La pequeña muerte
Sábado, 21 Agosto, 2004[ imagen tomada de: Stock Photo Agency-STUDIO NOA ]
Todo sabe a desconexión, todo huele a desconexión, todo suena a desconexión…
Mañana, a estas horas, estaré en la carretera, muy lejos ya. Lo suficiente como para no poder darme la vuelta, para no poder decirle: “siento pereza, qué paliza, regresemos…”
El misterio y el descubrimiento de otras luces, otros cielos, otros mundos son para mí las pequeñas pérdidas de conciencia que suponen cualquier viaje, a cualquier parte… Pero yo no voy a cualquier parte esta vez. Me voy con ellos, con mi microcosmos particular, a ver el océano. Me voy a sentarme frente a una ventana que me muestre la ría, las gaviotas, los barcos, las nubes y el infinito, mientras las primeras manos que me acariciaron me preparan el desayuno… Me voy a oler, oír, ver, degustar y abrazar la mitad de mi esencia. Me voy, yo también, a la tierra mágica de mi madre. Me voy a por bolboretas y brezo y begonias y dalias, me voy a por sal y morriña…
La pequeña muerte de cualquier viaje me espera: lo que dejas y lo que traes, lo que llevas y lo que tomas…
Pasado mañana, a estas horas, estaré frente a otra ventana… Y el otro, y el otro, y el otro… Y así hasta que sienta que la pequeña muerte de este viaje se ha apoderado de mi lo suficiente como para tener la certeza de que me da pereza regresar…









