no estaba

o no me la han dado compasivos

con el extranjero que espera la vida o la muerte

ignorado en un rincón de Asia

el cartero nunca llama dos veces

viaja en una Yamaha

y sonríe en la ignorancia

de que la distancia

permite a la memoria cumplir nuestros deseos

Manuel Vázquez Montalbán, El cartero ha traído el Bangkok Post
De: Pero el viajero que huye (1990)

Colores

Lunes, 18 Octubre, 2004

Colores

Es un enlace-regalo que me ha hecho Nikopol y quería compartirlo…

Por cierto, yo he asociado colores con algún blogero, ¿y tú?

No más aBUSHos (Cualquier cosa menos Bush) I

Sábado, 16 Octubre, 2004

Nomasabushos
Las elecciones a Emperador del Mundo Mundial están en su recta final. De hecho, ya se han celebrado todos los debates previstos entre los dos candidatos. Seguimos viendo encuestas de todo tipo: alentadoras y desesperantes. Y las seguiremos viendo durante el resto del mes de octubre.
Cualquier cosa menos Bush. Es triste, pero es así. Cualquier cosa será menos mala y -a lo mejor, con suerte- permite reconstruir parte del estado del mundo anterior al mandato del hijo pródigo.

En los comicios del próximo 2 de noviembre se deciden muchas cosas, porque aunque seamos muchos más los que no podamos participar en esa elección su resultado nos afectará a todos sin excepción. Todos somos cuidadanos del Imperio, nos guste o no, haya sido el azar más o menos generoso con nuestro lugar de nacimiento, todos lo sufrimos.

Curiosamente, en los debates ha habido grandes ausencias. No se ha hablado de Sudamérica, ni de África, ni de los casi 8 millones de personas sin papeles que se estima residen (y trabajan) en EEUU. Y digo curiosamente, porque a mí -desde esta privilegiada, indigestada y cómoda posición- me resulta inconcebible que no se hayan tocado esos temas, teniendo la importancia que tienen para el Centro del Sistema. Sin resultar estructuralista, aunque sólo fuera por puro interés, lo lógico sería que les preocupasen. Entonces, la pregunta es: ¿no los plantean por pura soberbia o por puro desdén? Cualquiera de las dos posibilidades es igualmente lamentable, pero me temo que no es ninguna de ellas, que es -si cabe- otra más deleznable: simple comodidad y falta real de necesidad. A fin de cuentas, los sin papeles no votan y las mayorías negras o latinas votan poco. Pero, irónicamente, el mismo 2 de noviembre en el Estado de Arizona, los votantes deben decidirse sobre la Proposición 200, a iniciativa de la coalición conservadora Protege Arizona Ahora que pretende criminalizar a los funcionarios que no denuncien a los inmigrantes indocumentados que soliciten determinados servicios públicos.

Parece que la tarea de des-construcción ideológica del globalismo (léase pensamiento único, neoliberalismo capitalista, etc.) es realmente urgente. Por ello, creo que el margen que nos ofrece una victoria de cualquier cosa menos Bush es necesario para la posterior re-construcción ideológica de la globalización.

* * *

También andan batallando:

Baker desde Santos y Demonios
y
Melmoth el Errabundo, el que me ha prestado la chapa antiBush

Homenatge a Lluís Companys

Viernes, 15 Octubre, 2004

Lluis_companys

No oblidarem les coses que hem après
en aquests anys de fosca tramuntana
les ribes uniran homes de pes
i obrirà solcs l’esquerra catalana

Joan Brossa
Fragment de l’”Oda al president Companys”
Solstici d’hivern de 1971

* * *

Lluís Companys Jover (1882-1940) fue el único presidente europeo elegido democráticamente fusilado por el fascismo. Con su ejecución, de la que hoy se cumple el 64 aniversario, el franquismo simbolizaba el aniquilamiento de la identidad nacional de Catalunya, la supresión de las instituciones propias de autogobierno y el intento de genocidio cultural del país. A Companys se le segó la vida por ser president de la Generalitat.
En estos últimos años, la figura del president mártir ha conseguido el reconocimiento institucional de todas las fuerzas políticas catalanas, incluido el Partit Popular de Catalunya, como símbolo de la personalidad nacional y de rechazo a la sublevación militar de 1936, que dio paso a una cruenta guerra civil y a una larga dictadura. Este denominador común, mérito de la sociedad civil catalana, expresa una envidiable salud democrática de nuestra cultura política que nos distingue, una vez más y por desgracia, de las ambigüedades y confusionismos reiterados en la cultura política española.
La vindicación colectiva del president mártir no supone mitificar una personalidad política sujeta, como todas, a la necesaria crítica histórica y, mucho menos, abonar estereotipos alejados de la realidad.
Companys, por ejemplo, nunca fue un separatista, como han querido presentárnoslo franquistas y algunos independentistas, sino que encarnó los valores de una Catalunya democrática, republicana, federalista y socialmente justa. Lo más certero que se puede decir de Companys es que nació rico y murió pobre.

