El Snob y los campos de trigo

Viernes, 17 Septiembre, 2004

“Es la hermosa abertura junto a la bahía”… Así le explicaba el Snob el significado de que aquella extraña palabra: Laphroaig

Llevaba varios meses saliendo con el Snob y Laura confiaba que iba a ser un encuentro definitivo, en el que el Snob sucumbiría inevitablemente a su dócil y sencilla manera de mostrarle su admiración. Laura era una superviviente, cualquier chica del Distrito V que lograse escapar del destino fatal de aquel barrio lo era.

Él la había recogido pronto, nada más salir del trabajo. No había tenido un buen día y la cita con Laura era la excusa perfecta para evadirse. El Snob era uno de esos tipos que siempre dominan las situaciones, que aun dejando un espacio suficiente para la improvisación de los actores, siempre controla la escena. Seguramente, hubiese sido más feliz dedicándose a cualquier otra cosa que a mantener aquel estúpido taller heredado de su padre; pero, para el Snob, el trabajo no era sino una forma de mantener un ritmo de vida, y la vida la forma de sostener un ritmo personal, solitario y muy particular. No le importaba demasiado que aquellos pequeños moldes de pasta fuesen cada vez menos rentables, el taller en sí mismo era un seguro de vida suficientemente válido. Las inmobiliarias habían llegado a ofrecerle por él sumas más que razonables para retirarse definitivamente a sus cuarenta años de forma muy digna.

Era fácil convencer a Laura de cualquier cosa, así que esa noche –como siempre- harían lo que el Snob había previsto: una buena cena, unas buenas copas en algún club y un buen polvo. Tras todos los encuentros pacientes, en los que había ido ganándose su confianza con pequeños detalles como perfumes y flores, hoy tendría su premio. Sabía que, aunque intelectual y emocionalmente mediocre, Laura era una chica como pocas, ya no quedaban mujeres así: hermosas, simples y ligeras. Ese tipo de mujeres que resultan perfectas como acompañantes en cenas de negocios; amantes entregadas y sumisas sin pretensiones de satisfacción; madres abnegadas que se desviven por sus hijos; “Chicas de la Cruz Roja”, conformistas, que se abandonan al destino de sus hombres; esposas fieles que administran cabalmente, que sólo se conceden algún pequeño exceso para lucir hermosas junto a sus maridos; reprimidas a la sombra de hombres miserables como el Snob.

Laura se subió al coche y le ofreció la mejor de sus sonrisas. No preguntó cuales eran los planes, pues no le importaban demasiado, confiaba. Iba a ser el encuentro definitivo, de eso estaba segura. Estaba preciosa con aquel vestido escotado y ajustado que había reservado para la ocasión. Tafetán multicolor con patrón de revista extranjera que su madre le había cosido y que haría que el Snob olvidase su predilección por aquel estúpido vestido camisero estampado que le había regalado para su cumpleaños, en el que su voluptuoso cuerpo se escondía y con el que no lograba que él se decidiese.

Cenaron en el puerto. Ostras y champán. Laura, le repetía siempre, el champán en copa ancha y baja para que la insolencia de las burbujas no estropee el deleite de beberlo. El Snob sabía disfrutar de esos pequeños placeres y podía permitírselos. Fue entonces, cuando la miró, le tomó la mano y le dijo que ya la conocía lo suficiente como para saber que era una chica distinta, que la quería y que hablaría con su padre y que se casarían lo antes posible, si a ella le parecía bien, claro. Desde ese momento, la vida de Laura en aquel pequeño piso de la calle Sant Ramon había terminado, y el precio sólo era soportar a aquel hombre solitario de extrañas costumbres y raras palabras del que ella se había enamorado. Fueron al Jazz Colón y cuando ya estaban exhaustos y hartos de twist, él le propuso ir a su casa.

Fue allí, dónde el Snob, le sirvió una copa de whisky, pero no de uno cualquiera, era Laphroaig. Laura le dio un sorbo tras oler profundamente aquel licor, y le dio otro y otro y otro. Sintió que se estaba bebiendo tierra mojada y húmeda y que le gustaban aquellas rarezas y que todo estaba sucediendo en el espacio que pronto sería su hogar. Notó las manos firmes del hombre en su espalda, ávido y seguro bajaba la cremallera del vestido mientras besaba despacio el cuello de Laura. Las manos tomaron el pecho, acariciaron tiernamente sus pezones y comenzaron un paseo tranquilo por todos los rincones de su cuerpo hasta llegar al pubis. Un susurro: Laphroaig

La había penetrado suavemente y con mucho cuidado. De repente, aquella chica había dejado de ser únicamente el premio a su paciencia, convirtiéndose en un vaivén armónico e imposible de olores y sensaciones. Laura era un crisol de colores con su vestido de tafetán, una espiga trémula en un campo de trigo verde…

Rozó los labios entreabiertos del hombre, aspiró el aroma de todos los aromas y lo notó inmóvil junto a ella. Se habían roto todos sus sueños. El Snob había muerto dejando a Laura sola, soltera, abandonada –de nuevo- al destino de una chica del Distrito V…

19 Responses to “El Snob y los campos de trigo”

  1. Ike Janacek:

    Es que las ostras con alcohol tienen un peligro…
    ¿Se pronuncia “Lafroig”?
    Muy bueno el cuento, Mad.

