Com PRENDER

Martes, 3 Agosto, 2004

“Y yo de pronto sentí deseo de escribirlo todo como había sucedido, para que también las demás personas puedan leerlo y, a través de lo que digo, dibujar delante de sí todas esas imágenes que, como cuentas de un rosario enhebradas en el largo hilo de mi vida […] Y me propuse que de día buscaría el camino hacia el pueblo, y de noche iba a escribir, buscar el camino de vuelta y luego ir por él y quitar la nieve que había enterrado mi pasado… y de este modo intentar, también con la letra y la escritura, preguntarme por mi mismo”
B. Hrabal, Yo que he servido al rey de Inglaterra

Alguien a quién quise mucho me dijo una vez que escribir es comprender. Comprenderte, aprenderte, aprehenderte. Hoy me hace falta algo de eso y también algo de paciencia y de esperanza y de fe. Como la chica de los ojos de gata, necesito poder confiar.
Sigo esperando. Y con el paso de los años ya he olvidado el qué. Recuerdo mejor las sensaciones que acompañan los sueños que éstos en si mismos. Y si es verdad eso que leí en “Mentira” ya me vale así. Total, los recuerdos sólo son recuerdos de recuerdos de recuerdos de recuerdos. Imposible volver al origen, según parece.
Pero siempre que intento reinventarme aparece alguna excusa que me evita el gozo. Debe haber alguna buena razón.
Estoy sola y pronto estaré más sola todavía. He leído mucho sobre eso llamado soledad: hay mucha leyenda, demasiada.
Tal vez yo no descienda del mono, tal vez venga del perro, de una vaca, de una oveja, no lo sé. Pero yo odio la soledad y no concibo que deba ser nuestro estado natural.
Ya sé, ya sé… Debería sentirme bien conmigo y bla, bla, bla…
Voy a tener fe, nunca se sabe…

Intento escribir, yo también para comprender, pero me conformo con leer para prenderme…

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