El republicanismo
Lluís Companys nunca perdió su característico acento catalán occidental, a pesar de que su vida, prácticamente, transcurrió en la ciudad de Barcelona. Nació en El Tarròs, una aldea del municipio de Tornabous (Urgell), en el seno de una familia campesina acomodada. Su situación de cabaler, segundo de ocho hermanos, lo llevó a estudiar bachillerato al Liceu Políglota de Barcelona, donde trabó amistad con Francesc Layret, con quien coincidiría, en la Facultad de Derecho, en la Associació Escolar Republicana.
En 1901 participó en su primer mítin político, de carácter anticlerical, al lado de Alejandro Lerroux, que profetizó que aquel estudiante conocido como el pajarito volaría muy alto. En 1910 fue elegido presidente de las juventudes de la Unión Federal Nacionalista Republicana.

El periodismo
Su pasión política la vehiculó más a través del periodismo que de la abogacía, destacando como redactor jefe de La Publicitat y La Lucha, dirigidas por Marcel.lí Domingo. Tras un breve paso por el Partido Reformista, Companys intentó conjugar los ideales republicanos con el catalanismo, de aquí su incorporación, de la mano de Layret, al Bloc Republicà Autonomista (1915) y al Partit Republicà Català (1917). Aunque su primer cargo público, como concejal del Ayuntamiento de Barcelona, lo conseguiría gracias a los votos del Partido Radical de Lerroux.

El obrerismo
El republicano catalanista Francesc Layret y el dirigente anarcosindicalista Salvador Seguí, el Noi del Sucre, fueron sus dos amigos del alma y quienes más influyeron en su formación política. Ambos pagaron con la vida el intento de aproximar republicanismo y obrerismo. Companys compartió con Seguí las turbulencias de la huelga de la Canadiense y la prisión en la Mola de Maó. Sus simpatías por la CNT y su obsesión por incorporar a los trabajadores a la lucha política motivaron su apoyo a la propuesta de Layret de adhesión del PCR a la Internacional Comunista. Pero fracasó en su intento de dirigir a los trabajadores con unos sindicatos afines. La CNT se inhibió del movimiento insurreccional del 6 de octubre de 1934 y cuando se lanzó a la calle el 19 de julio de 1936, Companys fue a remolque.

La Unió de Rabassaires
Companys heredó de Layret el acta de diputado a Cortes por el distrito de Sabadell, que conseguiría en 1920 y renovaría en 1923, con una notable presencia campesina. Frustrado en su intento de controlar el sindicalismo de clase urbano-industrial, Companys intentó articular el sindicalismo agrario fundando y dirigiendo la Unió de Rabassaires (1922), así como su publicación, La Terra, a partir de las sociedades de resistencia fuertemente penetradas por los republicanos radicales.

La República
Companys, como concejal electo por el distrito de Gràcia, fue el primero en proclamar la República desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, el 14 de abril de 1931. Un gesto que no fue del agrado de Francesc Macià, que lo apartó de la alcaldía, en beneficio de Jaume Ayguader, de Estat Català.
La atomización del nuevo partido, ERC, emparedó a Companys entre el sector de Estat Català y el grupo de L’Opinió. Alejado de las pugnas fratricidas, consolidó su liderazgo en el partido con la creación de la empresa periodística más importante de su vida: La Humanitat. De aquí su elección como presidente del nuevo Parlamento catalán, que le permitió, tras un efímero paso como ministro de Marina por el Gobierno Azaña, acceder a la presidencia de la Generalitat tras la muerte de Macià, en las Navidades de 1933.

Presidente de la Generalitat
A Companys le tocó presidir la Generalitat en los años más dramáticos . El ascenso del fascismo en Europa, la entrada de la derechista CEDA en el Gobierno de la República presidido por Lerroux y la respuesta insurreccional de las izquierdas españolas fue el detonante de la rebelión institucional de la Generalitat presidida por Companys, el 6 de octubre de 1934.
Companys siempre se moverá más en el eje del conflicto izquierda/derecha, que en el de la articulación España/Catalunya. Por el mismo motivo, muchos catalanistas no le perdonarán nunca su decisión de institucionalizar y presidir la revolución social puesta en marcha por la sublevación militar de julio de 1936.

Andreu Mayayo
Publicado hoy en El Periódico de Catalunya

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