  2. La Dama del Arco:

    Puedo imaginarme a Laura vistiéndose lentamente, mirándose a un espejo que hay en la pared del fondo, y buscando en él una salida al túnel que acaba de abrirse ante ella …
    Me ha encantado tu relato, he conocido (y tú también) alguno de esos Snob pero, que yo sepa, aún siguen vivos …
    Besos arcoiris.

  3. mad:

    Ike, se pronuncia Lafruax y sabe a humo y a tierra… laphroaig… muy recomendable…
    Muchos besos

  4. mad:

    Dama del Arco, claro que siguen vivos… demasiado vivos, algunos…

  5. Chihiro:

    vaya, también es mala suerte XD

    a mí es que me parece tan triste que una mujer busque su salida en un hombre, y más en “algo” así… cuando más que salidas son pozos :)
    por cierto, qué “entrañables” estos buenos hombres del Laphroaig

  6. manuel h:

    Nunca debimos abandonar el Distrito V!

    pd: me ha gustado mucho mucho tu cuento. besazos.

  7. siloam:

    ay, que siempre pasa algO así en el final! :) (seguro que con lo que aprendió de él, ya no volverá al distrito V )
    Me gustó.

  8. nemomemini:

    El mundo esta lleno de Snobs. Seguro que a la chica del Distrito V no le costaría encontrarle un sustituto. Detodas formas, yo suscribo las palabras de Chihiro, no se sabe qué es peor. Muy bueno el relato, Mad.

    Besos con sabor a mar ;)

  9. mad:

    Chihiro, siempre son tristes las dependencias, aunque hay momentos en la vida y en la Historia en que son casi inevitables. En la Barcelona de la postguerra, para una chica del Distrito V, por ejemplo.
    Tu Laphroaig es el auténtico, pero si no consigues uno de más de quince años, me quedo con mi genérico por calidad y precio. ¿Cómo podrían no ser entrañables con esos efluvios?
    Un beso

  10. mad:

    Ummmmmmm Manuel, que ricos tus besos y tus halagos…
    Tienes razón, no se debería abandonar el Barrio Chino. Dió frutos estupendos como Manolo Vázquez Montalbán, Terenci Moix, Maruja Torres…
    Hoy le llaman Raval, y excepto por Casa Leopoldo y cuatro cosas más, poco recuerda al Distrito V de Laura

    Millones de besos resalaos para tí…

    ……….

    Siloam, seguro…
    Gracias y muchos bicos también para tí

  11. mad:

    Nemomemini, me gusta que te haya gustado a pesar de los pesares de Laura…
    Muchísimos besos con sal desde el Distrito VIII

  12. Sr.D:

    Ummm… Querida Mad… regresar al día a día y hacerlo leyendo este relato tuyo es un un soplo de aire fresco que anima el domingo, que da fuerzas para la semana y reafirma mi convicción de que siempre hay gente que merece la pena.

    Maravilloso relato… me atrevo a añadir un epílogo en el que Laura se sirve una última copa de ese whisky mientras se limpia las últimas lágrimas que caen por sus mejillas, preguntándose si algún día habrá una salida.

    Eres estupenda!
    Un beso. Ciao.

  13. mad:

    Sr. D,
    ¡Qué alegría tan grande saberle de vuelta a la niebla!
    Como siempre, ruborizándome y halagándome… Me mima demasiado, la verdad.
    Su epílogo me gusta mucho, creo que bien podría servirme de prólogo para nuevas desventuras. En ese caso, le culparé de los pesares de nuestra Laura…
    Muchísimos besos

  14. Magda:

    Queridisima Mad, ¡excelente relato! Se siente, sumerge en sus palabras…

    Un abrazo!!

  15. Magda:

    Mad ¡MUCHAS GRACIAS POR EL ENLACE!!! que linda.

    Por cierto, fijate que le falta la “p” de http// y se rompe la referencia, jajajaja. Cosas del internet.
    Un abrazo

  16. mad:

    Magda, preciosa, ya he añadido la p, enlace solucionado… ¡mil perdones y mil gracias!
    Muchos besos

  17. muralla:

    Cada ser humano busca sus salidas como puede y como mejor sabe. Eso hizo Laura, pero quizás el destino la premió con ese final. De “el Snob” mejor no hablar.
    Una historia chulísima (como dirían mis niños)
    Te quiero,
    Marmi

  18. alhua:

    Que bonita y triste historia a la vez. Se puede perder tanto en tan poco…

  19. mad:

    Marmi, me sorprende que el Snob resulte -en general- despreciable… ¡Pobre Snob!
    Muitos beixiños

    ………….

    Alhua, pues sí, en un solo día pueden pasar muchas cosas… Aunque suene a milonga o a publicidad
    Besos

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