TREN DE CERCANÍAS
Lunes, 2 Agosto, 2004“Nunca no le quise desde que le conocí, ¿cómo podría?”
Desde aquella minúscula ventana de aquel tren de cercanías, veía el mar, nuestro mar… Azul, gris, verde… Paleta que asoma cual testigo curioso, siempre…
Pero tenía aquel día el mismo azul de entonces, de aquellas tardes que se perdieron en el tiempo de nuestra memoria. El cielo también era rojo y lila y amarillo y azul y gris.
Busqué en los rincones del recuerdo por si perdí algún beso, por si se hubiese quedado alguno prendido en el suspiro del aire. Busqué por si perdí algún abrazo.
Y oigo, ahora, nuestras voces de entonces, tímidas y nuestras risas nerviosas y nuestro llanto eterno.
Él es tierra y mar, es cielo y luna, es hermano y poema. Es niñez reencontrada, irredenta e inexcrutable.
Es el tesoro perdido tras el naufragio que renuncia a ser encontrado.
Tímido batracio de alma y corazón principescos.





