Y cambiar las cosas
Martes, 28 Septiembre, 2004 Hace cuatro meses de esa foto. La hicimos en Canet de Mar, el primer sábado que pasamos todos juntos. Napoleón había llegado el jueves por la mañana y estábamos conociéndonos. Recuerdo que fuimos a la pineda que hay detrás del apartamento de mis padres, Marmota corría feliz, como siempre que está en la montaña y Napoleón estaba tan desubicado que no se sabía si iba o venía. Aún llevaba enganchada la chapa de la protectora. Se cansaba y no había manera de lograr que siguiera caminando. No podía con su alma, no estaba acostumbrado.
Jamás olvidaré la primera vez que le vi, aquella mirada en una pequeña 
foto en un foro de adopciones (muy utilizado por las protectoras para difundir casos urgentes), una mirada de profunda tristeza y de abandono. Llegó temprano a casa, venía en furgoneta desde Segovia, dónde Ángeles -la responsable de adopciones de Segovia- lo había metido en una jaula para que viajara toda la noche hasta Barcelona. Cumplimos con el protocolo que se nos había indicado desde la protectora. Las primeras horas, los primeros días son decisivos en la adaptación del animal a su nuevo hogar. Teníamos que presentarlos en la calle. Marmota debía aceptarlo y él tenía que acostumbrarse a una nueva jerarquía, a un nuevo grupo. Al subir a casa, se bebió medio Llobregat en apenas unos minutos. Aquel jueves no probó bocado y no conseguimos que orinara. Es muy típico, tienen un miedo terrible al rechazo y evitan cualquier gesto que crean pueda molestar al nuevo grupo. Napoleón no quería marcar su nuevo territorio hasta estar seguro de cuál era su papel. Han llegado a darse casos en los que el animal llega a estar casi tres días sin orinar, sólo por miedo. Finalmente el viernes por la tarde, no aguantó más y lo felicitamos como nos dijo Ángeles, como si hubiese sacado notarías .
Hoy, Napoleón es un perro muy distinto al de esas fotos. Está todo lo fuerte y sano que puede estar un perro que tiene 9 años y que ha vivido más de media vida en un refugio.
Esta tarde le han hecho las pruebas del preoperatorio, lo castraremos el jueves. Tiene la próstata atrofiada y una subidón hormonal de alucine. Es lo mejor para él, sin lugar a dudas. Aunque yo ya empiezo a tomarme tilas y a encender las velas a quién corresponde. Que me espera una buena de aquí al jueves por la noche cuando lo recojamos…
La mayoría de protectoras no pueden permitirse el lujo de operar a todos los animales, así que siempre se opta por esterilizar sólo a las hembras. En definitiva, si ellas son estériles tanto da cual sea el estado de los machos. No hay reproducción, no hay sobrepoblación. Pero siempre son las hembras las que deben responsabilizarse de la reproducción, siempre son ellas las que se ven sometidas a la intervención del tipo que sea: ligadura de trompas o ovariohisterectomía. Ellas padecen el postoperatorio, cuando la intervención en ellos es siempre mucho más sencilla.
Incluso yo llevo días pensando en los cojones de Napoleón. Cuando operamos a Marmota no me planteé ninguna cuestión de este tipo. Todo se redujo a garantizar el éxito, no había dudas. Ahora, me pregunto por qué razón me sabe mal, por qué me molesta que desde el jueves mi niño segoviano vaya por el mundo sin testículos… Y la respuesta es tan evidente que me repugna: soy una machista, así de penoso y de simple.
Todo es una cuestión cultural. Y contra eso sólo existe la educación, la información y las ganas de acercarnos al resto de seres (a los seres humanos también) desde otra perspectiva, desde una nueva. Y cambiar las cosas y perder nuestra soberbia y nuestra necedad.
Bienestar animal
(que conocí gracias a Ana, la webmaster de El hábitat del Unicornio)
Y para terminar:
Una historia con final feliz: Pino, el gato de Ana
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